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Chicho Ibáñez dignificó el cine fantástico

Juan Antonio Bayona.- Recuerdo que cada noche que había «Historias para no dormir» en la televisión me tocaba irme a la cama y solo escuchaba el grito de la cabecera. Eso me daba más miedo que lo que había en pantalla. Así, de chicho aprendí que es más importante lo que no muestras, que da más miedo lo que no se ve que lo que enseñas.

Chicho dignificó y revolucionó el género del cine fantástico con películas como «La residencia», en un momento en el que no tenía el aprecio y la aceptación que tiene ahora. Desde la televisión pública instruyó a una generación de espectadores, algunos de los cuales nos hemos convertido en cineastas, y ahora, tras su muerte, nos sentimos en deuda.

Con Chicho aprendimos a aproximarnos al cine de terror. Él educó a un país al que todavía le faltaba mucho por hacer, por jemeplo, con programas de televisión por los que desfilaron autores clásicos, como Allan Poe, que aún no había llegado al gran público.

A Chicho tuve la suerte de conocerle, menos de lo que me hubiese gustado… En mi última conversación con él, después de que le concedieran el Goya de Honor, que tantos celebramos, aún se reconocía al genio dentro de la persona. Me dijo que el Goya –fue una alegría que llegara a tiempo– le animó a volver a hacer cine, a pesar de su frágil salud.

Con su muerte queda su ejemplo y la enseñanza de que lo más importante es tener al público presente, siempre con ese carácter lúdico que para él era básico en su forma de entender el espectáculo.