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CRÓNICA | Jonathan Wilson, en versión de cámara

Jonathan Wilson es lo que llamamos un ‘músico de músicos’, un músico al que otros músicos admiran. Bonnie ‘Prince’ Billy, Conor Oberst y Father John Misty, su actual alma gemela, entre otros, han confiado en él como productor. Y Roger Waters, el ex-líder de Pink Floyd, se lo ha agenciado como guitarrista y cantante para su gira final, que el viernes y sábado se podrá disfrutar en el Palau Sant Jordi.

El pasado lunes, en un descanso de los ensayos para esos conciertos, el cantautor y productor  de Carolina del Norte quiso ofrecer un concierto especial en Razzmatazz 3. En lugar de con su banda habitual, actuó con el bandurrista Javier Mas y un cuarteto de cuerda con músicos de aquí. Jonathan Wilson en versión de cámara, alejándose de la psicodelia sutilmente electrónica del reciente disco ‘Rare birds’ para mirar hacia un folk orquestal más cerca de sus inicios.

Ya lo avisó después del arranque con ‘Valley of the silver moon’, largo tema con guitarras marca Neil Young: “Hoy va a sonar nueva mierda, vieja mierda”, “muchos temas que llevo tiempo sin tocar”. En su mayoría, repertorio de su celebrado ‘Gentle spirit’ (2011) reducido a su última esencia: “Esta clase de conciertos –apuntó Wilson en un momento de la actuación– es muy divertida porque te puedes meter en las canciones; ver qué pasa dentro de ellas”.

Nueva majestuosidad

Si Wilson es favorito de músicos y no tanto del público general, no será por falta de canciones. ‘Rare birds’, la que da título a su nuevo disco, sonó anoche embrujadora a pesar de la falta de teclados, batería o coros. Tampoco se añoró demasiado el ritmo dinámico de ‘Over the midnight’, corte de rock panorámico en sintonía con The War On Drugs, porque se sumó Javier Mas y el resultado fue insólito e hipnótico.

Tras la bíblica ‘Moses pain’, llegó el cuarteto de cuerda, completando la que sería la formación durante casi todo el concierto. ‘Desert raven’, una gran antigüedad de Wilson, perdió groove pero ganó majestuosidad gracias a los violines. Aquello recordaba a un gran disco de folk-rock de cámara, el que unió a John Vanderslice con el Magik*Magik String Quartet: clásico perdido del 2011 ‘White wilderness’.

La sutileza de todo aquello hizo que algunos, en lugar de hablar bajo, hablaran bien alto. Paradojas del público de conciertos. Ellos se perdieron los matices de ‘Sunset Blvd’ (con buenos toques de vocoder), la folk-soul ‘Me’, ‘Gentle spirit’, ‘All the way down’ y ese obligado Gran Final con la calmadamente épica ‘Can we really party today?’. En septiembre, parece ser, más, esta vez con la banda.