Colau: Los ciudadanos han estado a la altura y las administraciones también

A pocas horas de celebrarse la manifestación con la que la ciudad quiere responder al terror, la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, recibe a La Vanguardia. Mezcla sus sensaciones: tristeza por lo ocurrido y satisfacción por la respuesta de la ciudadanía.

¿Qué impresión le produce manifestarse hoy junto a aquellos con los que a menudo se discute?

La manifestación culmina una semana que ha sido extraordinaria. Lo ha sido por un motivo terrible, Barcelona ha sufrido uno de los peores atentados después del de Hipercor, pero la respuesta ha estado a la altura. Muchas otras ciudades han padecido atentados duros como el nuestro o peores, pero en el caso de Barcelona hemos visto una gran unidad de la ciudadanía y de las administraciones públicas. Sinceramente desde el primer día no me he planteado otra posibilidad. Hemos tenido muy claro que al igual que los ciudadanos estaban a la altura, las administraciones debían estarlo. No diré que ha sido fácil…

La solidaridad ha llegado también de otras ciudades… Mañana habrá muchas manifestaciones populares.

Entronca y es coherente con lo que hemos visto en Barcelona desde el primer momento. Cuando convocamos el minuto de silencio fue la ciudadanía la que desbordó plaza Catalunya al día siguiente de ocurrir un suceso tan terrible. Era lógico que la gente tuviera miedo. En cambio, salió masivamente y se levantó y entonó el gran lema que nos ha guiado toda la semana No tinc por. Como una ola todos empezaron a gritar. La gente se dirigió a la Rambla en una manifestación espontánea y pacífica entonando estas palabras como un cántico litúrgico o un exorcismo contra la crueldad. Un gesto de empoderamiento ciudadano con el que los barceloneses recuperaban una de las calles más queridas de la ciudad. Tendremos tiempo para reflexionar, pero creo que los ciudadanos han protagonizado no sólo el más emotivo, sino uno de los mensajes políticos más potentes. Barcelona ha hablado al mundo. Porque lo que ha pasado es un fenómeno global que sufren también otras ciudades y en Barcelona la primera reacción, con una unidad férrea y poderosa, ha sido No tinc por, ante las incertidumbres que tenemos que afrontar y afrontaremos.

¿Dónde se encontraba en el momento del atentado y cómo se enteró?

Estaba en una casa rural con la familia en un parque natural cerca de Ripoll y en medio del campo sin internet. Me llegó un mensaje del equipo de alcaldía y otro de seguridad. En el primero informaban de un atropello grave en la Rambla e inmediatamente en otro ya explicaban que el incidente parecía un atentado. Llamé a los escoltas y regresé a Barcelona con lo que llevaba puesto y dejé a los niños con su padre y mi madre. Hablé desde el coche con Puigdemont y con Carmena, que me llamó para decirme que quería venir a Barcelona. Al llegar a la ciudad me dirigí directamente al comité de crisis de Interior.

¿La coordinación entre administraciones ha funcionado bien?

Sí, aunque seguro que hay margen de mejora y nos hemos emplazado a revisarlo. A instancias del Ayuntamiento se convocó a los pocos días la Junta de Seguridad Local porque era necesario vernos para felicitar a los profesionales de los diferentes cuerpos de seguridad y emergencia. Han estado de diez y no me cansaré de repetirlo. Hay víctimas que se han salvado por la buena atención que se dio al momento y la labor de los hospitales. Su trabajo también ha tenido un efecto terapéutico, a pesar del duro golpe, la ciudadanía se ha sentido segura, cuidada y ha confiado en sus servicios. Con calma ahora haremos actos de reconocimiento para ellos porque lo necesitan los profesionales y la ciudad.

¿Barcelona disponía de algún dispositivo de actuación en caso de atentado?

La buena y rápida respuesta no es una casualidad. Se venía trabajando conjuntamente y existían protocolos porque desde hace más de dos años estamos en alerta 4 sobre 5. A nivel municipal le tengo que agradecer al comisionado de Seguridad, Amadeu Recasens, que después de los atentados de la sala Bataclan de París empezara, a pesar de que no tenemos competencias en terrorismo, a planificar servicios de emergencia y seguridad y a coordinarlos de manera transversal con todas las áreas municipales y con otras administraciones.

¿El operativo de enclaustramiento y la operación jaula se llevaron a cabo correctamente?

A mí no me toca opinar sobre esto. Hay unos profesionales de la seguridad que son los que deben hablar. En un atentado terrorista los Mossos d’Esquadra toman el control y así es como se ha actuado. Si estas medidas en el futuro se deben revisar, se deberá hacer desde el punto de vista técnico, no político.

¿Se modificará la seguridad en las zonas mas concurridas?

Es importante decir que ya se venía reforzando la seguridad de la ciudad. Pero evidentemente hemos sufrido un atentado y se incrementará. Hay más presencia policial y más horas de patrulla. Esto es lo que se ha hecho de un modo inmediato. Se ha creado un equipo permanente que ya ha empezado a trabajar que revisará todas las zonas sensibles para estudiar qué medidas se adoptan. Pero, es importante lo que me dijo Anne Hidalgo, la alcaldesa de París: no podemos renunciar a la libertad y a la convivencia en el espacio público. El refuerzo de la seguridad no puede darle la victoria a estos terroristas.

¿La Rambla será peatonal?

Es una posibilidad que se ha planteado. Se acordó hacer una reforma integral y este concurso está en su proceso final y ahora se revisará de acuerdo con las recomendaciones del equipo de urbanismo y seguridad, precisamente para preservar nuestra Rambla. Los vecinos y comerciantes se han de sentir partícipes de este nuevo proceso. Al margen es evidente que tendrá que haber un memorial de las víctimas.

