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Bienvenidos a la cloaca de Sánchez: Un izquierdista empuja a una anciana minusválida y le quita el asiento en el Metrobús de Santander

En la España gobernada por el sorista Pedro Sánchez parece no haber límite para el mal comportamiento. El joven de la , imagen, de estética perrofláutica, empuja bruscamente a una anciana minusválida a un lado para poder tomar su asiento en el Metrobús de Santander. Su gesto reproduce tristemente la realidad social y moral española. Algunos medios europeos se han hecho también eco y coinciden con nuestro diagnóstico. Al sinvergüenza de Revilla debería preocuparle estas imágenes mucho más que sus chascarrillos populistas para consumo de necios e incautos. (VIDEO)

Somos un país podemizado, acomplejado, sin orgullo, sin dignidad, sin vocación de liderazgo. Este país no es más que el reflejo mortecino de sus dirigentes, del primero al último. Nunca fue tan grande el porcentaje de desechos sociales por número de habitantes. Parte del paisaje cotidiano en nuestras ciudades, y hasta en el campo, son esa gentuza que a la manera machadiana va pudriendo la tierra.

Muchas de estas patologías sociales eran predecibles a poco que se observase el comportamiento delictivo de nuestros representantes públicos, el escaso nivel formativo de nuestra enseñanza pública y el grado de desistimiento de algunas instituciones estatales. Nadie quiso enterarse y dejamos que los políticos, con sus normas y sus clanes mafiosos, lo corrompiesen todo a su paso. Los demagogos hablan del servicio al pueblo, de la grandeza de la política al servicio de los desfavorecidos. Mentira, puñado de mentiras. No hay otra alternativa a este desatre que el humanismo capaz de redefinir el valor de un ciudadano más allá de la hora de votar. Este sistema ha producido un número mayor de escoria de lo que cualquier sociedad decente sería capaz de tolerar. Dicen que esta democracia es el sistema de los hombres libres. La realidad es otra bien distinta.

Las calles de España se llenan de perroflautas, de gente sin apenas valor vital. Vuelven los tironeros, merodean por todas partes los enajenados, los ‘okupas’, los maleantes, los vagos crónicos, los timadores, los acosadores… Hay ya centenares de barrios tercermundistas donde impera la ley de la selva. El Estado tiene muy limitada la autoridad para hacer frente a esta situación. No es una cuestión de autoridad policial y sí de autoridad moral, de no haber atendido a la responsabilidad personal y moral que la libertad implica. Y ya es demasiado tarde.

Los parias, por su parte, son ya legión en España. Alrededor de 200.000 ancianos viven en nuestras calles, al raso. Muchos de ellos, enfermos terminales, tienen familias. Crece el número de españoles que mueren solos y abandonados. Los restos mortales son descubiertos, cada vez más, muchos días después del fallecimiento. La droga vuelve a ganar el terreno perdido en los años 70. Miles de jóvenes han perdido el aliento vital de una vida mínimamente aprovechada y en las familias se levanta una inexpugnable barrera de hielo. No hay consuelo político para ellos.

El panorama social de España se está haciendo más y más denigrante. Los parias que ha generado el sistema nos restriegan los errores a la cara. Ni los más viejos recuerdan tanta penuria física y mental. Nunca en nombre del pueblo se había causado tanto daño.

Tal vez nos estemos dando cuenta ahora de que el libertinaje es incompatible con la plena responsabilidad. Trabajar para reforzar los lazos familiares y acentuar el papel de los padres se ha considerado contrario a la corrección política dictada por unos pocos. La efectividad de este sistema tan putrefacto proviene del engaño, la manipulación y la negación del papel supremo de la dignidad humana. No hay solución dentro de este sistema. A veces algo necesita romperse para que algo nuevo pueda surgir (Juan 12:24) Como el trigo, que da mucho fruto cuando muere.