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Corrupción: el arma de destrucción masiva de los partidos políticos españoles (de todos sin excepción)

AD/VB.- La adquisición de un chalé por valor de un millón de euros por parte de Abascal lo que demuestra es que para militar en un partido político se debe poseer unas tragaderas infinitas y una moral más elástica que la elastina. ¿Qué diferencia hay entre la adquisición de un casoplón en Galapagar y otro en el centro de Madrid si a sus propietarios, en ambos casos, no se les conoce otra fuente de ingresos que la política? ¿Por qué la mamandurria tiene diferente respuesta ciudadana en base a la adscripción ideológica del que vive de ella? ¿Por qué a veces la moral tiene esos intrincados recovecos que nos hace reaccionar de forma dispar ante hechos idénticos? ¿Por qué en el caso de Abascal se trata de justificar lo que en el caso de Iglesias carecía de justificación? Siempre hemos sostenido que Vox es un bluff, mantenido e inflado a golpe de talonario. A este medio le resultaría más fácil y rentable hacer la vista gorda y conferir a Vox el beneficio de considerarlo la opción más juiciosa y fiable para España. Pero no. Un proyecto salvador para España no puede asentarse sobre diferentes que conciben la política como un lucrativo medio de vida, ni sobre una base social tan sectaria y con la distrofia moral de la derechona española.

Esta España del presente, internacionalmente desprestigiada, económicamente hundida, políticamente corrompida y éticamente desnuda, es una obra exclusiva de la clase política y de algunos poderosos. El deterioro de la España de los EREs trucados en Andalucía, del Instituto Noos del yerno del rey, de las comisiones irregulares del emérito, del «caso Ábalos», de los chanchullos durante la gestión de la pandemia, del «caso Dina», del «caso Serrano», de los fondos recibidos por Podemos de algunas narcodictaduras… es tan espantoso que es mas urgente recuperar la decencia que reactivar la economía. Es más, sin limpiar España de canallas y sinvergüenzas, nunca será posible la reconstrucción.

La corrupción desciende de las alturas e impregna a la sociedad española con su infección viscosa, lo que agrava la crisis económica salvaje y estrecha las puertas que conducen a la regeneración. La corrupción, obra casi exclusiva de los partidos, especialmente de los que, desde el gobierno, han sido cómplices o han avivado su fuego destructor, sin que ni uno sólo de los miembros del poder pueda reclamar su limpieza ante el pueblo porque el que no ha participado ha sido cómplice y coparticipe con su silencio y cobardía, por no haber nunca denunciado la podredumbre que le rodeaba y en la que participaban muchos de sus correligionarios y compañeros de partido.

Esa corrupción política deslegitima a los gobernantes y les resta la fuerza moral y el liderazgo que España necesita para salir de la crisis. Cuando los canallas que han emponzoñado España imponen restricciones y recortes, algunos de los cuales afectarán dramáticamente a las pensiones, sueldos, sanidad, educación y otros servicios sociales básicos, no tienen fuerza ética para lograr que los ciudadanos les sigan. Para colmo de males, los que imponen los recortes siguen disfrutando de privilegios y de una riqueza que no merecen y que el pueblo considera ya un robo. Los corruptos, desprestigiados y odiados, no pueden exigirle al pueblo sacrificios voluntarios y tendrán que imponerlos por la fuerza. Los ciudadanos tendrán siempre el derecho a despreciarlos y a recriminarles que las desgracias actuales han sido provocadas por ellos mismos.

Los escándalos se reproducen por todas partes, desde la administración local a las más altas instituciones del Estado. La corrupción en España no es, como algunos afirman, una concatenación de casos aislados, sino toda una epidemia nacional alimentada desde los cuarteles del poder y los sectores más poderosos, como si hubieran querido esquilmar la sociedad y exprimirla hasta destruirla.

