C. Tangana: «Ahora son las discográficas quienes quieren aprender de los artistas»

Su primer single con una multinacional, «Mala Mujer», ha llegado al número 1 de la lista mundial de canciones virales de Spotify

Muchos supieron quién era C. Tangana cuando Pablo Iglesias le contestó en Twitter que, sintiéndolo mucho, no podía ponerse de su parte en su riña «online» con Los Chikos del Maíz. La banda de rap favorita del dirigente de Podemos había parodiado una secuencia de un videoclip de Tangana, y éste les contestó con una agria réplica y una cita para darse de leches… de la que, según cuenta la leyenda, salió ganador. Después de aquello su nombre artístico definitivo saltó de una relativa oscuridad a una suerte de estrellato underground, pero en realidad este madrileño de 27 primaveras ya llevaba una década diseñando su estrategia para tomar la escena pop por asalto, nunca por consenso.

Antón Álvarez (1990) firmó sus primeras maquetas como Crema en 2006, y ya en 2011 entró a formar parte de Agorazein, el colectivo donde pegó el estirón como artista ya bajo el nombre de C. Tangana. En 2015 decidió dejar su trabajo en un restaurante de comida rápida para dedicarse a su carrera musical en solitario a tiempo completo, y desde entonces convierte en viral todo lo que toca. Por eso no extraña que le haya querido echar el guante una multinacional como Sony Music, en cuyos despachos ya se ha celebrado un primer éxito de lo más rotundo: el estreno de C. Tangana con el sello se ha saldado con un número uno en la lista mundial de canciones virales de Spotify.

Se presenta en sociedad con un single. ¿Le interesan los discos?

A mí me gusta la idea de un disco, pero es mucho más complicada y mucho menos actual. A nivel profesional no tiene mucho sentido, pero a nivel creativo sí tengo ganas.

El tema ha sido un éxito. ¿Le hubiera decepcionado mucho lo contrario, o entra en este mundo con pies de plomo?

Antes de entrar en el mundo «multi» yo ya tenía este tema, y había pensado que con él podían suceder cosas. Es una canción en la que lo creativo se fusiona mucho con la evolución profesional, y aunque nunca se sabe lo que puede pasar, yo tengo olfato para ese tipo de cosas e intuía que algo iba a pasar. Lo que no te esperas es que vaya a sonar en Japón, eso ya es irse de madre.

¿La elección de la sonoridad y la cadencia latina tiene que ver con la pegada del «urban latin» en todo el mundo?

Sí, además yo creo que estamos en un buen momento todos los que hablamos en español, un momento de orgullo y reivindicación. Cada uno que interprete lo latino como quiera, pero para mí este es un buen momento para darnos cuenta de que igual no somos tan europeos, y que igual no tenemos tanto que ver con los alemanes, con los finlandeses, o con quienes estén por ahí arriba, y sí con otros que hablan nuestro idioma, con quien compartimos tradiciones, y con quienes tenemos mezclada la sangre. Nos gusta mucho lo de ser de occidente, lo de ser europeos, y a mí me parece bien pero cuando he ido a Mexico, a Chile, me he sentido mucho más acogido que en Berlín. Por ejemplo, yo me he sentido muy ofendido cuando Trump ha ido en contra de los mexicanos. Cuando me di cuenta de que había sentido insultado me pregunté por qué. Aunque yo no quiera, por tradición se me ha inculcado cierto desprecio hacia América Latina, pero cuando la he visitado me he dado cuenta de que estoy más vinculado a ella de lo que pensaba.

¿Ha estado escuchando mucha música latina últimamente?

Sí, sobre todo lo que viene de Puerto Rico. Creo que en los últimos dos o tres años los boricuas han sido el punto de unión entre lo norteamericano y el universo hispanohablante. Ahora estoy en contacto con artistas muy jóvenes por internet, aunque también con artistas más clásicos que aunque no estén de moda, siempre viene bien escucharlos.

¿Tuvo claro que «Mala Mujer» tenía que tener esa cadencia «dembow» del reguetón?

Al principio era más «dancehall-ero», tenía un «dembow» pero las percusiones no tenían el aroma latino. Era un tema más duro y más africano, porque estaba mucho escuchando artistas como Tekno. Pero luego me di cuenta de que el tono no venía a cuento, y fui redefiniéndolo hacia este lado latino.

