Cócteles para inútiles

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El pasado jueves me acerqué por la tarde a la Casa del Llibre de la Rambla de Catalunya para saludar a dos viejos amigos a los que llevaba tiempo sin ver, el súper barman Javier de las Muelas -en cuyo primer bar, el Gimlet del Born, tan a gusto me embriagué durante la transición- y el editor -y presidente del gremio a nivel nacional- Daniel Fernández, quien, a principios de los años 90 tuvo el detalle de publicarme tres novelas en la empresa que dirigía y dirige, Edhasa. Javier y Daniel, que se conocen desde el pleistoceno, se reunieron para presentar un libro del primero, ‘Cócteles para dummies’, integrado en una colección de Planeta, aunque de origen norteamericano, que pretende simplificar todo tipo de ideas y conceptos para que los puedan entender los que allí se conocen como ‘dummies’ (muñecos) y que aquí identificamos con términos más ofensivos, como bobos, pardillos o, simplemente, inútiles.

Daniel Fernández debería presentar los libros de todo el mundo, pues no hay nadie que, en esa tesitura, le llegue a la altura de sus siempre lustrados zapatos (a Daniel, por cierto, le encanta sacar brillo a los zapatos de toda la familia, parafilia que comparte con Javier, aunque en el caso de este es más comprensible, ya que su padre era zapatero y hasta le fabricaba los juguetes con los que fardaba ante sus amigos de los Escolapios). Fernández está especializado en unos discursos que compatibilizan la esperada alabanza hacia el presentado con todo tipo de citas eruditas y comentarios jocosos (en esta ocasión, hizo como que se ofendía porque Javier no le hubiese llamado para presentar los dos lujosos volúmenes que ya lleva publicados en Planeta, sino un librito para principiantes titulado ‘Cócteles para bobos’). El único problema del halagado de turno es que, cuando Daniel da por terminada su introducción y recibe los aplausos del respetable, cuesta mucho enhebrar un monólogo a la altura.

El libro incluye un montón de recetas, consejos para evitar la resaca y hasta el decálogo del buen barman doméstico

Hay que reconocer que Javier se salió muy dignamente de la situación, adoptando irónicamente el papel de Sumo Sacerdote de la Coctelería y recurriendo a sus ya conocidas comparaciones entre el mundo del alcohol y el de la religión. Para Javier, el bar es la iglesia; el barman, el cura, y el bebedor, el feligrés. Como nos dijo, cuando se hizo con el Dry Martini de la calle Aribau, se sintió como en el Vaticano. Ahora apenas bebe, según comentó Daniel, pero lo mismo nos pasa a muchos de sus antiguos parroquianos. Reivindicó los bares como lugar de encuentro que fomenta el amor y la amistad, algo totalmente compatible con no salir de casa y fabricarse uno sus propios cócteles mientras fuera caen las bombas, aunque sean metafóricas (de momento). De hecho, ‘Cócteles para dummies’ puede ser la biblia del beodo misántropo que haya perdido el interés por el mundo exterior y ya no espere gran cosa del amor y de la amistad. Incluye un montón de recetas de mucho mérito, consejos para evitar la resaca y hasta el decálogo del buen barman doméstico.

Cuarenta años después de la inauguración del primer Gimlet -que despedía a sus clientes, nunca lo olvidaré, con la preciosa canción de Fernando Márquez ‘Para ti’-, Javier es un magnate de la coctelería con bares repartidos por todo el mundo, mientras yo sigo de gacetillero, pero me es imposible guardarle rencor. Su Gimlet primigenio fue importante para mí y mi generación, cuando nos dio por recuperar el alcohol tras años de desprecio underground por parte de los fumadores de canutos. Para una señora del público, Nick Havanna fue su local de referencia. Y tengo la impresión de que muchos barceloneses, aunque no sepan quien es Javier de las Muelas, han pasado ratos inolvidables en alguno de sus bares.

Y si llego vivo a los ochenta, pienso hacerme fuerte en mi domicilio y fabricarme todas las pócimas de ‘Cócteles para dummies’. ¡A ver si reviento con cierto estilo!