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Cine y psicología: ‘Saben aquell’ y la doble vinculación

Imagina que eres el hijo del humorista Eugenio. Toda la vida has escuchado decir que tu padre amaba profundamente a su madre y que tu madre fue el amor de su vida. No obstante, tu padre tuvo otras dos parejas de larga duración e infinidad de relaciones con otras mujeres. Además, tú recuerdas muy bien que cuando tu madre estaba viva tu padre se iba de gira y volvía a las 9 horas… o no volvía. Recuerdas que, incluso cuando tu madre estaba gravemente enferma, tu padre siguió trabajando. Que cuando tu madre falleció tu padre siguió trabajando. Que la enterraron por la mañana y que por la tarde tu padre cogió un coche para irse a hacer una actuación y os dejó a vosotros, a ti y a tu hermano, con la tía. Esto último es lo que más te duele, que no se quedará con vosotros.

Imagina que tu padre acaba muriendo muy joven de un ataque al corazón y que la versión oficial es que su última mujer era una malvada trepa arruina-hombres que solo estaba interesada en su dinero y que le llevó por el camino de la droga y el vicio. Pero lo cierto es que su segunda mujer ya cuenta que bebía mucho, que llegaba a casa de amanecida y puesto hasta las cejas, y que se metía sustancias de todo tipo.

Imagina que todo el mundo dice que el principio del descenso cuesta abajo se produjo con la muerte de su esposa, aunque en realidad siempre fue un tipo depresivo y que bebía de más porque se había creado con un padre híperexigente y poco amable que tenía la autoestima al nivel de la de Kafka. Pues está sucediendo una situación de doble vinculación.

El doble vínculo se refiere una interacción donde se reciben mensajes contradictorios a la vez, casi siempre en dos niveles de comunicación distintos. Por ejemplo, en este caso, mi padre afirma que adora a mi madre (nivel de comunicación verbal), y sin embargo mi padre no viene a casa inmediatamente después de su actuación sino que luego se va de juerga sin importarle que mi madre se queda en casa sola nivel de comunicación no verbal). Obviamente una cosa es que de vez en cuando salga con sus amigos, como hace todo el mundo, y otra muy distinta que cada vez que actúe se vaya de marcha después. Por eso decimos que esta doble vinculación tiene que suceder de manera repetida, que no basta con que tu padre el humorista se fuera de farra una noche después de una actuación, que tiene que ser algo continuado.

«La persona doble vinculante desea o siente algo que no se atreve a expresar»

Para que se dé doble vinculación, amén de que el doble vínculo ha de suceder de manera repetida, también ha de darse en una relación significativa, en un vínculo en el que una de las partes tiene algún tipo de influencia o poder sobre la otra. En este caso obviamente el padre tiene poder sobre el hijo.

Quién se comunica de esta manera, está afirmando una cosa y a la vez afirma otra diferente. La persona doble vinculante desea o siente algo que no se atreve a expresar. Quizá el padre humorista no estuviera tan enamorado de la madre, o quizá simplemente fuese alcohólico, o quizá no pudiera dedicarle a ella tanto tiempo porque estuviera luchando vete tú a saber contra qué demonios internos. El caso es que hay dos mensajes: el de «amo a tu madre» y el de «pero me voy de juerga en cuanto tengo ocasión y no paso tanto tiempo de calidad con ella».

La comunicación doble vinculante deja atrapado al quién la recibe en una tela de araña de la que no sabe cómo salir. Y quien se queda enmarañado en esa red acaba por dudar de la propia realidad. Quizá ese hijo se sienta culpable por haberse atrevido a pensar alguna vez que su padre no era el marido amantísimo del que todo el mundo hablaba. Quizá piensa que sus recuerdos están desfigurados y que tampoco era para tanto. Quizá piensa que no tiene ningún derecho a sentirse enfadado o abandonado por su padre.

Por eso, el consejo que se puede dar sobre la doble vinculación es: cuando tu intuición te esté hablando toma nota. Lo que intuyes suele ser más real que lo que te cuentan.

Esta doble vinculación la sentí yo al ver un documental sobre el humorista Eugenio que se promocionaba así «la muerte súbita de la mujer de su vida hizo caer a Eugenio en un pozo de oscuridad a la vez que su éxito explosionaba…». No dudo de que cayera en un pozo de oscuridad, porque la muerte de un cónyuge siempre es algo que te hunde en un pozo, por supuesto. Pero de los lutos sanos ( aquellos en los que el luto no se mezcla con otro problema que ya estaba antes) uno se recupera a los dos o tres años Y esto es fundamental, porque si no la raza humana no sobreviviría. Si no tuviéramos el don de la resiliencia ninguno podríamos avanzar en la vida.