¿Cómo fue el rodaje del videolip?

Lo importante fue la decisión de grabarlo en Mexico, porque sabíamos que nos íbamos a encontrar cosas que no podíamos encontrar en ninguna localización española. Buscamos un sitio típico, pero demasiado típico, así que acabamos encontrando un bar de «ficheras», que es una cosa muy tradicional allí. Son bares donde los hombres compran fichas, para dárselas a las mujeres con las que quieren bailar. A partir de ahí todo tenía ese rollo mexicano, las pintas, la ropa, hasta el bigote.

¿Cómo fue la negociación con Sony?

Llevamos mucho tiempo hablando con ellos, casi un año, y viendo propuestas unos seis meses. He visto que conmigo Sony buscaba otro modelo de artista, no uno al que haya que tutelar ni decirle qué tiene que hacer a cada paso, sino más bien al revés, ir por detrás del artista. Los sellos están viendo que necesitan nuevas fórmulas, y por lo menos se ve que ya se están dando cuenta de que la historia está en el streaming. Pero por otro lado, lo de la dirección artística es algo que en Estados Unidos tienen clarísimo: se contrata al equipo que quiere el artista, y no lo imponen los sellos. Eso también está empezando a verse en España, es el modelo que se tiene que seguir porque el anterior está obsoleto.

¿Cree que puede abrir puertas a que se difumine la línea entre el mainstream y la música urbana en España?

Sí, sí. Creo que es el momento de que toda una nueva onda, una nueva generación underground con potencial profesional genere una nueva industria en este país. Hay una oportunidad comercial para los sellos y las marcas, y depende de nosotros, los artistas, que todo llegue a buen puerto. Y de los medios, que a ver si echáis un cable también (risas).

¿El contrato con Sony incluye un porcentaje de las actuaciones?

No puedo, de hecho no debo contar nada del contrato. Me dan un poco de manga ancha, pero es un «tocho» de contrato lleno de especificaciones. Me siento con plena libertad para desarrollar mi proyecto personal, puedo controlar mi música, lo que quiero hacer y lo que no, y tengo el apoyo de una empresa que pone medios, contactos y redes. Es un contrato amplio, jodido porque ha costado seis meses tenerlo firmado, pero es lo que quería.

Aunque no lleven la misma onda que usted, Pxxr Gvng sí fueron un poco los que abrieron el melón de las «multis» para la nueva música urbana. ¿Ya no siguen con Sony?

Creo que no, que se acabó eso. Conocí a Dani hace mucho, a Yung Beef también le conozco, y ahora están con su sello La Bendición.

¿No le mosquea que se fueran tan rápido de Sony?

No, cada uno tiene su historia. Somos distintos. Dos caminos distintos y dos formas de trabajar distintas. Esto para mí también es una forma de aprender, porque aunque el sello no tome decisiones creativas, sí que tengo que escucharles en muchos aspectos que yo no controlo, como por ejemplo el mercado internacional.

La estabilidad sentará bien, supongo.

Ese ha sido el principal motivo para firmar con Sony, tener una mínima estabilidad, después de tantos años currándomelo. Poder decir que no soy un buscavidas, que soy un profesional. Ya no soy un ama de casa, porque ¿qué es un ama de casa? Alguien que lo tiene que hacer todo, no tiene una misión, sino sacar adelante las cosas pase lo que pase. Ahora me dedicaré a lo que sé hacer, y el resto no es lo mío. Se puede funcionar con autogestión, pero hay que generar un equipo de gente muy «tocho», y de gente muy buena en lo suyo, y muy implicada. Eso es difícil de conseguir.

¿Los sellos se están poniendo las pilas con la sinergia música y marcas?

Creo que en España estamos por delante los artistas en ese sentido. Las marcas se han puesto a trabajar con los artistas antes de que los sellos se dieran cuenta de que había que hacerlo. Las marcas son empresas multinacionesl, como los sellos, pero la parte creativa es muy pequeñita, y la comercial lo es casi todo. Por eso evolucionan más y son más dinámicos, aunque haya que despedir a ochenta, cambiar esto y lo otro… A Sony le cuesta más hacer cambios de ese tipo.

