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Campaña pro verdad sobre el franquismo

Durante veinte años he venido librando sin tregua y casi en solitario la batalla de las ideas y de la verdad histórica.

Durante trece he denunciado por activa y por pasiva el carácter liberticida, falsario y chekista de la memoria histórica, con sus nefastas consecuencias políticas actuales y sus nubarrones para el futuro de la democracia y de la propia España. Ahora, los neochekistas del gobierno pretenden dar un paso más persiguiendo abiertamente, con silenciamiento, multas y cárcel, a aquellos a quienes jamás podrían rebatir democráticamente.

Esto, en realidad, es una buena oportunidad, porque nos permite plantear la batalla a un nivel superior, de explicación y desobediencia, ya que las leyes tiránicas deben ser desafiadas e incumplidas. Es una tarea cuya transcendencia espero que acaben de comprender tantos que hasta ahora no querían darse por enterados. Y en la que todos podemos aportar mucho.

En suma, odian a Franco y su obra desde la ETA al PSOE, los separatistas y los comunistas, ¿no es eso? No hay más preguntas, señoría.

¿Por qué odian a Franco separatistas y totalitarios? ¿Por qué lo odian los partidos más corruptos, proseparatistas y terroristas? ¿Hace falta contestar?

¿Por qué la oposición al franquismo fue esencialmente comunista y/o terrorista? No hubo un solo demócrata en las cárceles franquistas: solo comunistas y/o terroristas. Y pocos a partir de 1950.

¿De quién fueron víctimas los asesinos y torturadores juzgados y ejecutados en la posguerra? ¿De Franco o de los jefes del Frente Popular, que los dejaron tirados mientras ellos huían llevándose grandes tesoros robados?

Josu Ternera odia a Franco. Torra y Puchimón odian a Franco. Arrimadas odia a Franco. El Doctor odia a Franco. Urkullu odia a Franco. Carrillo odiaba a Franco. Los de los EREs odian a Franco. Los del 3% odian a Franco… Se explica, ¿no?

Una monarquía que condena o admite la condena a sus orígenes se condena a sí misma. Una Iglesia que olvida a quien la salvó del exterminio se condena a sí misma. Una democracia que olvida de dónde viene, se condena a sí misma.

Una democracia en la cual se imponen leyes norcoreanas tipo memoria histórica o de género, deja de ser una democracia. Aunque estén de acuerdo todos los miserables partidos, desde Bildu al PP y C´s.