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Boris Johnson culpa a la izquierda de que el terrorista que atentó en el puente de Londres estuviera en libertad condicional

Boris Johnson ha culpado al hecho de haber tenido «un Gobierno izquierdista» que Usman Khan, asesino de dos jóvenes de la Universidad de Cambridge el pasado viernes, estuviera en libertad condicional. Ha prometido que creará una nueva ley, si es elegido, para que delitos graves de terrorismo sean castigados con un mínimo de 14 años de prisión. Algunos presos no serían puestos nunca en libertad.

El responsable de cuestiones de seguridad en la oposición laborista, Nick Thomas-Symonds, afirmó a la BBC que el tamaño de las sentencias es «irrelevante», porque ya existe la perpetua para los delitos más graves y los condenados a un plazo fijo -como estaba Khan tras tener éxito su recurso a su primera condena por tiempo indeterminado- saldrán algún día. Para el laborista, lo importante es la rehabilitación y la supervisión.

En un fin de semana en el que se han publicado sondeos sobre intención de voto en las elecciones del día 12 que reducen la ventaja de los conservadores, la campaña ha absorbido la política sobre el atentado y el terrorismo en general, con el líder laborista, Jeremy Corbyn, criticando la puesta en libertad de Khan, justificando que la Policía lo matase, alegando que la política exterior británica ha agravado el problema y pidiendo una completa investigación.

Los dos fallecidos, Jack Merritt, de 25 años, coordinador del curso del Instituto de Criminología cuyos participantes, incluido Khan, se reunían en un salón junto al puente de London Bridge, y Saskia Jones, de 23, licenciada también en Cambridge, que colaboraba como voluntaria en la organización del curso, estaban especializándose precisamente en procedimientos de rehabilitación en prisiones.

La acusación de Johnson a una izquierda genérica como responsable indirecta de lo ocurrido parece oportunista. Los conservadores han gobernado durante casi una década y su Discurso de la Reina, el 31 de octubre, contenía la promesa de una ley para aumentar el tiempo que «los autores de los delitos más graves» pasarían en prisión. Fue un Gobierno conservador el que abolió la confusa pena por tiempo indeterminado, introducida por los laboristas, a la que fue condenado inicialmente Khan.

La realidad, quizás chocante para el argumento electoralista de Johnson, es que el Ejecutivo de su predecesora, Theresa May, introdujo en 2015 reformas en el régimen penal y de prisiones que exigían la intervención del organismo supervisor de las decisiones de libertad condicional para amortiguar la puesta en libertad condicional tras cumplir la mitad de la sentencia introducida por el Gobierno del laborista Gordon Brown en 2008.

Khan llevaba una pulsera electrónica y según el servicio de supervisión de presos en libertad condicional, se entrevistaba con ellos una vez por semana. Los universitarios de Cambridge le habrían invitado a participar en el curso. Había escrito a las autoridades explicando que no sostenía ya sus ideas del pasado. El retrato que emerge es que Khan habría burlado fríamente al sistema de control.

Pero un académico que fue ejecutivo del sistema penitenciario, Ian Achenson, ha descrito en ‘The Times’ los graves problemas en las prisiones y la desorganización de las estructuras de supervisión. El Gobierno de May le pidió un informe, pero la gran mayoría de sus recomendaciones fueron desoídas. El sistema trabaja dislocado y en condiciones extremas por deficiente dirección y drásticos recortes presupuestarios.

Habría en estos momentos, según Achenson, 220 presos con perfil similar al de Khan. El primer ministro, Johnson, dice que hay 74 en condiciones de libertad condicional de los que también se podría sospechar que mantienen las ideas o planes que los llevaron a prisión. Las cifras no son enormes y parecen confirmar las difíciles condiciones en las que opera el sistema de penitenciario.