Costa Rica: y la estratagema funcionó

7

La contundente victoria del candidato oficialista, Carlos Alvarado, con un 60% de los sufragios emitidos, frente al pastor evangélico emergente, Fabricio Alvarado, es la historia de una sorprendente remontada, que ha despistado a casas encuestadoras y analistas electorales, pero que ha confirmado el curso subterráneo de una estratagema política que finalmente se ha demostrado completamente exitosa.

Recapitulemos. Pocos meses antes de la primera vuelta, los pronósticos para el candidato oficialista eran desastrosos: daba continuidad a un gobierno saliente envuelto en uno de los casos de corrupción más sonados en la historia del país (la compra fraudulenta de cemento chino), traca final de una serie de errores que hacía que su apoyo popular quedara por debajo del 20%; todo lo cual implicaba que las encuestas otorgaran a Carlos Alvarado un escuálido 5% de la intención de voto. Esta situación era aprovechada por los partidos tradicionales, sobre todo el de corte socialdemócrata, Liberación Nacional (PLN), y el de corte socialcristiano, Unidad Social Cristiana (PUSC), a quienes las encuestas otorgaban entre el 20 y el 25% de los votos al primero, y entre el 10 y el 15% al PUSC.

Así estaban las cosas, cuando al gobierno de Solís se le ocurrió solicitar de la Corte Interamericana una opinión consultiva en torno al matrimonio entre personas del mismo sexo. Con ello respondía a las exigencias de los sectores LGTBI, pero también buscaba apuntarse un tanto progresista al final de su gestión. Y parecía que iba a conseguirlo, tras el pronunciamiento favorable de la Corte. No importaban algunas acusaciones de populismo que recibió Solís a cambio.

El impacto fue tal que el panorama electoral cambió radicalmente. Los debates sobre la crisis fiscal, la inseguridad, el “cementazo” o la pobreza, dieron paso a una agria controversia sobre la competencia de la Corte Interamericana, la familia y el matrimonio homosexual. En términos orgánicos, ello supuso el ascenso rampante de un pequeño partido, Restauración Nacional, liderado por un solo diputado, el pastor Fabricio Alvarado, que desplazó en las encuestas a los partidos tradicionales, quienes –ante el empuje del nuevo partido- comenzaron a separarse del “discurso de género”. Sólo el partido de gobierno asumió la acción ante la Corte como suya propia.

Esa polarización se reflejó en los resultados de la primera vuelta. Además de la victoria inapelable de Restauración Nacional, el PAC consiguió el ansiado segundo puesto, aunque a una distancia considerable de más de diez puntos. Y así comenzó la segunda parte de esta campaña electoral. La enorme distancia entre ambos competidores hacía prever una cómoda victoria del pastor evangélico.

Sin embargo, Carlos Alvarado giró ciento ochenta grados en su estrategia y regresó a los temas de fondo de la problemática nacional. Ello se asoció a una primera victoria parcial: los partidos tradicionales se dividieron en el apoyo a cada uno de los dos candidatos. El sector progresista de Liberación, con dos exministros a la cabeza, Garnier y Ávila, declararon su apoyo al candidato del PAC. Otro tanto hizo el líder de la Unidad Social Crtistiana, Rodolfo Piza. Por cierto, que este último obtuvo un acuerdo con el PAC para que moderara su discurso laicista y profundizara en los asuntos económicos y sociales.

Este cambio temático comenzó a favorecer claramente a Carlos Alvarado, antiguo ministro del gobierno saliente, bastante más preparado en los temas socioeconómicos que su oponente. Pronto fue evidente que el pastor acudía a los debates con un cuaderno para poder hilar sus ideas, mientras el exministro se lucía en el conocimiento de datos y referencias. Y en ese contexto comenzaron a mostrarse del debilidades políticas del pastor, quien tenía dificultades para poner en evidencia la conflictiva herencia de corrupción e ineficiencia del candidato oficialista. Por su lado, las redes sociales hicieron su tarea, subrayando con virulencia los desconocimientos del pastor.