¿Ha bajado al paseo estos días?

Sí. En realidad yo describirá esas visitas en términos de necesidad. Durante estos días hemos hecho de anfitriones de muchas reuniones y de muchas personas. Déjenme mencionar a los trabajadores del Ayuntamiento. Mucha gente que estaba de vacaciones las ha suspendido para hacer todo lo que hemos hecho demostrando la vocación de servicio público. Todos hemos trabajado, pero el golpe había sido en la Rambla y me sentí en la obligación de bajar a la calle. Lo he hecho dos veces, a primera hora. He hablado con tenderos, quiosqueros…

Y el resultado de estas visitas ha sido…

Vi que había mucha gente que había vuelto a trabajar al día siguiente que aún estaba en estado se shock. Todo ellos habían vivido situaciones tremendas aunque no estaban físicamente heridos. Pedí que ofrecieran atención para los que ha vivido la tragedia en primer línea. Lo ha utilizado muchísima gente

¿Nos hemos reconciliado con la Rambla?

Más que reconciliar, yo diría que nos hemos dado cuenta que la queremos. Tal vez no habíamos pensado en ello. Es nuestra Rambla. Una de las cosas que me han dicho los comerciantes es que tras el atentado la Rambla vuelve a estar llena de barceloneses.

¿Lo que ha pasado cambia el debate sobre el turismo?

Nos gusta el turismo en Barcelona, nos gusta que nos visiten, somos una ciudad abierta al mundo. Hoy además tenemos un sentimiento profundo de estima hacia estos turistas que se han dejado la vida en nuestras calles. Pero el debate de fondo de la ciudad que quiere que esta industria sea equilibrada sigue ahí y seguirá.

Acontecimientos como estos acaban afectando a las ciudades, a la ciudadanía, a su manera de comportarse a su forma de organizarse… ¿Qué pasará?

Esta es una pregunta que queda abierta y que la deberemos responder poco a poco. Es evidente que la ciudad no puede quedar igual. Pero lo que tengo claro, y no porque lo digo yo sino porque es lo que ha dicho la ciudadanía, es que ahora más que nunca hemos de afirmar nuestro estilo de vida, nuestros valores y nuestra identidad de ciudad y eso no es poco. Esa ha sido la respuesta unánime de los ciudadanos. Pero evidentemente tras una semana de duelo y de respuesta a la emergencia, ahora empieza otra fase en la que habrá que preguntarnos por las causas… cómo ha podido pasar esto. Y creo importante que nos preguntemos qué ha pasado con estos chicos jóvenes que no eran gente de la banlieue, eran chicos integrados que en muy poco tiempo se han radicalizado.

Hemos fallado al igual que el resto de países de Europa.

Yo diría que no hemos fallado rotundamente. Pero es evidente que como sociedad se no ha pasado algo por alto. No se trata de lanzar acusaciones de modo frívolo o arbitrario, pero es evidente que hay que reflexionar.

Tal vez lo que ocurre es que de los recién llegados sólo queremos oír lo que nos conviene o lo que nos tranquiliza.

Nos hemos de plantear profundamente qué quiere decir la convivencia en diversidad. En esto Barcelona no parte de cero, ni mucho menos y tampoco Catalunya. Pero queda mucho por recorrer, por preguntarnos. No hemos de precipitar respuestas porque también nos equivocaríamos. Hablamos de una ciudad con unas dinámicas locales cada vez más complejas. Debemos escuchar mejor.

Pero es cierto que no ha habido actos de hostilidad contra los extranjeros.

Por lo que yo sé se han producido episodios muy aislados como el de la Rambla que la propia ciudadanía abortó. Era muy minoritario y muy poco relevante. Esto tiene que ver con el tejido social real de la ciudad. Barcelona ha dicho que la respuesta no es el odio, que la respuesta no es el miedo.

Se siente satisfecha.

Es difícil decir eso. Es esta ambivalencia de sentimientos que compartimos todos en esta ciudad. Todo estamos igual: tenemos una pena profunda pero hay también el sentimiento de orgullo.

¿Lo ocurrido tendrá alguna repercusión sobre la convocatoria del 1-O?

Creo que lo que ha pasado impactará también en el contexto político. ¿Cómo? Veremos. Espero y deseo que nadie renuncie a sus ideas y sus convicciones políticas porque precisamente eso es lo que desean los que quieren imponer el terror. Pero sin renunciar a nada desearía que el espíritu de colaboración y de diálogo que ha sacado lo mejor de cada uno, también de los actores políticos, se traslade al los debates que tengamos que hacer, ya sea sobre el 1 de octubre, sobre el referéndum o sobre las relaciones de Catalunya y el Estado.

Pero ha habido intentos de confundir las cosas.

He visto que se generaban algunas polémicas pero he constatado que no prosperaban porque la ciudadanía no quería eso. Al revés, lo rechazaba. Y la verdad es que en las relaciones entre políticos yo no he visto estos enfrentamientos salvó alguna anécdota marginal. Creo que todo el mundo se ha esforzado. La ciudad ha estado unida, los profesionales de la seguridad y de las emergencias han estado unidos y los políticos también porque nadie iba a entender otra cosa. Y esa ha sido la respuesta. Luego la política es compleja, no seamos ingenuos, pero hemos demostrado que cuando hacía falta hemos sido capaces de dar la prioridad a lo importante. Quedémonos con esta buena experiencia. Ya habrá tiempo de discrepar.

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