Con un rosario en una mano y dos loros en la otra, una cristiana huye de Raqa (Siria)

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Sawsan Karapetyan, con un rosario en una mano y en la otra una jaula con dos loros, huye junto a su familia de Raqa ayudada por combatientes cristianos que participan en la batalla para expulsar a los yihadistas de su gran bastión del norte de Siria.

Esta armenia de 45 años, su marido y cinco allegados, que vivieron aterrorizados durante años, forman parte de los pocos cristianos que se quedaron en Raqa. Abandonaron finalmente la ciudad el martes, amparados por la oscuridad de la noche.

Utilizaron una carretera cuya seguridad fue garantizada por combatientes sirios del Consejo Militar Asirio, que luego los trasladaron en la parte trasera de un camión hasta un suburbio de Jazra, al oeste de Raqa.

“No quería irme, pero los bombardeos eran tan fuertes que huimos”, dice esta mujer, que aún tiene puesta la vestimenta negra impuesta por los yihadistas del grupo Estado Islámico (EI) que llegaron a la ciudad en 2014.

Como miles de otros que escaparon al grupo EI, partieron sin llevarse casi nada.

Pero Karapetyan no podía separarse de su rosario y de sus loros.

“Dejé todo menos a ellos”, dice, bebiendo un té que le dieron los miembros de esta unidad de combatientes cristianos que lucha junto a la alianza kurdo-arabe contra los yihadistas.

“Quemaron las iglesias” 

La ofensiva de la alianza, apoyada por la coalición internacional liderada por Estados Unidos, devastó Raqa, en donde los civiles se encuentran bajo el fuego cruzado.

“Cuando caían bombas en Raqa, nos juntábamos para rezar a Dios y pedirle que termine”, cuenta Karapetyan.

“Los últimos días vivimos los peores momentos por los intensos bombardeos. Tenía miedo por mi marido y mi familia”, recuerda.

Miles de armenios y cristianos asirios vivían en Raqa. Antes de la llegada del grupo EI representaban el 1% de la población, de mayoría árabe sunita.

Los armenios presentes en Siria son los descendientes de lo que huyeron de las masacres en Anatolia durante la Primera Guerra Mundial.

Cuando el grupo EI tomó Raqa, la mayoría de los cristianos y kurdos huyeron de la ciudad. Los cristianos que se quedaron debían convertirse al islam o pagar “un arancel” para quedarse como cristianos. Amenazados de muerte, otros huían.

“Cuando llegó el Estado Islámico, sus combatientes quemaron las iglesias, los libros de oración, los ángeles, la estatua de la virgen María y de Jesús”, recuerda Alexey, de 50 años, uno de los allegados de Karapetyan.

La Iglesia armenia católica de los Mártires y la griega católica de Nuestra Señora de la Anunciación fueron destruidas por grupo EI.

“Celebrábamos nuestras fiestas en secreto en casa”, agrega Alexey, vestida también con la ropa impuesta por el grupo EI. “Quemábamos sólo un poco de incienso para sentir que era una fiesta religiosa”.

 “Dejamos todo en Raqa” 

“Dejamos todo en Raqa. Es doloroso. Intentamos quedarnos, pero no podíamos soportar más la situación”, dice, cubriéndose el rostro con las manos.

De Jazra, los siete familiares planean ir hacia Alepo, al oeste, para reunirse con parientes con quienes perdieron contacto desde hace un mes. En Alepo vive una importante comunidad armenia.

Debido a los cruentos combates, decenas de miles de personas huyeron de Raqa.

Matay, un combatiente cristiano de 22 años, afirmó a la AFP que su unidad se desplegó para mantener segura una carretera y permitir a los civiles huir de la ciudad.

Kardij Kirdian, de 50 años, huyó el martes por esta ruta, al día siguiente de que su hermano hiciera lo mismo.

“No puedo describir lo que sentí cuando vimos a los combatientes cristianos”, dijo Kirdian.

Decidió finalmente partir. Había optado antes por quedarse en la ciudad y pagar a los yihadistas decenas de miles de libras sirias.

Los yihadistas “hicieron estallar las iglesias, no he rezado en una iglesia desde 2013”, lamenta.