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Convivir con la inmigración

Roger Torrent y Rafael Ribó hicieron el numerito este viernes.

Xavier Rius.- Roger Torrent y Rafael Ribó hicieron el numerito este viernes. Se fueron al CIE para pedir su cierre.

El Centro de Internamiento de Extanjeros en la Zona Franca. A pesar de que, con el covid, no hay internos.

Luego soltaron un manifiesto.

En su opinión no se puede someter a “privaciones de libertad” a un inmigrante en situación de irregular antes de ser expulsado.

¿Entonces cómo los expulsamos? ¿Los vamos a buscar a su casa y les preguntamos que, si por favor, quieren ser expulsados?

Torrent ya había recibido el viernes al sindicato de manteros. Debemos ser el único país del mundo en el que el presidente del Parlamento recibe a un sindicato de inmigrantes irregulares que se dedican a una actividad ilegal.

No descarto que, en la iniciativa, haya motivos electorales.

Ribó, por su parte, ya no debería ser ni síndic. Ha expirado su mandato tras más de dieciséis años en el cargo. ¡Y se quejaba de Pujol! Casi alcanza el récord.

Me ahorró otros detalles que han ensombrecido su trayectoria política como su alineamiento sin fisuras con el proceso -es decir, con el poder- y viajes a finales del Barça con aviones privados. Todo muy de izquierdas.

Torrent igual todavía tiene aspiraciones. Lo cierto es que la candidatura de Pere Aragonès no invita al optimismo.

ERC, además, cultiva el voto musulmán. Ya tiene a una diputada magrebí, Najat Driouech.

La conozoco de antes de su condición de parlamentaira. No llevaba velo. Un día me explicó que se lo puso en recuerdo a su abuela.

Bien hecho. Las abuelas son sagradas. Pero a veces me pregunto si ERC la hubiera fichado si fuera sin velo. Como Najat el Hachmi, por ejemplo.

Sin olvidar que los republicanos felicitan a los musulmanes por el Ramadán. Yo soy agnóstico, pero a nadie se le ocurre felicitar en cambio a los católicos por la Pascua.

En fin, el sábado fue todavía peor.

El presidente de la Generalitat, Quim Torra, hizo un tuit en el que reiteraba el “compromiso del Govern para que todo el mundo tenga una vida digna. Catalunya ha sido, es y será país de acogida”.

O sea, papeles para todos ¿no?

Sin embargo, hay un detalle común en todos ellos.

Rafael Ribó no sé donde reside pero teniendo en cuenta que cobra 129.000 euros al año -más que un conseller: 115.000- no debe vivir en el Raval. Sin olvidar la segunda residecia que tiene en la Cerdanya.

Roger Torrent fue alcalde de Sarrià de Ter: 7,64% de inmigración. Un porcentaje asumible: cuatrocientas personas de 5.100.

Quim Torra vive en el distrito de Sarrià-Sant Gervasi. Zona alta de Barcelona.

Precisamente Torra presumía el miércoles, en la sesión de control, de haber impulsado la mesa contra el racismo.

Claro, lo hicieron antes de las elecciones para no hablar de inmigración.

Que tremendo error. Hasta fueron los del PP y Ciudadanos. Cayeron en su marco mental.

¡Equiparaban hablar de inmgiración a racismo!

El martes, tras los incidentes en Premià de Mar, le pregunté a la portavoz del Govern, Meritxell Budó, si era racismo.

¡No lo negó!

A pesar de que los vecinos dijeron, en declaraciones a TV3, que simplemente estaban hartos de tanta impunidad.

Inlcuso el alclade, Miquel Àngel Méndez, de JxCat, negó que fuera racismo. ¡El sucesor de Miquel Buch!

A mí me llamó la atención que los desalojados recibieron a los vecinos al grito de “racistas, racistas”.

Y que, cuando se los llevaron los Mossos, no llevaban banderas del país de acogida sino banderas argelinas. Buena señal de integración.

No es fácil convivir con la inmigracion.

Fíjense en un detalle: la inmensa mayoría de partidarios del refugees welcome o papeles para todos viven en barrios bien.

Carles Puigdemont, cuando era presidente de la Generalitat, vivía en Sant Julià de Ramis: 8% de extranjeros, 300 de 3.500.

No es Salt: 40%. 12.000 de 31.000. En el bien entendido que siempre son más: los sin papeles no salen en las estadísticas. Y los nacionalizados dejan de salir.

Y en Bélgica se ha ido a vivir a Waterloo, tampoco es Molenbeek, el barrio magrebí de Bruselas.

Luego se pregunta por qué sube la ultradercha en toda Europa.

Porque los partidos tradicionales han dejado a sus electores -a veces de izquierda o incluso clases populares- desamparados.

*Director de e-noticies