Casado exige cabinas y voto secreto frente al «aparato»

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El pulso entre los dos candidatos a la sucesión de Mariano Rajoy subió ayer otro nivel de tensión después de la imagen de fraternidad de la cena de diputados populares. Las sonrisas y la sensación de buen clima duró lo que duró la cena, y ayer por la mañana volvió a activarse el combate. Sobre todo por parte de Pablo Casado, que no deja pasar oportunidad para marcar su terreno y para subrayar el mensaje de que piensa llegar hasta el final con su candidatura. El movimiento más relevante fue su exigencia formal de medidas que garanticen la limpieza de la votación en el Congreso del 20 y 21 de julio. En un escrito dirigido a la Comisión Organizadora del Congreso (COC) su equipo exige cabinas electorales, nombre de los dos candidatos en la misma papeleta y sobres, con el fin de blindar el voto «igual, libre, directo y secreto». También reclaman, y esto es lo más significativo, que la distribución de los electores en las mesas se haga por orden alfabético y no provincial.

¿Qué hay detrás de esta exigencia? Simplemente cortocircuitar todo lo posible la presión del «aparato» del partido sobre los compromisarios. La distribución de los electores en las diferentes mesas en virtud de criterios provinciales «puede facilitar el conocimiento del sentido del voto de los distintos compromisarios, lo que afecta a la libertad y al secreto del sufragio», alega el equipo del ex portavoz del PP. En la votación de los afiliados, los inscritos tuvieron que rellenar a mano la papeleta para poner su nombre y apellidos. La mayoría de los compromisarios son cargos del partido de mayor o menor nivel, dependientes de una estructura provincial y regional, y más proclives, por tanto, a seguir el criterio de las estructuras de mando.

La candidatura de Soraya Sáenz de Santamaría respondió que es un asunto a tratar, sin entrar en más consideraciones.

Por otra parte, por presión de Casado la batalla sucesoria se ha convertido en una pugna entre gestión e ideología. Sáenz de Santamaría se agarra a la primera, y Casado, a la segunda.

La ex vicepresidenta calificó de «exageración», en «Espejo Público», de Antena 3, que el ex portavoz del PP se atribuya más de 2.000 compromisarios. Pero al mismo tiempo advirtió de que el 63 por ciento de los afiliados de su partido quiere que gane una mujer porque apoyaron una candidatura femenina en la primera vuelta. Casado replicó que si tiene que haber una mujer presidenta del Gobierno es por ser «buena», no por ser mujer, y también lanzó contra la candidatura de Sáenz de Santamaría el mensaje de que es ajena a la ideología del partido mientras que él se reivindica como la «nueva derecha» de España que va a trabajar por ampliar el «centro electoral». Aunque no haya debate entre los dos candidatos el PP no ha conseguido evitar que la disputa por la sucesión de Rajoy abra de nuevo la discusión post-Aznar sobre dónde debe estar el PP y hasta qué punto electoralmente le interesa renunciar a la defensa de algunos de sus principios y valores tradicionales. Ha sido Casado quien ha querido llevar ahí la «pelea» para reivindicarse como el único garante de los valores que siempre ha defendido el PP. «No se puede presidir un partido sin hablar una sola palabra de política», lanzan contra la ex vicepresidenta. En campaña Casado ha defendido la vuelta a la ley del aborto del PSOE, la ilegalización de los partidos independentistas y ha cargado contra la «ideología de género». Mientras que Santamaría denunciaba ayer en Antena 3 haber sido víctima de comportamientos machistas como el de Juan Carlos Monedero tras la moción de censura. La candidatura de Casado airea en el partido que «la mayoría de los vicesecretarios de Rajoy están con él, así como la secretaria general y la mitad del Consejo de Ministros». Y la de Santamaría dice que Casado se está atando a una imagen del PP «antigua» sin recorrido electoral. Los dos candidatos tendrán que elevar al Congreso Nacional una lista de 25 nombres de su equipo que se votará. Es otra arma de negociación en la disputa de apoyos.