Barcelona liquida el Fòrum Universal de les Cultures

El martes se cumplieron 13 años, ¡13!, de la clausura del Fòrum Universal de les Cultures 2004, un acontecimiento internacional engendrado y que vio la luz en Barcelona con el que la capital catalana pretendió emular pasadas glorias olímpicas y que, en definitiva, sirvió –que no es poco– para transformar físicamente uno de los cuartos traseros de la ciudad que los Juegos del 92 no llegaron a tiempo de adecentar.

El Fòrum 2004 llenó páginas y páginas de la prensa local –inolvidables las crónicas para La Vanguardia de Francesc Peirón, residente permanente durante los 141 días que duró el sarao en el recinto del Besòs–, pero aquel montaje de difícil definición no respondió a las expectativas levantadas. El legado del Fòrum quedó bajo la administración del Ayuntamiento de Barcelona y, en concreto, depositado en una fundación que designó las sedes de las siguientes ediciones del encuentro, la mexicana Monterrey (2007), la chilena Valparaíso (2010) y Nápoles (2014).

La capital catalana mide el posible interés de la Unesco o de la agencia Hábitat de la ONU

Pero si Barcelona 2004 no logró convencer, sus continuadoras, especialmente la ciudad del sur de Italia, acabaron de matar a la criatura. Y ahora, el Ayuntamiento ha decidido firmar su acta de defunción, liquidando la fundación y, en todo caso, ofreciendo a organismos internacionales como la Unesco o la agencia Hábitat de las Naciones Unidas –que dirige precisamente el alcalde del Fòrum, el socialista Joan Clos– la posibilidad de hacerse cargo de parte de su legado y, en el improbable caso de que quisiera ejercerla, la competencia de designar futuras sedes de un evento al que hoy por hoy no se le adivina ningún futuro.

El pasado mes de julio, el actual gobierno municipal comunicó a los grupos políticos su propósito de pasar la última página del Fòrum Universal de les Cultures. El Ayuntamiento, ya en la época del alcalde Xavier Trias y de su número dos, el actual conseller de Interior, Joaquim Forn, empezó a plantearse qué hacer con un acontecimiento que nació como la alternativa al sueño de Pasqual Maragall de organizar una exposición universal en Barcelona y que se configuró como un encuentro de exposiciones y diálogos en torno a conceptos y valores tan incuestionables como la paz o la sostenibilidad.

De hecho, en los últimos tiempos la fundación, que mantuvo un presupuesto de cierta envergadura (en el 2014, por ejemplo, rondaba todavía el millón de euros) tenía cada vez menos actividad. En una junta del patronato celebrada el 25 de junio del 2014, su directora, Mireia Belil, en la actualidad representante de la Generalitat en el equipo de coordinación de la candidatura de Barcelona a la Agencia del Medicamento, a preguntas de la concejal del PP Àngels Esteller, reconocía que se estaba elaborando un informe interno sobre el futuro del Fòrum que sería “la base para la negociación de un convenio de largo plazo con la Unesco”. En esa misma línea, el alcalde Trias apuntaba que el Fòrum sólo sería una herramienta de futuro si se conseguía esa implicación de la Unesco y el interés de ciudades “con garantías” por dar continuidad a la iniciativa barcelonesa. Era más que evidente ya entonces que el fiasco napolitano había acabado con casi todas las esperanzas de salvar al moribundo. En esa época se tantearon posibles candidatas a organizar nuevas ediciones del Fòrum, pero nada cristalizó.

El mercado de los grandes acontecimientos globales está saturado

Fuentes municipales reconocen ahora que el compromiso de conversar con organismos internacionales sigue vivo, pero que la decisión de liquidar la fundación es inapelable. Esas mismas fuentes apuntan que uno de los principales problemas para materializar el traspaso es la total identificación del Fòrum Universal de les Cultures con una sola ciudad, Barcelona. Este hecho supone una excepcionalidad: la tutela y la designación de las sedes de los grandes acontecimientos globales, como las grandes exposiciones o los Juegos Olímpicos, recaen en algún organismo de ámbito mundial. Además, en los últimos años se han generalizado los grandes foros de debate universal, muchas veces vinculados a entidades como las Naciones Unidas, que abordan cuestiones que forman parte de la esencia del propio Fòrum de les Cultures. En definitiva, la oferta de productos en el mercado de las grandes celebraciones es en la actualidad mucho más amplia que la del 2004 y al Fòrum le resulta cada vez más difícil diferenciarse de sus competidores.

La perspectiva del tiempo permite ver hoy que uno de los grandes errores del Fòrum 2004 fue pecar de pretencioso, de marcarse unas expectativas demasiado altas que ya antes de la inauguración de la primera edición se intuía que eran inalcanzables. El acontecimiento barcelonés pretendía “mover el mundo” , según proclamaban los organizadores en uno de los primeros lemas del encuentro. “Demasiada ambición”, admite un destacado dirigente municipal de aquella época. La gran inversión que requirió el Fòrum a las tres administraciones públicas (el acontecimiento en sí y sobre todo las obras para transformar físicamente aquel rincón de litoral metropolitano costaron más de 3.000 millones de euros) quedaba fuera del alcance del tipo de ciudades que podrían haberse interesado por seguir la estela de Barcelona. En este sentido, la irrupción de la crisis global, y con ella el inicio de una era de mayor austeridad, asestaron un golpe definitivo al invento barcelonés.

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