Eugenio ya había descendido al pozo tiempo antes de que su mujer falleciera. La imperturbabilidad y el humo del cigarrillo no eran sino una forma de defensa, la armadura que usaba para defenderse ante el mundo un hombre cuya fragilidad emocional de toda la vida se vio por una trágica pérdida indiscutiblemente monumental que eclipsó el resto de su relativamente corta vida. Pero la depresión ya estaba ahí antes de la muerte de Conchita. De hecho, su esposa decía que para él subir al escenario era su mejor medicina, dando a entender que estaba enfermo. Por por lo tanto el documental te mete en una doble vinculación entre lo que te dice que vas a ver lo que realmente ves.

Entiendo que el hijo de Eugenio podría haber sentido lo mismo. Y por lo tanto su hijo ha tenido que construirse un relato de la misma manera que todos nos construimos un relato sobre nuestros padres, porque no conocemos todos sobre su vida y tenemos que ir rellenando los trozos que nos faltan. Y también porque a veces los padres nos han dado un relato que no tiene que ver con la realidad. «Papá está de viaje» en lugar de «papá está con su amante». O «mamá duerme mucho porque está muy» en lugar de «mamá está deprimida».

Y es a partir de ese relato, el del hijo del humorista, y no del documental, el lugar desde donde David Trueba construye una narración romántica, una profunda historia de amor muy conmovedora. Pero que no sé hasta qué punto tuvo que ver con la historia real. Por eso precisamente Trueba no hace un biopic, sino que cuenta una historia. Una historia basada en un relato real, pero tamizada por su propia visión de las cosas.

Y de esa historia me gustaría destacar dos puntos: uno, el impresionante trabajo actoral de David Verdaguer, que realmente clava a Eugenio incluso si físicamente no son demasiado parecidos, porque hay que decir que el humorista era bastante más feo.
Y el otro es el vestuario. Generalmente los Óscar o los Goyas mejor vestuario se conceden a cintas que muestran vestuario de época o vestuario de ciencia ficción. Vestuarios que consideramos muy complicados de realizar. No caemos en la cuenta de que clavar un vestuario de los años setenta es igualmente difícil. Y que recrear la ambientación de Barcelona en los años 70 tampoco es moco de pavo. Aquí David prueba ha realizado un ejercicio meticuloso incluso he encontrado un autobús de la época con el anuncio de Terlenka preceptivo.

La doble vinculación la sentí yo también cuando el presidente de mi gobierno me estaba contando que todos aquellos a los que no le gustaban la canción Zorra vivían en la fachosfera en lo que querían era cantar el Cara al Sol. La verdad es que me cuesta mucho imaginarme a la Sonia Ferrer, que ha hecho en televisión al gato fervientes contra la canción, cantando el Cara al Sol. O a toda esa masa de feministas que odian esa canción, entre ellas algunas militantes socialistas. Ángeles Álvarez o Elena Valenciano sin ir más lejos. De nuevo se abre una brecha entre el relato que se encuentran y la realidad que tú ves.

Si el hijo de Eugenio decide crearse un relato para sobreponerse a la pérdida imagínense ustedes al votante de el PSOE, ése votante del PSOE de toda la vida cuyos padres también votaban al PSOE, ése para que el botón socialista es una identidad. Usted quizá no conozca ninguno, yo conozco a varias. Mujeres que han votado socialista toda su vida desde los dieciocho años. Mujeres que pase lo que pase seguirán votando al PSOE. Esas mujeres a las que ha sido fácil convencerles de que siempre es mejor votar al PSOE porque si no vendrá la ultraderecha. Estas mujeres mantienen con el presidente del Gobierno una relación simbólica que estructuralmente podría recordar a la del hijo que admira a su padre. Y supongo que cuando ven al Presidente en televisión también se encuentran confusas y desorientadas pero prefieren seguir creyendo el relato que les han contado, porque sería muy difícil aceptar otro.

Demasiadas personas encuentran muy difícil enfrentarse a la realidad tal y como es y prefieren aceptar una realidad que les muestran, que es tal y como desearían que fuera. Pero los mejores líderes del mañana son aquellos que tienen el coraje de enfrentar la realidad de hoy y ayudar a las personas que los rodean a enfrentarla también. Los que no solo te muestran dónde estás sino en qué dirección avanzas. Por eso hay tan pocos buenos líderes. Porque no hay nada tan poderoso como la verdad pero también, a menudo, nada tan extraño. Probablemente por eso, porque la realidad a veces es muy difícil de asumir, Eugenio prefirió esconderse del mundo parapetado tras sus cigarrillos, su vodka con naranja,s u máscara imperturbable y su sentido del humor. No parece que le funcionara bien. Pero nos hizo reír a mucha gente, entre otras a mí que era una cría, cuando le veía en el televisor y que le he vuelto a ver revivido en la interpretación de David Verdaguer.

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