Inicio Actualidad Carta de una joven sin trabajo: «El coronavirus solo ha empeorado un...

Carta de una joven sin trabajo: «El coronavirus solo ha empeorado un problema que ya existía»

Marina Fernández Torres.- Mi carrera estudiantil empezó con un ciclo superior de Dietética y me encantó tanto que decidí hacer el grado de Nutrición Humana y Dietética. Al tiempo descubrí que era un trabajo muy desagradecido: pagas por colegiarte, pagas autónomo, pagas el alquiler del local y encima la sociedad no está dispuesta a darte más de 20 euros por una dieta, cuando deberían ser unos 50.

Por no hablar del intrusismo laboral que hay, pues cualquier vecina cree que sabe más de alimentación que tú y hay empresas que le meten a la sociedad en la cabeza que sin pastillas o batidos no se puede perder peso.

Así que decidí cambiar de rama y me metí en un máster de calidad, higiene y seguridad alimentaria que finalicé en marzo. Y en estos siete años, por supuesto, también me saqué el inglés, el carnet de conducir, varios cursillos y además cuidé a algún niño o dí clases particulares.

Tras finalizar el grado me apunté al sistema de garantía juvenil, donde me prometiron unas prácticas en un laboratorio por 300 euros al mes. Al final no salieron y estuve los tres meses trabajando sin cobrar. Yo me consolaba pensando que al menos ganaba experiencia, que podría poner algo en mi currículum, y que si les gustaba tenía la esperanza de quedarme trabajando. Había varios alumnos en prácticas, así que había que darlo todo por competir y hacernos ver. Ilusos de nosotros, no veíamos que estas empresas tienen ya todo el año cubierto con un alumno de prácticas tras otro consiguiendo mano de obra gratis.

Y justo entonces, cuando decido dejar los estudios y las prácticas de empresa para buscar trabajo, llega el coronavirus. Llega un momento en el que piensas, ¿qué estoy haciendo mal? Llevo cinco meses metiéndome dos veces es al día en aplicaciones para buscar trabajo y en varias empresas de trabajo temporal. Además, mandado correos a empresas de laboratorios, catering y consultoras de alimentación. Y por no decir que se te llenan los ojos de lágrimas cuando imprimes 50 currículum, te recorres media Sevilla y nadie te los coge en mano. Y si lo coge, lo tira a la basura cuando te das la vuelta.

Primero empiezas a buscar trabajo de lo tuyo, que para eso has estudiado. Luego teresignas y empiezas a echar también en trabajos de cualquier cosa, de esos de menos de 6 euros la hora, trabajando más de 40 horas semanales no reconocidas, con turno partido y sabiendo que te pueden echar en cualquier momento si reivindicas tus derechos. Lo peor es que ni en esos trabajos te cogen porque no tienes tres años de experiencia. ¿Cómo se puede coger experiencia si nadie te da una oportunidad?

Da una gran impotencia comparar mi situación con la de mis padres, que han estudiado la mitad de años que yo y cobran el triple de lo que yo cobraré. Llega un momentos en que con 800 euros ya te conformas y serías el más feliz del mundo, aun teniendo un máster y no trabajando de lo tuyo.

Estoy deseando poder independizarme, comprarme un pisito, casarme y tener hijos. Pero la situación lo impide. No hay dinero si no te contratan, y menos aún estabilidad. Y como mis padres tienen una buena renta, no puedo acceder a ayudas del Estado. Es indignante que tus padres te sigan dando paga con 25 años, que no te puedas dar un capricho o solo poder permitirte comer fuera de casa una vez por semana.

Respecto a tener hijos, es normal que cada vez disminuya la tasa de natalidad, que la población esté envejecida. No hay dinero para tenerlos de forma digna y menos aún tiempo, con trabajos que no favorecen la conciliación familiar. Con mi edad, mi madre ya estaba embarazada de mí porque tenía la seguridad de una casa propia, un sueldo digno y un trabajo indefinido. Pero yo no tengo nada de eso.

Y con el tema de tener mi casa, choca ver cómo la generación de nuestros padres tiene hasta segundas o terceras viviendas y nosotros sin poder comprar ni una porque el banco no nos da un préstamo. No espero una casa grande, ni con muebles caros, ni la más bonita. Solo pido un sitio donde empezar una vida con mi pareja.

Al menos, me da un ápice de esperanza ver que la situación de los jóvenes está saliendo a la luz, que hay gente que se preocupa por esto. Y me tranquiliza un poco saber que no soy la única a la que le está costando encontrar un trabajo, que no es mi culpa, sino de la situación que nos ha tocado. Luego se me viene a la mente que el coronavirus sí tiene parte de culpa, pero en realidad solo ha empeorado un problema que ya existía.

* Marina Fernández Torres vive en Sevilla.