“Con tantos momentos dramáticos, Argentina necesita el humor”

Juan Matías Loiseau, o simplemente Tute (Buenos Aires, 1974) es uno de los humoristas gráficos más representativos de la generación que sucedió a los “próceres” argentinos: Quino, Fontanarrosa y Caloi, su padre. Con dibujos simples, Tute recupera la tradición de la viñeta atemporal que liga con la esencia de los males nacionales. Publica a diario en La Nación y sus libros se editan en España, México, Colombia, Puerto Rico, Ecuador, Estados Unidos y Francia. En esta entrevista con EL PAÍS, dice que las crisis cíclicas de Argentina lo hacen dependiente del humor como sostén de la realidad y asegura que su país insiste en la repetición de los errores del pasado.

Pregunta. ¿Argentina es un país que agradece el humor?

Respuesta. Es un país que necesita del humor. Una clásica pregunta que nos hacen a los humoristas gráficos es qué es el humor. La que más me gusta dice que es el sostén individual y colectivo de la sociedad. El humor sirve para sostenernos frente a los grandes dilemas internos y externos. En momentos dramáticos apelamos al humor porque es lo que nos sostiene frente a la soledad, al desamor y, finalmente, frente a la muerte.

P. ¿Por eso Argentina apela tanto al humor?

R. Argentina es un país curtido en crisis. Tenemos crisis cíclicas todo el tiempo y en ese sentido el humor funciona colectivamente como un sostén para explicarnos lo que pasa y para soportar lo que pasa.

P. ¿Cómo ve esa la evolución de la realidad Argentina?

“A los argentinos nos gusta psicoanalizarnos para escucharnos a nosotros mismos”

R. Ya es polémico hablar de evolución, porque lo que uno ve es la repetición. No logramos capitalizar lo aprendido, las experiencias, y volvemos a votar mal una y otra vez. Lo que uno nota es que no pasa algo que no es exclusivo de Argentina, hay un viraje masivo que involucra a muchos más países hacia un liberalismo más duro.

P. ¿Argentina es un país repetitivo y por eso sus dibujos son atemporales?

R. Yo puedo hablar de 20 años atrás, pero Quino puede hablar de hace 60 años. Basta ver la vigencia que tienen las tiras de Mafalda, mucho no ha cambiado la cosa. Son vigentes en todo el mundo.

P. Algunos de sus personajes, como Batu, perecen muy psicoanalizados. ¿Eso los hace más argentinos?

R. El psicoanálisis aguza la mirada y está en mí, así que aparece en todo lo que hago. La lectura entre líneas, por ejemplo, es el tipo de cosas que te arrima el psicoanálisis. Por eso aparece tanto, más allá de los chistes de diván. Cuando hago chistes de pareja, o cuando hago una lectura sociopolítica de la actualidad, la mirada ya es una mirada psicoanalizada.

“En Argentina es polémico hablar de evolución,nos repetimos”

P. ¿Por qué se psicoanalizan tanto los argentinos?

R. Estaría bien decir que tenemos un sentido profundo de la autocrítica, pero ni siquiera eso es cierto. Debe tener que ver con alguna otra cosa, más despreciable y menos meritorio, como por ejemplo que nos gusta escucharnos a nosotros mismos. Argentina es también uno de los países con más tradición de humor gráfico y nadie se explica por qué. Tiene que ver con un ejercicio del humor permanente. En Estados Unidos el tipo de humor que cultivamos acá, allá hasta resulta ofensivo y abusivo. Y acá funciona, incluso el humor negro hasta resulta saludable, porque cultiva lo oscuro que está en el borde.

P. ¿Argentina es tan dura que no se puede tomar en serio?

R. La gente necesita explicarse las cosas con humor y eso es saludable. La gente hace chistes con cosas tremendas y eso me parece una buena noticia para la sociedad. Las sociedades con menos humor son las de regímenes totalitarios, donde hay más humor hay más salud.

P. ¿Argentina se ríe de sí misma con más naturalidad que cualquier otro país?

R. Absolutamente. Hay un humor muy autocrítico y la cargada es parte del humor nacional. Mofarse del otro está a la orden del día.

P. ¿Cómo ve la situación dos años después de un gran cambio político?

R. Está complicada, este nuevo Gobierno puso contra las cuerdas a buena parte de la sociedad con los ajustes. Se da esta famosa grieta, alimentada por los dos lados. Lo que pasa es que hay una politización muy distinta a la que existía en los 90. Lo que cambió es la politización de la juventud, que no existía durante el gobierno de [Carlos] Memen, que fue nefasto para el país. No había entonces tantas voces que se expresaran y esa es la gran diferencia.

P. ¿Sus personajes se paran en el medio de esa grieta?

“Argentina es un país curtido en crisis”

R. El humor es eso, poner en evidencia lo ridículo de esta situación, de eso se trata. Quino decía que el humor era correr los velos y dejar al descubierto lo ridículo de algunas conductas. Lo más ridículo que encuentro ahora es esta cosa automática de los dos lados. Publiqué un chiste sobre Santiago Maldonado [un joven que lleva desaparecido más de dos meses tras un operativo de la Gendarmería en Patagonia] que no era nada especial: una manifestación con un cartel que preguntaba dónde estaba. Las respuestas automáticas de la gente fueron tremendas, de un lado y el otro.

P. ¿Afecta al trabajo del humorista que se lo identifique con una línea política?

R. Yo hago el humor que me sale desde mi posición y mi ideología sin estar ligado a la noticia. La pregunta sobre Maldonado es política, pero no partidaria. No es que la lectura automática debe ser que esto es en contra de Macri o a favor de Cristina [Fernández de Kirchner]. Es un tipo que desapareció y ese tipo puede ser cualquiera de nosotros. Este es un país insólito.

P. ¿Esto está atrasando la posibilidad de Argentina de hablar de cosas más en profundidad?

R. Es mejor la politización. Yo viví los 90 y no había un solo joven diciendo ‘che, acá está todo mal, se están robando el futuro’. Se rifó el país y nadie dijo nada. Es un mérito del kirchnerismo haber politizado de nuevo a la juventud. Esa es la parte buena. La mala es la respuesta automática, que me parece tonta.

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