Inicio Actualidad Cuba, espero equivocarme – La Gaceta de la Iberosfera

Cuba, espero equivocarme – La Gaceta de la Iberosfera

¿Usted recuerda a Fidel Castro en el verano de 1994, cuando sucedieron las manifestaciones conocidas como El Maleconazo, cuando solo con su presencia acabó la manifestación? ¿Usted recuerda a Castro, como miles de veces, con la narrativa de víctima de Estados Unidos, culpando al embargo de todo el hambre y la escasez en que había sumido al pueblo cubano? Y luego, a pocos días de las manifestaciones, 11 de agosto, Castro dio la orden a sus tropas guarda fronteras de no impedir las salidas “ilegales” del país. Fue lo que se conoció como la Crisis de los Balseros

En estos días he seguido con interés periodístico las protestas del pasado 11 de julio, cuando Miguel Díaz-Canel, emulando a su antecesor, también se presentó en la manifestación en Antonio de los Baños. 

Y llama la atención que la mayoría de ellos eran niños o no habían nacido cuando la llamada revolución atrapó a Cuba. Ellos no han vivido la libertad, pero, por una condición que es esencia del ser, la anhelan, la necesitan. Que digan que una crisis económica, sanitaria, cortes de electricidad … ¡en esas han vivido varias décadas! En la época de la manifestación del Maleconazo, los cubanos se encontraban en el “Período Especial” luego de la eliminación de subsidios de la antigua Unión Soviética. Es cierto que hoy es una Cuba distinta desde el punto de vista de que tienen internet y todo lo que implican las redes sociales. 

Pero lo determinante es que el pueblo en la calle no basta para sacar este tipo de regímenes. Lamentablemente, solo terminan más subyugados por el victimario. Recuerdo en Venezuela tantas y tantas veces que se salió a la calle. Una de ellas, fueron jóvenes que de igual manera lo único que habían conocido era la figura de Hugo Chávez, no conocían alternancia de poder, no conocían una verdadera democracia… ¿Qué pasó con ellos? La mayoría vive hoy fuera del país. En aquel momento, la reacción de la comunidad internacional fue muy parecida: tibias declaraciones de organismos internacionales en defensa de los Derechos Humanos, gobiernos de la región con la misma cartilla – unos, más que otros…

En fin, que la receta de los regímenes comunistas es la misma. Cambia en los detalles para adecuarse a las circunstancias de cada país y a su inconsciente colectivo. Cuando vi el rostro de un cubano, con 100 años de dolor, clamando con angustia, y sin aliento, que el pueblo de Camagüey saliera a la calle, me sacudió. Pensé en Venezuela. Pensé que lo que ignoran los pueblos es que estos regímenes comunistas llegan para quedarse. Ojalá me equivoque.   

Quiero ver a Cuba libre. Quiero ver a Venezuela libre. Espero equivocarme en que no lo veo ni remotamente cercano. Todo, en ellos, está absolutamente muy calculado.  


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