Inicio Actualidad Cuatro mandatarios sudamericanos ante el azote de la justicia

Cuatro mandatarios sudamericanos ante el azote de la justicia

LUIZ INÁCIO LULA DA SILVA

“¿El apartamento es suyo?”, quiso saber el juez Sergio Moro. “No”, le respondió Luiz Inácio Lula da Silva. “¿Seguro?”, volvió a preguntar. “Seguro”, le contestaron. “¿Entonces no es suyo?”, repitió Moro. Y el expresidente respondió lo mismo. “¿Ni un poquito?”, insistió el juez. “No”, volvió a decirle. Moro parecía no escuchar esas palabras. “¿O sea que usted niega que sea suyo?”, inquirió. “Lo niego”, enfatizó sin suerte el interrogado, antes de que el juez machacara otra vez: “¿Y cuándo lo compró?”. El diálogo, con sus ribetes de comedia, fue filtrado por la prensa de Brasil antes de que Moro condenara a Lula a nueve años de cárcel por haber aceptado como soborno un apartamento en el balneario paulista de Guarujá de parte de una constructora, aunque no se encontró una sola prueba incriminatoria.

El expresidente nunca ocupó ese inmueble. Ni siquiera lo conoció. Moro basó su condena por corrupción pasiva en un correo electrónico y el testimonio de un arrepentido, y tras desechar a 73 testigos que negaban que la propiedad fuera de Lula. Un tribunal de segunda instancia incrementó luego la pena a 12 años de cárcel que el exmandatario comenzó a cumplir el pasado abril. A esos jueces les bastó con tener la “convicción” de que el delito existió. Como consecuencia de las dos sentencias, Lula fue impedido de participar en las elecciones presidenciales de octubre a pesar de tener una intención de voto del 40%. Así lo decidió la justicia electoral en medio de fuertes presiones militares.

CRISTINA FERNÁNDEZ DE KIRCHNER

Le auguraron un desfile permanente por los tribunales al abandonar la presidencia. Y es lo que está sucediendo. Cristina Fernández de Kirchner afronta numerosas causas en su contra. Se la acusa de haber promovido un acuerdo con Teherán para interrogar a un grupo de iranís presuntamente involucrados en un atentado terrorista de carácter antisemita que mató a 85 personas en 1994. La investigan a su vez por la muy confusa muerte del fiscal Alberto Nisman, quien había denunciado ese acuerdo aprobado por el Congreso y que nunca llegó a cumplirse.

Le abrieron dos expedientes por supuesto enriquecimiento ilícito y otro relacionado con una decisión política tomada durante su Gobierno en relación a la cotización del dólar a futuro. El juez Claudio Bonadio cree que ella ha liderado una asociación ilícita que cobraba sobornos de empresarios a cambio del otorgamiento de contratos de obras públicas. Bonadio se basa en los ocho cuadernos escolares escritos con todo lujo de detalles por un exsargento mientras conducía el automóvil de un subsecretario de Estado. En sus páginas describió la presunta trama de negocios paralelos. Las confesiones de empresarios y expolíticos parecen confirmar lo escrito. Centeno quemó los cuadernos y a la justicia no le parece relevante saber cuándo se han escrito. Ni siquiera sometieron su grafía a una pericia caligráfica. Parece alcanzar con las coincidencias de tiempo y lugar entre los registros del conductor y los movimientos de personas en edificios públicos.

RAFAEL CORREA

El pasado 3 de julio, una jueza del Tribunal Nacional de Justicia de Ecuador emitió una orden de captura internacional del expresidente Rafael Correa y dispuso su prisión preventiva. Se le acusa de estar detrás del intento de secuestro en Colombia del diputado ecuatoriano Fernando Balda, en el 2012. “Fiscal puesto a dedo, vinculación sin ninguna prueba”, respondió Correa desde Bélgica, donde reside desde el 2017. La tentativa de secuestro tuvo lugar después de que el legislador se escapara del país para evitar una condena por calumnias contra el entonces mandatario. El vehículo donde iba directo a Ecuador fue inesperadamente interceptado por la policía colombiana. Balda, quien fue finalmente extraditado para cumplir una sentencia de dos años, se consideró víctima de un “crimen de Estado“.

La petición de captura contra Correa se conoció cuatro días después de que el vicepresidente de los Estados Unidos, Mike Pence, concluyera su visita a Quito, felicitara a las nuevas autoridades por su compromiso en la lucha contra la corrupción y  anunciara el fin de 10 años de tensas relaciones bilaterales. Correa había ordenado en el 2006 el cierre de una base militar de EEUU en Mantua.

El caso Balda no es el único en curso. En el 2008, el entonces mandatario expulsó a la constructora brasileña Odebrecht, pero ahora un tribunal quiere investigar si antes había recibido favores. El actual presidente y efímero delfín de Correa, Lenin Moreno, quiere a su vez responsabilizarlo del juicio que ha perdido Ecuador contra la empresa petrolera estadounidense Chevron.

PEDRO PABLO KUCZYNSKI

Desde la caída del fujimorismo, a fines del año 2000, Perú eligió cuatro presidentes. Tres de ellos, Alejandro Toledo, Ollanta Humala y Pedro Pablo Kuczynski (PPK), tienen problemas con la justicia con un denominador común: la constructora brasileña Odebrecht. Toledo huyó del país. Humala estuvo en la cárcel y Kuczynski, quien renunció para evitar ser destituido, no puede abandonar Perú. Parte de sus bienes fueron confiscados. PPK había indultado al Alberto Fujimori a cambio de protección en el poder de parte los hijos del autócrata, los congresistas Keiko Kenji. La difusión de unos videos donde se mostraba una presunta compra de votos a congresistas del fujimorismo para que se pronunciaran en contra del pedido de vacancia (petición de destitución del presidente “por incapacidad moral”) que afrontaba el mandatario,  selló sin embargo su suerte. Keiko aprovechó entonces para arrinconarlo en el Parlamento. PPK tuvo que abandonar la jefatura de Estado de manera vergonzante sin que eso le terminara de deparar tranquilidad. La sombra de Odebrecht todavía lo persigue.

El neoliberal Kuczynski comprobó la amarga paradoja que le ha deparado la política: ahora es el octogenario Fujimori el único ex gobernante que no puede volver a ser juzgado. Días atrás, la Corte Suprema le rechazó a PPK otro recurso de amparo. Amargado, sin respaldos, PPK recurrió a las redes sociales para advertirle a Martín Vizcarra, el presidente interino que lo sustituyó, el partido de Fujimori hija que domina el Congreso, urde una conjura en su contra y puede terminar como él.