Beyoncé y Jay Z: terapia de pareja masiva en Barcelona

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La primera gira conjunta de Beyoncé y Jay-Z, el episodio I de ‘On the run’, que solo recorrió Estados Unidos, Canadá y Francia, arrancó solo un mes después de las patadas de Solange Knowles (hermana pequeña de Beyoncé) a Jay-Z en un ascensor tras la Gala Met. Nunca se supo el porqué del asalto, pero los tabloides apuntaron a los rumores de infidelidad del rapero.

El ‘timing’ sentimental de la gira ‘On the run II’ no puede ser más diferente. La pareja llega a Barcelona solo unas semanas después de publicar (con el alias de The Carters) un álbum, ‘Everything is love’, en el que se congratulan de haber sobrevivido a la tormenta. Es el clímax de una terapia de pareja musical que arrancó con ‘Lemonade’, el rabioso a la par que conciliador ‘álbum visual’ de Beyoncé, y siguió con el confesional ‘4:44’, de Jay-Z.

Pero no hay rastro de ‘Everything is love’ en esta nueva gira, al menos por ahora. Lo que vienen a mostrarnos es, en parte, cómo llegaron a esa catarsis, sobre todo a través de interludios fílmicos de innegable fuerza visual. El concierto de la pareja en el Estadi Olímpic Lluís Companys arrancó, según el guion, con un clip que explotaba fantasiosamente su imagen de modernos Bonnie y Clyde, ‘el gánster y la reina’, pero avisando antes ‘esto es la vida real’, y casi acabando con el rotundo mensaje ‘el amor nunca cambia’.

El (nuevamente) feliz matrimonio se estrenó en escena con una serie de duetos: ‘Holy grail’, con Beyoncé sustituyendo a Justin Timberlake; ‘Part II (On the run)’; ”03 Bonnie & Clyde’ y una creíble ‘Drunk in love’. Miradas de complicidad, bailes casi pegados, medias sonrisas: estos dos están borrachos de amor, pese a lo que digan los cínicos. E incluso si tenías tirria a Jay-Z por sus deslices, no podías negar la fortaleza de ese flow, el carisma insultante.

La perfección

A partir de una rotunda pero breve ‘Diva’, el montaje escénico empieza a mostrarse en toda su sofisticación. Los bailarines y músicos están distribuidos en una cuadrícula en el centro del escenario. Músicos, por cierto, hay a espuertas. Casi dos de cada cosa: dos guitarras, dos bajistas, dos tubas… La iluminación es minimalista a la par que sofisticada. El sonido abruma sin avasallar. La perfección.

Pero la clave del éxito del espectáculo es, sobre todo, la fiereza vocal de Beyoncé y de un Jay-Z que se autoreivindicó salvajemente en una sección puramente rap con ‘Clique’, ‘Dirt off your shoulder’, ‘On to the next one’ y ‘Fuckwithmeyouknowigotit’. Fuego, sin más. Como el que reinaba en las pantallas y le convirtió en una especie de nuevo Motorista Fantasma.

Beyoncé regresó con un medley de ‘***Flawless’ y ‘Feeling myself’, dos cantos de amor hacia una misma de los que empoderan e inspiran. El clásico ‘Naughty boy’ se mezcló con ‘Big pimpin” de Jay-Z casi imperceptiblemente, así funcionaba esto, un ‘banger’ detrás de otro sin respiro (solo algún paréntesis de cine) y sin relleno. ‘Baby boy’. Un guiño a ‘Mi gente’ de J Balvin. ‘Bam’. Pam, pam, pam.

“Becky, la del pelo bonito”

Entre las pocas cosas que Beyoncé hizo cantar al público, estuvo el verso “mejor que llame a Becky, la del pelo bonito”, quizá la línea más rabiosa de ‘Sorry’. Después, un interludio con imágenes de pelea doméstica y una casa ardiendo: se llegaba así al hemisferio más intenso a nivel emocional, con más referencias a los discos ‘Lemonade’ y ‘4:44’ y una ya lejana ‘Resentment’ en la que Beyoncé canta, con énfasis, sobre su incapacidad de perdonar la mentira. 

Después, oportunidad para sacudirse la pena a través del baile: rotundas ‘Niggas in Paris’ (reiniciada, es decir, se escuchó dos veces su irresistible inicio) y esa ‘Formation’ cosida a una ‘Run the world (Girls)’ a la que se ha trasplantado el discurso de Chimamanda Ngozi Adichie antes parte de “***Flawless’. Toda la gigantesca pantalla queda ocupada por una palabra: ‘FEMINIST’

El arranque de ‘Déjà vu’ se extendió para el lucimiento de la bajista Lauren Taneil. Después del dueto del 2006, otro algo más antiguo, todavía más celebre: ‘Crazy in love’, con la parte ‘sampleada’ a The Chi-lites en emocionante directo. Y tras unas rotundas, rockeras, espirituales ‘Freedom’ y ‘U don’t know’, el clímax de esta reconciliación definitiva a través de la colaboración artística: ‘Young forever’, de Jay-Z (reelaborando a Alphaville), recombinada con la versión dueto de ‘Perfect’, de Ed Sheeran, mientras en pantalla se suceden imágenes de realización doméstica e íntima. Hay beso y un mensaje final: ‘Esto es amor verdadero’. El amor nunca cambia. Palabra de dos grandes.