David Adán, ganador de «El Puente» (#0): «Es una película con final feliz»

Para David Adán Tomás, «El Puente» no terminó en marzo de 2017 (tras finalizar su grabación) sino la noche del lunes 17 de julio de este mismo año con la emisión de la última entrega del reality: «Tengo sensaciones encontradas: con muchas ganas de verlo pero con mucha pena de que se acabe». Tan sólo hay que ver su cuenta de Instagram
para comprobar el premio más valioso que le ha gratificado el formato: amistades. «Ha sido un regalo que me ha dado la vida el poder vivir esa experiencia y verte en un espejo: ver cómo reaccionas ante situaciones difíciles, cómo discutes, cómo te manejas en un grupo de personas que son completamente desconocidas». Para él, el aprendizaje ha sido doble: de sí mismo y de otras personas. Sin olvidar, eso sí, los 16.200€ que reconoce, irán principalmente a borrar algún cero de su hipoteca y «pasar un verano gracioso». «Tengo la sensación de que al final [«El Puente»] es una película con final feliz», celebra.

A lo largo de ocho entregas, «El Puente» («Esto no es un reality al uso», clama David) ha mostrado a 15 concursantes intentar construir no sólo un puente físico sino también uno «emocional» (tal y como reivindica su ganador) en la Patagonia Argentina. El formato, inédito a nivel mundial y producido por Zeppelin TV (productora responsable de «Gran Hermano»), fue grabado durante febrero y marzo de este mismo año y ha sido emitido entre el 29 de mayo y el 17 de julio en la cadena #0 (Movistar+) durante la noche de los lunes. La dinámica, sencilla a más no poder: durante un mes, debía construirse un puente de 300 metros para llegar a pie al premio del concurso: 100.000€. Sin embargo, tal y como sus participantes descubrieron durante el segundo y tercer programa (con disgusto incluido del que acabaría siendo su campeón: «Me pareció estar metido en “Los juegos del hambre”»), aquellos 100.000€ irían a parar a las manos de solo uno de ellos. Una decisión que debía ser votada entre los 15 y una cantidad que podría ser repartida por su propietario bajo los términos que exclusivamente fijara.

Ha sido un regalo que me ha dado la vida el poder vivir esa experienciaDavid Adán Tomás
Sería a partir de entonces, cuando las estrategias y los conflictos emergieran a la par que debían aunar fuerzas para construir la plataforma, convivir en falsa armonía y hacer frente a reveses como el temporal o el quedarse sin los suministros de material por parte del programa. ¿El resultado? La formación de dos bandos cuyo enfrentamiento sería el leitmotiv de lo que quedara de programa. Uno de los bandos, liderado (con una «estrategia involuntaria») por David Adán, el ganador: «Nosotros estábamos haciendo lo correcto y teníamos un planteamiento bonito del programa». Para él, lo más difícil fue la convivencia, entenderse entre ellos y trabajar en equipo sin tirarse «los trastos a la cabeza». Dos bandos, dos conceptos de programa según David: «Uno en el que el programa era un concurso de 100.000€ en el que se iba a concursar y sobre todo a ganar [en alusión a la dupla de Jo y Raúl] y otro en el que el programa significaba algo más profundo; no era solo sobre dinero ni ganar sino construir un puente material e interior, vivir una experiencia bonita».
Paula Vázquez en «El Puente»- Movistar+
El programa no solo ha supuesto el regreso de Paula Vázquez a la televisión (tras su último paso por Antena 3) y a un género que le brindó alegrías en el pasado («La isla de los famosos» en A3 y «Pekín Express» en Cuatro) sino también una vuelta de tuerca al reality, más cercano al espíritu de «El Traidor» (aquel presentado por
Luis Larrodera
) de los primeros tiempos de Cuatro que al del longevo «Gran Hermano» de Telecinco. «El Puente» se vendió como un acercamiento formal a la ficción y al documental a través de una realización, producción y edición de aúpa (propios de otros formatos de la cadena como el «Tabú» de Jon Sistiaga), digresiones temporales (el programa solía presentar mediante flashforward una situación delicada al principio de cada entrega para luego dar marcha atrás) y una presentación de sus concursantes al más puro estilo «Perdidos»: dos por programa con flashbacks inclusive.

El misterio era latente: ¿qué historia había detrás de cada uno? Lo que, en un principio, parecía un hándicap (el no poder conectar con todos los concursantes o el no reconocerlos al no ser presentados apropiadamente), acabó convirtiéndose en una de las bazas fuertes del formato. Pero, ¿qué ha supuesto «El Puente» para David Adán? «Ha sido un privilegio participar en este experimento audiovisual». Iba a ser su primer contacto con la televisión y tenía sus «prejuicios de cómo podía funcionar la tele», especialmente por su guionización. «Ha sido todo tan bonito, tan puro y tan fairplay… La experiencia ha sido completísima», resume. Él ya había viajado mucho por lo que, ¿qué le llamaba más de entrar a «El Puente»? «Hacer algo completamente diferente a lo que había hecho». Y lo consiguió, cumplió totalmente sus expectativas.

