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Barcelona promociona su ‘shopping’ con experiencias en sus tiendas

¿Qué se puede hacer en un comercio más allá de mirar y remirar o salir cargado de bolsas? En una Barcelona cada vez más tomada por las multinacionales y las franquicias en sus principales zonas comerciales, la única manera de marcar la diferencia es con el valor añadido que aporta una tienda o espacio donde un viajero atesore recuerdos de la ciudad. No necesariamente físicos, tal vez un sabor, un olor o una sensación, que ahora se afanan en procurar decenas de establecimientos participantes en el nuevo programa Shopping Experiences, promovido por Turismo de Barcelona. Aunque cualquier ciudadano o cliente puede disfrutarlos.

La mayoría de propuestas se caracterizan porque se pueden planificar a medida, sean para grupos organizados grandes o más reducidos, personalizadas y adaptadas a las nacionalidades. Aunque hay tiendas que ya organizaban algún tipo de experiencias para atraer clientes, en este programa las reglas del juego son comunes: se trata de servicios bajo petición, sujetos a disponibilidad, que deben reservarse al menos con cinco días de antelación, en diferentes idiomas según el anfitrión y que incluye opciones gratuitas.

Pintar o degustar

La iniciativa se enmarca en el Barcelona Shopping City, que el consorcio turístico promueve para alentar las ventas al visitante, cada vez con más peso en el comercio local céntrico. Aunque precisamente, el invento quiere abarcar el máximo de territorio. Se articula, por ejemplo, en talleres donde se explican diferente técnicas de artesanos y diseñadores. Se puede aprender pintura decorativa (3 horas) con un artesano en Babalà (Poble Espanyol), ver cómo se pinta un abanico y otros complementos mientras se degusta una copa de cava en la encantadora tienda de la creadora Carme Blanch (Freneria, 1), cómo se estampa seda en el taller de Lourdes Perelló, o se elaboran alpargatas o sombreros. A destacar el singular viaje olfativo, sintiendo -prometen- el olor de viñas, bosques y pueblos catalanes, con tintes literarios y artísticos en el Bagul del Marxant (Marlet, 6) de la mano de El Jardí Secret, para que cada uno cree el perfume natural del territorio. O el tutorial de hierbas medicinales que cada participante podrá combinar a su gusto de la mano de Trini Sabatés en la histórica Herboristeria del Rei.

Hay también experiencias gastronómicas, de las catas de chocolate a las de jamón, vinos o turrones. Hay tours de compras especializados con guías propios. O tratamientos exprés de belleza con demostraciones. Y muchas actividades gratis, de visitas a talleres de joyería a clases de labores, en la Mercería Santa Ana; exposiciones de colecciones privadas (como en Tous), o catas de aceite de oliva (con música) seguidas de cosméticos del mismo producto, en la Oleoteca Chinata (Dels Àngels, 20).

Montse Arnau, responsable directora del programa de compras, explica que durante meses se han recopilado actividades singulares que se puedan llevar a cabo más allá de la mera compra, y van de los ‘showrooms’ privados a las explicaciones sobre la elaboración de algunos productos singulares con sello local. Todo el repertorio se ha recogido en un documento unitario que se está distribuyendo entre los intermediarios turísticos de diversos países, como planes atractivos para grupos y familias, por ejemplo. 

Incentivar nuevo consumo

La experta apunta que el turismo repetidor (cada vez más habitual) busca y pide “hacer cosas diferentes” en la ciudad. Turismo de Barcelona ha ayudado a planear las experiencias y en algunos casos a darle forma de paquete vivencial, añadiendo novedades a iniciativas que ya hacía algún comerciante. “Los prescriptores de viajes no lo conocían y es una buena excusa para conectar con operadores y ofrecerles algo nuevo”, detalla.
Hay disparidad de propuestas y de presupuestos. Desde visitas exclusivas a puerta cerrada a tiendas de lujo o talleres de relojería, hasta catas donde se abra paso la cultura local. La información está también disponible desde la web del consorcio y es abierta al público barcelonés. 

La mayoría de las veces, la repercusión para el comerciante no es directamente económica sino de visibilidad, aunque es frecuente que los participantes acaben comprando algo si lo han disfrutado.

El concejal de Comercio y Turismo, Agustí Colom, reflexiona que el comercio y la restauración se han convertido en motor de atracción del turismo, aupando a la ciudad entre los destinos más destacados de Europa para ese fin. Iniciativas como esta buscan fortalecerlo y ofrecer algo “diferencial y sorprendente” al viajero, a la vez que este revierte en “beneficios para los negocios de la ciudad y no solo es un usuario del espacio público”. Según el edil, del boca a oreja se derivan también otros posteriores negocios de exportación. Y se entra de pleno en las tendencias entre los milenials: “singularidad y personalización” en lo que consumen.