Había, sin embargo, un asunto crucial semanas antes de la cita electoral: saber hacía donde se inclinaría la población católica mayoritaria, que en la primera vuelta favoreció apreciablemente a Fabricio Alvarado en cuanto al debate sobre la familia. El comando de campaña del PAC inició una ofensiva para asustarlos con las diatribas de algunos pastores evangélicos sobre la necesidad de superar las costumbres del catolicismo, incluyendo la referida a la Virgen de los Ángeles, la Morenita, patrona de Costa Rica. Tal ofensiva y la alianza con el social-cristiano Rodolfo Pisa, consiguieron introducir una fuerte cuña entre católicos y evangélicos que ha resultado letal para Fabricio Alvarado. Ese fue un gol de media cancha.

Días antes de la fecha electoral, las imágenes de ambos candidatos cobraban un perfil más nítido. El Alvarado de Restauración Nacional se adentraba progresivamente en una semblanza de improvisación e incertidumbre, mientras que el Alvarado del PAC resultada para una parte de sus seguidores simplemente lo malo ya conocido y para otra parte la persona joven que podría enfrentar los errores del gobierno saliente para renovar su programa político. Prácticamente, la suerte estaba echada, aunque no fuera tan clara la dimensión de la victoria del PAC.

Vista esta historia retrospectivamente, no cabe duda de que la estratagema de reventar el panorama electoral con la solicitud consultiva a la Corte sobre el matrimonio homosexual, en medio de la campaña, ha resultado un éxito (algo que no estuvo claro al principio para muchos dirigentes del PAC). Polarizó la campaña en torno a ese tema y dejo fuera del escenario los debates sobre otros asuntos de fondo. Y una vez que quedaron solos el pastor y el exministro, este último consiguió que los temas medulares regresaran a la mesa y dejaran al descubierto las falencias técnicas del candidato de Restauración. Toda una estrategia exitosa, más allá de si hubo un cálculo fino en todos sus pasos.

Pero una vez resuelta la elección, el nuevo Presidente enfrenta un horizonte parlamentario muy complicado. De los 57 asientos, el PAC sólo ha obtenido 10, frente a los 17 de Liberación Nacional, los 14 de Restauración y los 9 del PUSC (el izquierdista Frente Amplio, que ofreció apoyo crítico, sólo obtuvo 1 asiento). Es decir, cualquier acuerdo entre los otros partidos puede bloquear al PAC en la presente legislatura, incluyendo la posible normativa que polarizó esta contienda. Un bloqueo que Carlos Alvarado tratará de superar con búsqueda de acuerdos y concertaciones, cuyo precio no será cómodo y limitará considerablemente su actuación.

El resultado de la primera vuelta ha sido categórico. Polarizado el debate entre quienes defienden la familia y quienes defienden el matrimonio homosexual, la crisis fiscal, el “cementazo”, la pobreza, han pasado a un discreto segundo plano. Consecuentemente, dos partidos han sido los grandes beneficiados de este revuelo: Restauración Nacional, por razones obvias, y el PAC que representa la mayor paradoja del sistema político costarricense; con una gestión de gobierno calamitosa podría ser premiado a continuación con un segundo periodo de gobierno.

Nadie pudo prever que el impacto sería mucho mayor: simplemente reventaría el panorama electoral existente. El primer golpe fue el ascenso meteórico de un pequeño partido, con sólo un diputado, el pastor Fabricio Alvarado. En semanas, Restauración Nacional arrebataba el primer lugar en las encuestas al candidato Álvarez Desanti, de Liberación Nacional, y dejaba la contienda en torno al segundo lugar, porque todo indicaba que habría segunda vuelta. Ante el giro inesperado, los partidos tradicionales se vieron compitiendo con el discurso conservador de Restauración y cometieron el error de incluirlo en sus mensajes: todos estaban contra “la ideología de género”. El PAC, aunque no tenía unidad interna sobre el matrimonio homosexual, optó por el camino contrario. La polarización podía beneficiarle, aunque supusiera un populismo opuesto.

