Inicio Actualidad CRÓNICA | Spiritualized, plenitud en Razzmatazz

CRÓNICA | Spiritualized, plenitud en Razzmatazz

A lo largo de más de tres décadas, contando su etapa inicial en Spaceman 3 y luego con Spiritualized, Jason Pierce ha seguido un recto camino hacia la conquista del sonido y su destilación como material trascendente. ‘And nothing hurts’ es una de esas obras que no pueden haber sido concebidas por un artista joven, que revelan una trayectoria y una mirada de largo alcance con un fondo reparador, resumen de todos los dolores y las melancolías del mundo.

Cargado con ese nuevo repertorio, Pierce regresó el viernes a Barcelona con un concierto que, repasando su historial,

resultó ser su primera cita en sala, en esta ciudad, desde que en 1998 abriera para Beck en la misma Razzmatazz (entonces Zeleste). Carne de festival, pues (Primavera Sound le ha acogido hasta seis veces), fue agradable reencontrarlo ante un público concentrado y unos muros que parecían poner límites a esa música suya concebida para desafiarlos.

La integridad del álbum

Pierce, vieja escuela, cree todavía en el concepto de álbum, y recorrió el nuevo en su integridad tras una secuencia inicial con canciones de trabajos anteriores, entre ellas un par del laureado ‘Ladies and gentleman we are floating in space’ (1998): la turbo-cósmica ‘Come together’, con el trío de voces góspel llamando a las puertas del cielo, y la pacificadora ‘Broken heart’, preludio de la escalada a su flamante Everest (o, bueno, dejémoslo en K2). Singladura que comenzó, atendiendo al orden de canciones del disco, con ‘A perfect miracle’, una de esas piezas en las que Pierce acude al ‘crescendo’ místico para llevarse al oyente por delante.

‘And nothing hurts’ no revela nuevos territorios, si bien reconstruye con buena letra, y atendiendo a unos principios inspiradores elevados (la muerte de seres cercanos, el paso del tiempo, la ternura como solución universal), las piezas de su narrativa secular. Así, cruzamos con deleite el umbral soul de ‘I’m your man’, con solo de guitarra a lo David Gilmour, hacia la sensualidad de ‘Here it comes (the road)’, y nos dejamos sacudir por los vestigios garajeros, con trance psicodélico, de ‘On the sunshine’, tocada por cánticos delirantes: “state of mind, state of mind…”

Pierce nos quiso transportar a otra realidad, y lo logró con sus métodos conocidos, jugando con la fricción entre desenlaces aparatosos y secuencias de recogimiento radical. Música vivida, de una ambición anímica fronteriza con la pretenciosidad, pero bella y emocionalmente apaciguadora. Spiritualized, que cerró con su revisión del estándar góspel ‘Oh happy day’, sigue siendo esa banda que busca (y encuentra) la inspiración y el confort más allá de la línea del horizonte.