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Biden, una victoria con claroscuros

Camino de los seis millones de votos de ventaja sobre Donald Trump, Joe Biden, el presidente electo de Estados Unidos, se fue ayer por la mañana a dar una relajada vuelta en bicicleta por las playas de Delaware mientras rumia sus decisiones sobre su próximo gabinete. Tal y como prometió a su partido cuando fue proclamado candidato, Biden ha derrotado a Trump y recuperado la Casa Blanca. Pero las razones para la alegría para los demócratas se agotan más allá de su victoria.

Un análisis detallado de los resultados electorales dibuja un escenario preocupante para este partido, perplejo por los buenos resultados que, si se obvia la derrota de Trump, han obtenido los republicanos en el resto de elecciones tanto estatales como al Congreso. Este desenlace anima a los conservadores a seguir abrazando no solo al presidente sino su retórica y sus políticas, más proteccionistas en lo económico, de cara a las próximas elecciones, que es en lo que todo el mundo piensa ya en Washington.

La receta de Biden: Ganar por más, perder menos

El gran logro de Biden ha sido reconstruir el muro azul, recuperar los estados del antiguo cinturón industrial que llevaron a Trump a la Casa Blanca (Pensilvania, Michigan y Wisconsin). Lo ha conseguido ganando por más en las ciudades y áreas metropolitanas, los suburbs donde reside la clase media americana y antes votaban sobre todo a los republicanos, y perdiendo por menos en las zonas rurales y las pequeñas ciudades deprimidas económicamente que hace cuatro años sucumbieron a la retórica de Trump. A Biden le ha ido mejor que a Hillary Clinton con la clase blanca obrera y ha erosionado la ventaja del presidente en cuatro puntos. Pero este grupo, antes una parte clave de la base electoral demócrata, ha seguido apoyando mayoritariamente a Trump, lo que indica que estos estados seguirán a tiro en el 2024.

Trump atrae a más minorías: La demografía no es la panacea

Estas elecciones han desmontado uno de los mitos a los que se aferra el Partido Demócrata, la idea de que los cambios demográficos que atraviesa el país, con un menguante peso de los votantes blancos, les favorecen irremediablemente. Aunque les han ayudado en Georgia, no es lo que sugieren estas elecciones. A Trump le han votado más negros, más latinos y más asiáticos que en el 2016. Aunque estos votantes han respaldado mayoritariamente a Biden, Trump ha tenido cinco puntos más de apoyo (del 20 al 25%), según un mega estudio de la agencia AP. Los sondeos discrepan en la cifra exacta pero todos coinciden en que Trump también mejoró este año sus resultados entre los votantes negros. El republicano ha avanzado más de 10 puntos tanto en Florida como en Texas. El nivel educativo –un condicionante clave de las perspectivas de empleo en un entorno económico cambiante– es un factor más determinante que la raza o la etnia a la hora de decidir el voto. “A veces hay un poquito de racismo pero lo que Trump dice es verdad. Estos cuatro años ha marchado mejor el país. Hay más oportunidades y empleos”, decía antes de las elecciones Guillermina, una votante de origen mexicano de Virginia. “Tengo dos hijos pequeños a los que dar de comer”.

Ansiedad económica: Los condados pro Trump producen solo el 30% del PIB

El debate sobre qué hay detrás del auge de Trump, si la ansiedad racial o la ansiedad económica, no está cerrado pero esta elecciones dan peso al segundo factor. Tras la división política de EE.UU. hay una profunda división económica, una historia de disparidades. Trump fue el más votado en el 84% de los condados del país pero este territorio solo representa el 30% del PIB, según un análisis de Brookings. Biden ganó en el 16% de los condados, los más poblados y urbanos, de donde surge el 70% de la actividad económica. La brecha es mayor que en el 2016. Biden tiene el 53% de los votantes que ganan menos de 50.000 dólares al año, el 51% de los que ingresan más de 100.000 pero solo el 48% de los que están en medio, que han votado mayoritariamente a Trump. El gran realineamiento de los partidos estadounidenses continua.

Silos ideológicos: La brecha campo-ciudad crece

Estas elecciones confirman que el Partido Demócrata es el partido de las ciudades, las costas y los votantes con educación universitaria mientras el republicano es la única opción de los estados rurales del interior. Sus mensajes son cada vez más incompatibles con la visión de la vida del otro lado. Sus votantes apenas se cruzan. Los demócratas ganan el voto popular pero el sistema electoral favorece a los republicanos. Mientras los primeros no sean capaces de ganar también en el interior y las zonas rurales, sus posibilidades de ganar el Colegio Electoral, el organismo que elige al presidente, donde los estados menos poblados están sobrerrepresentados, su capacidad de llegar a la Casa Blanca dependerá siempre del nivel de participación. Vivir en silos ideológicos no ayuda a hacer a un diagnóstico común de los problemas y por tanto tampoco de las soluciones, avisa un análisis del Pew Research Center que repasa las opuestas posiciones de demócratas y republicanos sobre la pandemia, la justicia racial o el clima.

Decepción en la cámara baja: Retroceso demócrata

La ola azul que devolvió a los demócratas en control de la Cámara Baja del Congreso en el 2018 no se ha repetido. Al contrario, han perdido escaños. A falta de decidirse algunas carreras, los demócratas tienen 218 escaños y los republicanos, 201, frente a los 232 y 197 actuales. Los candidatos demócratas centristas se quejan de que el destacado perfil del ala progresista del partido les ha perjudicado ya que ha dado alas a los republicanos para que les pinten a todos como “socialistas”, algo tóxico en parte del país, y les acusen de querer quitar financiación a la policía.

‘Georgia on my mind’: El control del Senado, en el aire

Este año los republicanos tenían más escaños en el Senado que defender que los demócratas. Aun así, sus candidatos no han logrado imponerse ante rivales que consideraban vulnerables, como Susan Collins, la última republicana de Nueva Inglaterra en el Capitolio, reelegida a pesar de que su estado, Maine, fue para Biden. A los demócratas les queda la esperanza de un empate. Georgia decidirá dos escaños (ahora, republicanos) en una segunda vuelta el 5 de enero. El voto de la vicepresidenta Kamala Harris rompería un hipotético empate a 50 escaños entre demócratas y republicanos . Sin el control del Senado, la administración Biden nace con las manos atadas.

El futuro: Elecciones del 2022 y el 2024

En dos años hay elecciones legislativas y los presidentes suelen pagar su desgaste con una derrota. Los republicanos se frotan las manos ante la frágil victoria lograda por los demócratas pese al enorme rechazo que el presidente suscita entre sus bases. Sin ese lastre, confían en controlar todo el Congreso en el 2022. La llegada al partido de nuevos y más diversos votantes gracias al tirón de Trump, que ha recibido 10 millones de votos más que en el 2016, es un motivo de esperanza para los republicanos de cara a las presidenciales del 2024.

¿Crecerá la inestabilidad en EE.UU. tras las elecciones?