Crítica | Donizetti en serio

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Tras abrir el año con su más conocida ópera cómica, L´elisir d´amore, el Liceo rescata, tras 42 años de ausencia, Poliuto, significativo logro de Gaetano Donizetti en el terreno dramático. A pesar del tirón de la pareja protagonista -la soprano Sondra Radvanovsky, en su debút en el papel de Paolina, y el tenor Gregory Kunde- la versión de concierto, dirigida con demasiada contundencia por Daniele Callegari, pinchó en taquilla -quedaron centenares de butacas vacías- y tuvo una pobre respuesta orquestal y coral. Brilló con bellos pianísimos y potentes agudos Radvanovsky, pero Poliuto merecía algo más en su regreso al Liceo.

‘Poliuto’, de Donizetti

Poliuto, de Donizetti. Sondra Radvanovsky, Gregory Kunde, Gabriele Viviani, Alejandro del Cerro, Rubén Amoretti, Josep Fadó. Coro y Orqusta del Gran Teatro del Liceo. Director: Daniele Callegari. Versión de concierto. Liceo. Barcelona, 10 de enero.

Estrenada primero en París en su adaptación francesa, con el título de Les martyrs, la versión italiana de Poliuto no se estrenó hasta 1848, siete meses después de la muerte de Donizetti, en el mismo teatro, el San Carlo de Nápoles, donde no pudo estrenarse en 1838 por la censura borbónica, no toleraba mostrar el sacramento del bautismo en escena.

El libreto de Salvatore Cammarano, basado en la tragedia Polyeucte, de Corneille, ambienta un desdichado triángulo amoroso en los tiempos de la persecución de los primeros cristianos en Armenia: Paolina, hija del gobernador Felice, aceptó en matrimonio a Poliuto, noble armenio convertido al cristianismo, creyendo muerto a su amado Severo, procónsul romano, que al regresar clama venganza. El dramón acaba con Poliuto y Paolina arrojados a los leones en la arena.

Quizá con más ensayos este parcial rescate -lo es siempre la opción concertante- podría haber hecho justicia a una gran ópera seria que anticipa a Verdi con singulares hallazgos. Ocasión perdida: Callegari lidió con una orquesta poco sutil que pasó sin pena ni gloria por una partitura que exige más empaque en las escenas dramáticas y más equilibrio, elegancia y expresividad en el acompañiento de las voces. Tampoco el coro tuvo un buen día.

Los aficionados que tuvieron la suerte de asistir en 1975 a la última función de Poliuto en el Liceo, con la inmensa Leyla Gencer, Amadeo Zambon y el añorado Vicente Sardinero, esperaban con fruición este rescate, con el aliciente de poder escuchar una versión íntegra de una partitura de intuiciones dramáticas avanzadas a su tiempo y enorme exigencia vocal.

Radvanovsky impresionó con su artillería vocal e hizo cosas espléndidas en una primera interpretación, con lógica cautela, de un personaje que aún no domina. Se nota la lección Callas en su búsqueda de colores oscuros de una voz que, por potencia e intensa expresividad, brilla más en otros repertorios.

A sus 63 años, Gregory Kunde no puede ocultar la pérdida de brillo y proyección en los agudos; aún así, mantiene el tipo con arrojo, gran clase, dominio del estilo y sentido dramático. El barítono Gabriele Viviani fue un temperamental Severo, de fraseo un tanto rudo, y cumplieron respectivamente el bajo Rubén Amoretti y los tenores Alejandro del Cerro y Josep Fadó.