Inicio Actualidad Contra la crisis, gasto público, por Manel Pérez

Contra la crisis, gasto público, por Manel Pérez

El dominó de la insolvencia económica está de nuevo en marcha. No es aventurado afirmar que la recuperación económica está truncada y la economía puede acabar en este último trimestre del año con una nueva caída en términos interanuales.

Con la actividad comercial y de restauración de las dos principales metrópolis españolas paralizada, un buen número de fichas económicas le seguirán en la caída hacia el abismo. El comercio se resentirá, con la campaña de Navidad en el aire. Se trata de un sector, junto con el de la restauración, dominado por el minifundismo empresarial, de micro- pymes, que encaran una elevadísima y segura amenaza de mortandad. El turismo, ya agonizante, ve desvanecerse el programa de preparación de la de Semana Santa y, casi con certeza, de buena parte de la del próximo verano.

Además de esos sectores que están en la primera línea de fuego, el siguiente golpe llegará por la vía del consumo en general, consecuencia del efecto amedrentador de la expansión de la pandemia y el temor a la evolución económica y el aumento del paro en el futuro inmediato. La consecuencia sobre las ventas de todo tipo de productos es fácil de imaginar. Se agravará pues la salud financiera de muchas empresas que ya no podrán recurrir a más créditos para compensar la caída de su facturación. La mochila del pasivo no puede crecer indefinidamente. Aunque tengan el aval público del ICO para sobrevivir unos meses más. La morosidad crediticia crecerá y los bancos sufrirán, en términos de rentabilidad, pero también en solvencia para seguir dando créditos.

En estas circunstancias, la principal amenaza es que el Gobierno caiga en la trampa de acobardarse ante las dimensiones del desafío: aumentar aún más el déficit y la deuda pública. Una pulsión que ha atenazado al equipo económico del Gobierno desde el primer día de esta crisis que ya suma ocho eternos meses de sufrimiento.

Pero la realidad es tozuda y ahora no hay otra alternativa que más gasto público. Sí, aún más deuda para evitar que avance la destrucción del tejido económico y para mantener la cobertura social. Como en la pandemia sanitaria, mientras el paciente viva, hay esperanza.

El peor consejero del Gobierno ahora es un falso optimismo sobre la situación que justifique frenar el gasto público

Siempre será más barato, productivo, además de menos doloroso socialmente, gastar ahora para salvar empresas y empleos, que hacerlo después en seguros de paro y cierres empresariales. Recuperarse de ese golpe multiplica los costes.

También para combatir mejor la pandemia, asumiendo un programa de gasto en el reforzamiento inmediato del sistema sanitario, en personal y equipamiento, antes que verlo desbordado de nuevo en una segunda ola de contagios.

Y para acelerar el programa de ingreso mínimo vital, insoportablemente lento y burocrático para la gravedad y urgencia de la necesidad social que está llamado a cubrir.

Un tal programa de gasto, y déficit, es lo que siguen pidiendo los organismos internacionales, desde el Banco Central Europeo (BCE) –el gran financiador de esos crecimientos de deuda y que además asegura a bajo coste– a la OCDE y el Fondo Monetario Internacional (FMI).

Este último aseguraba ayer, por boca de su jefe de política fiscal, Vitor Gaspar, que “existe el riesgo de retirar prematuramente el apoyo fiscal” y pedía a los gobiernos mantener esa política “hasta que la recuperación esté sobre una base sólida”.

La receta debe seguir siendo más gasto público, déficit y deuda; hay que evitar cierres de empresas y despidos

En el caso de España, como ya se ha dicho reiteradamente en estas páginas, esa política fiscal ha sido mucho más cicatera que la del resto de socios europeos. Tal vez resida ahí una parte de la explicación de por qué la economía española encabeza el ranking mundial de caída. El peor consejero ahora del Gobierno sería un optimismo infundado –la recuperación está en marcha, la economía está subiendo– que endulce la cobarde decisión de poner el freno al gasto público. Aunque a este se le deba aplicar criterios de máxima racionalidad y control.

¿Los efectos económicos del coronavirus serán peores que la enfermedad?