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Cuando las ‘obras’ no son amores: José Enrique Lara y Enrique Cabanas han caído en lo que execraba el fundador del Opus Dei

Enrique Cabanas

AD.- El Opus Dei fundacional dio personalidades de bandera, ejemplares en la vida pública y que hicieron el bien a manos llenas. Personas como Alberto Ullastres, Laureano López Rodó o Gregorio López Bravo. A los dos primeros tuve la fortuna de conocerlos. A su pesar, resultaban polémicos porque su coherencia de vida representaba una bofetada moral. Santificaban el trabajo, se santificaban con el trabajo y santificaban a los demás con el trabajo. Eran muy buenos profesionales y humildes. Recordamos a Gregorio López Bravo sentado en el suelo en una tertulia con San Josemaría en el Colegio Tajamar.

Aunque las comparaciones son odiosas, en la actualidad hay también dirigentes políticos vinculados a la Obra, muchos de ellos en Vox. Enrique Cabanas y su protegido José Enrique Lara son dos de ellos. Ni tan siquiera escandaliza el dato, ni escandalizan ellos, en el buen sentido de signo de contradicción. Son como los demás, con sus mismos vicios, sus mismas componendas y sus mismas corruptelas. Daría lo mismo que fueran adventistas o chipiritifláuticos. Se han mimetizado con el paisaje y son sistema puro y duro. Han caído en lo que execraba San Josemaría Escrivá de Balaguer y que con tanta claridad, tanta fuerza y tanta visión sobrenatural avisaba en su texto conocido como “La tercera campanada”.

Quienes perteneciendo al Opus Dei están en la vida pública mienten al igual o más que el resto de los políticos; demuestran tener la misma falta de honradez política, como se ve en el caso de Cabanas, el encargado de manejar los hilos de los procesos electorales internos que vive Vox. La sal se ha vuelto insípida y ha devenido una crisis de vocaciones impresionante que no puede achacarse sólo al secularismo de la sociedad y el medio ambiente, porque, por el contrario, podría conjeturarse que la gente está buscando referencias y el Opus Dei ha dejado de serlo. Aquellos hombres ejemplares, de rompe y rasga, no admiten comparación con estas mediocridades de estricta casta parasitaria, que viven una doble vida convirtiendo a esa parte de la Iglesia que es el Opus Dei en prácticas religiosas privadas. Una completa perversión del espíritu fundacional.

Cuando las personas están en la vida pública se les debe exigir un plus de ejemplaridad. Puede ser débil y pecador, pues todos lo somos. No se trata de eso. Para eso están el arrepentimiento y la confesión. Se trata de una conducta lineal y persistente, de un uso constante de la mentira, de una avaricia irrestricta, de la falta de escrúpulos morales para convivir e incluso lucrarse con la corrupción.

En las pasadas elecciones municipales, Lara impuso de número 1 en la lista de Marbella a la ex gerente de un club de alterne de lujo. Es una contradicción moral de libro. Durante su etapa de presidente de Vox en Málaga ha mantenido a veces las peores formas, ha engañado a los afiliados, ha mentido, ha sido prepotente, ha laminado a los mejores y promocionado a otros que nunca habrían hallado acomodo político de otra forma.

Esto es de una extraordinaria gravedad, porque en esta crisis de fe y moral que padecemos, el Opus Dei tenía un papel decisivo marcado por la Providencia divina, como refleja San Josemaría Escrivá de Balaguer en “La tercera campanada”, que el tiempo pone cada día más de manifiesto. “Toda una civilización se tambalea impotente y sin recursos morales” y cuando la gente ha buscado referencias, no las encuentra. “A grandes males, grandes remedios”, decía el santo Fundador del Opus Dei, y porque los males son muy grandes, el gran remedio era la Obra. Damos por sentado que hay mucha gente buena y piadosa en esa institución católica, pero quienes están en la vida pública, como es el caso de Lara y Cabanas, no son ejemplares y eso es muy grave en un momento tan crítico de la historia de la Iglesia y de la Humanidad.