Dar a la luz con salud, un reto que persiste en el mundo en desarrollo

Si el Paraná, en el sur de Brasil, fuera un país, ya habría cumplido la meta global de las Naciones Unidas para 2030 de reducir la tasa de mortalidad materna a menos de 70 por 100.000 nacidos vivos (NV). Pero, a pesar del gran avance, había un hecho que preocupaba a los especialistas locales en salud: después de que el estado alcanzara el nivel de 65,11 muertes / 100.000 NV en 2001, la cifra cayó apenas un 0,2% en los 10 años siguientes.

Una investigación para entender los motivos reveló que el 85% de las muertes maternas eran por causas evitables, como la enfermedad hipertensiva del embarazo y las hemorragias. Y más específicamente, el 71% de las muertes estaban relacionadas con la falta de atención de salud durante todas las etapas: prenatal, parto y posparto.

Los problemas encontrados en la investigación paranaense todavía son comunes en el resto del mundo. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), unas 830 mujeres mueren diariamente en el planeta debido a causas evitables relacionadas con el embarazo. La institución no informa cuánto representa eso en términos porcentuales con respecto al total, pero sí que son las principales responsables y que el 99% de las muertes ocurren en países en desarrollo, como Brasil.

Y justamente por estar en un país en desarrollo, Paraná puede convertirse en modelo para América Latina y el mundo. En los últimos seis años, el estado ha logrado reducir en un 30% la mortalidad materna y en 14% la mortalidad infantil. Estos son los principales resultados de una inversión de R$ 630 millones (197 millones de dólares), hecha en asociación con el Banco Mundial. Los recursos fueron destinados a la atención primaria, ambulatorios y hospitales, así como en la capacitación de 47.000 profesionales de salud.

Una de las innovaciones del trabajo es una estratificación de las gestantes y los niños. Las embarazadas se clasifican como de riesgo habitual (cuando no presentan factores de riesgo individual, sociodemográfico, de historia reproductiva anterior o enfermedad), intermedio (si existen factores relacionados a la raza, etnia, edad, baja escolaridad e historia reproductiva) o alto (si hay condiciones preexistentes, como trombosis, o algunas enfermedades específicas de la gestación, como infección urinaria de repetición).

En el momento en que la gestante está estratificada como de riesgo intermedio o alto, la atención se duplica. “Ella sigue siendo atendida en la unidad de salud más cercana a su casa y pasa a ser acompañada también por un ambulatorio que cuente con un equipo multidisciplinario, incluyendo enfermeros, obstetras, psicólogos, asistentes sociales, farmacéuticos y otras especialidades”, explica la coordinadora de la Red Madre Paranaense, Débora Bilovus.

Añade que el 85% de las gestantes del estado saben por adelantado dónde tendrán sus bebés: “Cuando llegue el momento, ella no va a necesitar andar de hospital en hospital porque ya tiene una referencia garantizada”.

Este video muestra que el acompañamiento da más tranquilidad tanto a las madres como a los equipos que las atienden. “Se trata de una referencia en el sistema de salud brasileño porque integra iniciativas y recursos de forma racional para prestar servicios de calidad a la sociedad. Es un trabajo que puede y debe ser reproducido en otros lugares”, afirma Ezaú Pontes, especialista en salud del Banco Mundial.

Mariana Kaipper Ceratti es productora online del Banco Mundial

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