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Colas del hambre

Aunque muchos lo ignoren o quieran ignorarlo, en España también hay colas del hambre. Comedores sociales atiborrados y con dos o tres turnos para dar de comer a los desheredados, los afligidos y los sin nada que llevarse a la boca. Esas colas y esos comedores no son protagonistas de los informativos de las televisiones ni asuntos a tratar en las sesudas tertulias apesebradas, que son casi todas.

En ocasiones, nos dan el trabajo hecho. Hay estadísticas para todo, y aunque nada o poco le importe a una mayoría de nuestra sociedad, bueno es resaltar la labor, la abnegación y la generosidad de los justos. De momento, y según los analíticos de la tragedia, los resultados son pavorosos. Entre el año 2020 y 2021, los comedores sociales social-comunistas – incluyen a los comedores sociales socialistas, comunistas y podemitas-, han dado de comer a cero personas. El mismo número los comedores sociales de la LGTBIQ. Cero personas. Los comedores sociales patrocinados por el Islam y los movimientos musulmanes, han ofrecido los restos de sus cabritos y sus cuscús, a cero personas. Y lo mismo los comedores sociales ligados al feminismo. No hay mujeres con hambre, y por ello, cero mujeres han sido alimentadas con productos básicos por el feminismo profesional español. Si tan importantes agrupaciones de creencias, militancias y gustos progresistas  no han mitigado el hambre de ningún ser humano en 24 meses, ¿cómo es posible que existan en las ciudades y pueblos de España colas de hambrientos? La respuesta es sencilla, Las hay allí donde los hambrientos y desheredados saben que les van a dar de comer, que después de comer pueden recibir un paquete con alimentos para su cena, y que al día siguiente, y al otro, y al otro, siempre encontrarán en los comedores sociales católicos,  un lugar de asiento, una comida caliente, y la sonrisa de los religiosos y religiosas, de los cooperantes, y de los voluntarios  que invierten unas horas de sus días en atenderlos, sonreirlos y alimentarlos. Sin nada a cambio.

Entre los años 2020 y 2021, los comedores sociales social-comunistas, LGTBIQ y feministas, han dado de comer a cero personas. Los de la Iglesia, a 9.500.000.

En el año 2020, los comedores sociales dependientes de la Iglesia dieron de comer a 4.200.000 -cuatro millones doscientos mil-, necesitados. Y en el año 2021, a 5.300.000 –cinco millones trescientos mil-, hombres y mujeres que formaron previamente esas largas colas de la esperanza. Y si esos hombres y esas mujeres reconocen que tienen hijos, esos hombres y esas mujeres se llevan a su hogar, los que lo tengan, un paquete de comida para los hijos que aguardan su vuelta. Así de sencillo, así de fácil y así de alegre dentro de la inmensa tristeza y la tragedia de millones de españoles. Esos millones de españoles que hacen y alargan las colas del hambre ante las puertas de las instituciones benéficas de la Iglesia, no son unos vagos. Muchísimos de ellos han trabajado y han cotizado. Muchísimos de ellos han pagado sus impuestos. Pero ninguno ha sido tratado con la generosidad que el Gobierno de España derrocha a quienes han entrado ilegalmente en España, no han trabajado en España, no han cotizado en España, viven de gorra en España y perciben una considerable cantidad todos los meses en España procedente del dinero de los españoles.

La Iglesia es la gran enemiga del progresismo, dicen los resentidos, los papanatas y los cínicos. Si no fuera por la Iglesia, ya habrían sido calcinados varios ministerios. 

Colas del hambre. Cada día que pasa, más tristes y numerosas. No para consumir. Para sobrevivir en la España que Sánchez nos procura.


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