Conforme se aproximaba la contienda electoral, las cosas empeoraban para el gobierno saliente de Luis Guillermo Solís. Los conflictos sectoriales, los errores políticos, la progresiva crisis financiera habían rebajado sus índices de popularidad a cifras (por debajo del 20%) nunca vistas para un Presidente que terminaba su mandato. Dejaba el país seriamente endeudado sin haber logrado uno de sus objetivos más deseados: reducir sensiblemente la pobreza (que se mantiene en torno al 20% de la población desde hace dos décadas). Pero lo peor estaba por llegar. La principal promesa de Solís, con la que pudo derrotar al candidato oficialista hace cuatro años, era erradicar la corrupción en el aparato público. Pues bien, ya estaban en precampaña cuando estalló el mayor escándalo en la historia moderna costarricense: la compra fraudulenta de cemento chino para acometer importantes obras de infraestructura, sobre todo portuarias. Las conexiones de este caso de corrupción han afectado a todos los poderes de la República. El efecto político fue desolador: no sólo Solís redujo todavía más su apoyo popular, sino que el candidato de su formación política, Carlos Alvarado del Partido de Acción Ciudadana (PAC), arrancaba la campaña con un apoyo por debajo del 5% de la intención de voto.

Esta situación fue aprovechada por los partidos tradicionales, sobre todo el de corte socialdemócrata, Liberación Nacional (PLN), y el de corte socialcristiano, Unidad Social Cristiana (PUSC), que parecían resurgir de la anterior derrota frente a Solís. Las encuestas otorgaban al primero entre el 20 y el 25% de los votos, y al PUSC entre el 10 y el 15%.

Así estaban las cosas al comienzo de la campaña, cuando al gobierno de Solís se le ocurrió solicitar de la Corte Interamericana una opinión consultiva en torno al matrimonio entre personas del mismo sexo. Con ello respondía a las exigencias de los sectores LGTBI, pero también buscaba apuntarse un tanto progresista al final de su gestión. Y parecía que iba a conseguirlo, tras el pronunciamiento favorable de la Corte. No importaban algunas acusaciones de populismo que recibió Solís a cambio.

Nadie pudo prever que el impacto sería mucho mayor: simplemente reventaría el panorama electoral existente. El primer golpe fue el ascenso meteórico de un pequeño partido, con sólo un diputado, el pastor Fabricio Alvarado. En semanas, Restauración Nacional arrebataba el primer lugar en las encuestas al candidato Álvarez Desanti, de Liberación Nacional, y dejaba la contienda en torno al segundo lugar, porque todo indicaba que habría segunda vuelta. Ante el giro inesperado, los partidos tradicionales se vieron compitiendo con el discurso conservador de Restauración y cometieron el error de incluirlo en sus mensajes: todos estaban contra “la ideología de género”. El PAC, aunque no tenía unidad interna sobre el matrimonio homosexual, optó por el camino contrario. La polarización podía beneficiarle, aunque supusiera un populismo opuesto.

El resultado de la primera vuelta ha sido categórico. Polarizado el debate entre quienes defienden la familia y quienes defienden el matrimonio homosexual, la crisis fiscal, el “cementazo”, la pobreza, han pasado a un discreto segundo plano. Consecuentemente, dos partidos han sido los grandes beneficiados de este revuelo: Restauración Nacional, por razones obvias, y el PAC que representa la mayor paradoja del sistema político costarricense; con una gestión de gobierno calamitosa podría ser premiado a continuación con un segundo periodo de gobierno.

Una gran cantidad de electores se esfuerzan estas semanas por atisbar cual es el menos malo de los dos candidatos. Y, a juzgar por la gran cantidad de indecisos, tienen grandes dificultades para lograrlo. De un lado, tienen a un pastor con una carga ideológica conservadora en el plano individual, pero con bastante moderación en asuntos sociales y económicos. Por otro lado, un exministro de Solis, que presenta un equipo con muchas personas que están implicadas en los malos manejos del gobierno anterior, pero que aparece como el único dique de contención ante el integrismo religioso.

Hace dos décadas que el populismo ha hecho aparición en el continente americano. En unos países se trata de un populismo de izquierdas y en otros de signo opuesto (quizás Trump sea el arquetipo de este último). Pero lo que resulta poco frecuente es encontrar un país en que los dos tipos de populismo emerjan con fortaleza para enfrentarse directamente. Puede que Costa Rica también sea pionera en este campo. Aunque, si se hace caso de las encuestas, el resultado final está claro: si hoy fueran las elecciones, Restauración y PAC empatarían en el valle central pero la primera arrasaría en las áreas periféricas. El pastor Fabricio Alvarado lleva una ventaja de entre diez y quince puntos al exministro Carlos Alvarado. Bueno, al menos en eso hay absoluta certeza: el próximo Domingo de Resurrección ganará Alvarado.