De la Iglesia y Manzano, una pareja en el lado salvaje

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Sin realizar películas autobiográficas en sentido estricto, De la Iglesia puso bastante de sus experiencias personales en las películas que dirigió a partir de los años 80. Se enganchó irremediablemente a la heroína a mediados de esa década, cuando tenía ya 40 años, y quizás el bagaje previo, a diferencia de gente que se vuelve adicta al caballo mucho más joven, le sirvió para racionalizar la situación de un modo distinto. Según confesó después, tomó heroína durante cuatro años y pudo salirse a tiempo, pero también reconocía que lo peor no es desengancharse de la droga, sino salir de la situación de marginalidad en la que esta te ha hecho caer.

Esta etapa de su vida está muy ligada a José Luis Manzano (1962-1992), a quien descubrió mientras preparaba el cásting de ‘Navajeros’. De la Iglesia lo escogió para interpretar al personaje inspirado en ‘el Jaro’, un delincuente precoz y de vida corta. Mantuvieron una complicada relación sentimental y el director se encargó de encauzar su carrera, aunque apenas le dejó trabajar con otros cineastas. Solo hizo aparte ‘Barcelona sud’ (1980), de Jordi Cadena, en un pequeño papel y cambiando la crudeza barriobajera de Madrid por una Barcelona de extrarradio más sofisticada, y ‘Los pazos de Ulloa’ (1985), la miniserie de Gonzalo Suárez ambientada en la Galicia rural del siglo XIX. De la Iglesia lo dirigió en ‘Navajeros’, ‘Colegas’, ‘El pico’, ‘El pico 2’ y ‘La estanquera de Vallecas’.

En ‘Navajeros’ debutaría otro rostro carismático de esa mezcla de realidad y ficción que fue el cine quinqui, José Luis Fernandez Eguía, apodado ‘Pirri’. La actriz mexicana Isela Vega encarna a una prostituta seis años después de haber realizado un cometido similar para Sam Peckinpah en ‘Quiero la cabeza de Alfredo García’. Es ella quien intenta apartar de la delincuencia y de las drogas a ‘el Jaro’, lo mismo que quiso De la Iglesia con Manzano. Pero fue el cineasta quien cayó en la heroína.

Película sepulcral

En ‘Colegas’, Manzano compartió protagonismo con los hermanos Antonio y Rosario Flores, bastante menos creíbles como quinquis; una concesión comercial de De la Iglesia. Vista hoy, es una película prácticamente sepulcral: solo Rosario Flores ha sobrevivido. Entre rupturas y reconciliaciones, entre drogas y rodajes, De la Iglesia dio a Manzano su primer papel verdaderamente importante en ‘El pico’: ya no se interpretaba a sí mismo. En los primeros 90, Manzano logró desintoxicarse. Mantenía reencuentros periódicos con De la Iglesia, pero ambos habían sido marginados por la industria cinematográfica. Ya no interesaban ni su estilo ni las temáticas que abordaron. El cine español se había vuelto más ‘clean’.

Manzano ingresaría en la cárcel en 1991 tras ser acusado de intento de robo en la calle. En prisión volvió a tomar heroína. Un año después apareció muerto de forma violenta en un piso de Madrid propiedad de De la Iglesia. El libro de Eduardo Fuembuena ‘Lejos de aquí’ es la crónica de esa época y de esos personajes, con De la Iglesia y Manzano como antihéroes desarraigados del lado oscuro, salvaje, lumpen y violento de la España de la transición.