Se le conoció como parte del sonido «trap» español, pero no sé si se identificó con él en algún momento.

A ver… el tema del trap. En España hay un movimiento de música urbana que está vinculado a muchísimas cosas, no sólo el trap. El trap es una categoría nueva que los medios quieren usar mucho, pero no es sólo eso. La música urbana es algo mucho más gordo que una etiqueta concreta. Por ejemplo, el otro día en un artículo decían que el trap era el salto de los «ninis» a YouTube y tal… Hay que dejar de hacer ese amasijo de cosas sin sentido. Hay gente haciendo reguetón, y no puedes meterlo en el trap o gente haciendo dancehall, y tampoco puedes meterlo en ese saco. Yo he hecho electrónica, temas con cadencias de claro pop español… Hay una escena de música urbana, pero mezclar el flamenco, YouTube y trap, no tiene sentido. No todo lo que haga un chaval joven es trap.

¿Cómo le gustaría expandirte fuera de España?

Hemos ido a Mexico tres veces, y la última vez estuvimos en otros países de la zona. A mí me gusta que me entiendan cuando canto, así que creo que tiene sentido hacer más cosas allí. Profesionalmente me interesa «petarlo» en Estados Unidos, pero allí hay mucha gente que no me quiere, ni quiere que haya gente hablando español allí. Así que yo prefiero llegar a América Latina.

¿Cuándo va a haber más lanzamientos de C. Tangana?

No puedo cuándo, pero va a haber más música este año, bastante más.

¿Va a seguir ampliando la paleta?

Sí. No me voy a encasillar. Voy a seguir haciendo cosas que puedan sonar en todo el mundo, pero también cosas que escucharán cuatro frikis. Voy a seguir yendo de un lado para otro.

¿Cómo fue la colaboración con Rosalía?

Rosalía es la mejor, lo más importante que está pasando ahora mismo en la música española. Ahora todo el mundo lo sabe, pero hace un año, cuando no lo sabía nadie, yo lo vi clarísimo y supe que iba a ser una oportunidad formar parte de la carrera de una persona que dentro de muchos años, miraremos para atrás y alucinaremos.

¿Ha dicho que no a muchas colaboraciones?

Sí, a muchas. Además yo antes era muy rancio con eso, creía que lo mío tenía que ser mío y de nadie más. Pero desde que me di cuenta de que yo hago música popular, y de que no es tan importante lo que yo piense sobre mi música, de que cuando mi música es más importante cuando está fuera de mí que cuando está dentro, me he abierto a todo tipo de colaboraciones y he entendido que otra gente puede hacer que tu música sea mejor de lo que tú sólo puedes conseguir. Antes no buscaba opiniones de nadie, pero ahora creo que cuanta más gente esté involucrada en tu música, normalmente será mejor.

¿Qué tal lleva la fama?

De momento la gente es muy respetuosa conmigo y no he tenido problemas, pero no es lo que más me gusta. Hay gente a la que le gusta. El que hacía bromas todo el rato en clase, disfruta siendo famoso. Pero yo no soy así, lo que me gusta es la música y estar en el estudio.

¿Cuál fue su primerísima grabación?

Lo primero que hice fue con una guitarra de mi padre. Él no toca mucho, pero me enseñó los acordes. Ahora yo tampoco toco mucho, te puedo hacer cuatro acordes para que parezca que controlo, pero no sé tocar.

¿Le apetece aprender otro instrumento?

Sí, el piano. Poder componer con sentido, porque soy muy intuitivo, demasiado intuitivo. Yo no sé contruir acordes, yo pongo una nota, luego la otra, luego la otra y bueno, alguno ya me sé, pero lo tengo que hacer todo de oído.

¿Cómo era de pequeño?

Bueno, tuve mi época oscurilla ahí… Era muy insoportable. Pero es normal, porque te encierran, tú eres un chico al que le va rápido el cerebro, quieres hacer cosas, y el modelo de la escuela es una cárcel. Es acostumbrar a los chavales a entrar y salir de la fábrica. Yo en eso no creo.

Venga, cuénteme, ¿aquella pelea con los Chikos del Maíz es mito o realidad?

(Risas) Dejémoslo ahí, en la leyenda.

Loading...