La corrupción en España ha sido y es una conspiración de los poderosos contra el pueblo y el bien común, un ataque sistemático al interés general y a la decencia con focos y metástasis en las administraciones públicas, los partidos políticos, Cataluña, Baleares, Valencia, la Casa Real y otros muchos espacios de la vida española.

Los mercados siguen acosando a España y ninguna medida o acuerdo sirve para frenar el ataque y la subida del «riesgo España». Nadie se fía del régimen español, antidemocrático, corrompido, lastrado por los compromisos e incapaz de acometer las medidas urgentes de regeneración que el país necesita.

España necesita con una urgencia desesperada a los «hombres de negro» o a una troika inmisericorde enviada por nuestros asustados socios o un gobierno de tecnocracias ajeno a los partidos políticos españoles, a cualquier poder libre de corrupción y de los compromisos, servidumbres y taras que tienen nuestros actuales partidos y políticos profesionales, de los que seria absurdo esperar políticas regeneradoras o decisiones adecuadas para salir de la crisis. Ellos, nuestros políticos, son el problema y del problema jamas podrá llegar la solución.

Necesitamos a los hombres de negro o cualquier solución ajena a nuestros actuales partidos políticos y políticos profesionales. Ellos son el problema y del problema nunca puede llegar la solución. También nos vendría bien una troika, enviada por nuestros acreedores con plenos poderes, o un gobierno de tecnocracias, libre de compromisos, corrupciones y servidumbres, cualquier cosa menos el inútil, corrupto e ineficiente poder de nuestra degradada clase política, cuya capacidad de fracaso y de traición a la decencia democrática han quedado ya probados hasta el hartazgo.

El precio que pagamos por la deuda, que no para de crecer, es ruinoso. Los mercados perciben que detrás de España hay un Estado irracional, plagado de enchufados, corruptos y políticos ineptos, y lo hacen pagar con desconfianza y descrédito. Un poder ajeno a nuestra casta es el único que será capaz de combatir frontalmente el cáncer que está destruyendo a España.

Nuestros partidos políticos no soportarían la mas suave y benévola «prueba de estrés» y nuestro sistema político necesita un rescate masivo mas que la banca mas arruinada. Hasta que los españoles no asuman que nuestros grandes partidos ya son inservibles y que tienen que ser salvados desde fuera o mediante una rebelión que desplace del poder a la actual casta inservible, no habrá esperanza para este país.

¿Serán capaces nuestros actuales políticos de asumir cambios tan urgentes como la supresión de los mas de 300.000 políticos que sobran en el Estado? ¿Suprimirán las decenas de instituciones y empresas publicas inútiles, solamente necesarias para que ellos coloquen a sus amigos? ¿Se atreverán a imponer a los partidos en los que ellos militan mas controles y cautelas? ¿Renunciarán ellos mismos a los privilegios injustos que se han autoconcedido? ¿Acabarán con la mentira y la impunidad de los poderosos? ¿Serán capaces de imponer ética y decencia en un sector publico que ellos mismos han infectado de corrupción y abuso? ¿Se atreverán a crear un sistema de Justicia justo y decente?

Ellos nunca lo harán, pero los hombres de negro o los miembros de la troika tendrían que hacerlo porque saben que la regeneración es la única vía para la resurrección de España.

Nos tienen engañados. Dicen que los hombres de negro representan la perdida de la soberanía y el fin de la democracia, pero habría que preguntarles a qué soberanía y a qué democracia se refieren, porque debe ser a la de ellos, no a la de los ciudadanos españoles, a los que sus políticos mienten, engañan, roban, esquilman con impuestos y conducen hacia un reino donde imperan el desempleo, las decisiones injustas, la desigualdad, la perdida de valores, el hundimiento de los viejos derechos y la corrupción, un reino dominado por la impunidad de los poderosos, con decenas de miles de ladrones a los que nadie pide cuentas, después de haber saqueado, durante años e impunemente, las cajas de ahorro, muchas instituciones y empresas y las mismas arcas publicas.