Clyde, Raúl y Jo fueron los más perjudicados en el reparto del premio por parte de DavidEn esta octava y última entrega sólo faltaba un concursante por conocer más a fondo: Juan. ¿Sería él el ganador de la primera edición de «El Puente»? Estuvo cerca pero no. A falta de la entrega final, el programa ya había resuelto el desenlace de una de sus dos grandes premisas: la construcción del puente. Ya solo quedaba por saber la identidad del ganador y su decisión final con respecto al premio. Tras una primera votación, se produjo un triple empate entre David, Raúl y Juan, recibiendo tres votos cada uno. Había que volver a votar, ahora solamente entre ellos tres. Tras esta segunda votación, David sería proclamado vencedor con seis votos, uno más que Raúl y dos más que Juan. Pero el programa, no dando puntada sin hilo, comunicaría a David que debía pasar la noche a solas para decidir qué hacer con el premio.
Al día siguiente, la polémica era servida: David entregaría de los 100.000€, 6.100€ a todos los concursantes menos a cuatro; Clyde sería el más afectado recibiendo tan solo 4.500€ («Me he sentido discriminado», diría posteriormente en su confesionario particular); Raúl y Jo recibirían 6.000€, cuyos 200€ irían a parar a Wafa, quien por su cumpleañeros, recibiría 6.300€. Un «piquito» y una «collejita final» que, confiesa, le costó pero también le hizo sentir placer. «Fue algo espontáneo. Eso fue un poco tocar la fibra sensible de ellos; se lo merecieron, hicieron méritos», cuenta. ¿El bote del ganador? 16.200€. Un reparto no exento de crítica por parte de algunos de sus compañeros, tal y como pudo verse durante los últimos minutos de la final. Incluso de algunos que celebraron su victoria como Silvia.

David Adán durante la entrega de los 100.000€ en «El Puente»- ABC
Una idea («¿Cómo lo repartiría?» se preguntaba David allí, seguro de la injusticia de un reparto proporcional) que cobraría fuerza durante el ecuador del programa; y un reparto que bajo otras circunstancias hubiera sido distinto pero al que el programa se anticipó. Podría haber habido un desenlace alternativo, según relata David: «Cuando acaba la votación y me proclamo ganador, si en ese momento en caliente me dicen “venga, a repartir el premio”, yo lo doy a partes iguales a todos por la emoción y euforia de haber ganado». Aquella noche en la soledad le hizo dormir con el concepto de «El Puente» como concurso; él estaba seguro de que no se iba a marchar con los 100.000€ («Nos dejamos la piel en ese puente todos, en mayor o menor medida») pero la almohada acabó convenciéndole de llevarse «un poquito más».

David confía en «que no les haya importado» a sus compañeros. Pero sí les importó a Raúl, Jo y Clyde. Durante los últimos minutos de la final, Jo y Raúl no dudarían en afirmar que David no se merecía el premio. «Lo que venga de ellos dos tampoco me puede afectar mucho porque las únicas personas que se merecían el premio según ellos, eran ellos mismos; fueron a ganar a toda costa», se sincera el vendedor. «Estratégico» sería uno de los adjetivos que Jo utilizara para definir a David, quien, sin embargo, le da la razón. «Tuve una estrategia pero involuntaria, propiciada por su comportamiento», reconoce para continuar: «Mi estrategia fue enfrentarme a ellos porque tenían unas ideas y unos conceptos de sí mismos y del resto que no me parecía adecuado ni apropiado».

Nos dejamos la piel en ese puente todos, en mayor o menor medidaDavid Adán Tomás
Pero para David, a pesar de todo, no todo es blanco o negro ni ha habido villanos en el concurso. «No me gusta poner etiquetas. Si esto hubiera sido una película, hubiera tenido un final feliz», asegura. Para el triunfador, ganó una idea más amistosa y no tan egocéntrica de concursar para ganar. «¿Buenos y malos? Todos lo somos en parte», reflexiona .Y es que, en «El Puente», como en los mejores guiones de ficción, sus personajes de carne y hueso han gozado del beneficio de las aristas. A lo largo de estas siete semanas de emisión, David se ha reconocido en pantalla al 100% e incluso ha reafirmado su comportamiento a excepción de una astilla clavada.
Una astilla que David conserva al hablar sobre los 4.500€ entregados a Clyde. Pero no por la cantidad («He sido bastante generoso») sino por el cómo: «Me arrepiento de no habérselo explicado mejor». David no quería crear «un mal rollo» mientras se producía el reparto del bote bajo el propósito de «acabar de una forma bonita». Sin embargo, un buen propósito condujo, según deduce el ganador, a un malentendido: «Se lo tomó [Clyde] como que le había discriminado por discapacidad y no le he marginado por eso». David entiende que Clyde no pudiera levantar peso pero cree que podía haber desempañado «muchas otras tareas» como fregar, cocinar o cortar cuerda. «El Puente» se despidió anoche con la puerta abierta a más ediciones (¿nacionales, internacionales?) en forma de más luces rojas alrededor del mundo y con una canción: «Equilibrios» de Elefantes.

Los concursantes en el campamento- Movistar+
«El Puente» como radiografía de nuestra sociedad
David Adán considera que el reality ha tenido «algo de psicología, antropología, documental y relaciones humanas». Él lo tuvo y tiene claro: «Ha habido tics sociales que se respiran fuera y se respiraron dentro también. Ya lo dije en un principio: “imaginad que tenemos que empezar una sociedad desde cero, no cometamos los errores que se cometen fuera: considerémonos todos iguales, uno tiene más fuerza pero otro más maña, nos complementamos»

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