De tapas con Méndez de Vigo por el barrio de Chueca

Mucha gente se considera vecino de un barrio, no sólo por vivir en él, sino también por trabajar allí. En el caso del ministro de Educación, Cultura y Deporte, vive y trabaja en el mismo barrio: Chueca

Tras décadas viviendo de avión en avión y de hotel en hotel, Íñigo Méndez de Vigo va ahora andando al despacho. O al menos a dos de sus tres despachos. Desde el piso en el que se instaló hace un cuarto de siglo, su oficina en el Ministerio de Educación en la calle Alcalá dista menos de 500 metros. Allí acude por las mañanas. Bastante más cerca está el despacho del Ministerio de Cultura en la plaza del Rey, a donde el ministro va por las tardes hasta que los jueves tiene que tomar el coche e ir al despacho que tiene en la Moncloa como portavoz del Gobierno. Allí prepara sus funciones de altavoz ante los medios de comunicación para la rueda de prensa post consejo de Ministros los viernes a mediodía.

Méndez de Vigo es un entusiasta de su barrio al que ha visto recuperar el esplendor que se le atribuye haber tenido hace un siglo. Para empezar el recorrido nos cita en la periferia de Chueca, en el bar del Teatro de la Zarzuela donde nos espera el director de la institución, Daniel Bianco, con el profesor Emilio Casares, uno de nuestros grandes especialistas en don Pío Estanislao Federico Chueca y Robres máximo representante del «género chico» español. El Teatro de La Zarzuela lo erigió como alternativa al Teatro Real Francisco Asenjo Barbieri, el maestro de Chueca a quien éste se dirigía como «Querido papá…».

Tosta de boquerones en el Teatro de La ZarzuelaTosta de boquerones en el Teatro de La Zarzuela– M. NIETO

Ellos dos encarnan la esencia de la zarzuela y, si bien Barbieri fue el maestro de Chueca, de manera un tanto sorprendente el maestro sólo dio nombre a una calle de Madrid mientras que el que fuera su alumno -aventajado, pero sólo alumno- dio nombre a un barrio entero. Antes de adentrarnos en Chueca, en el bar del Teatro de La Zarzuela tomamos un txacolí y un pincho de boquerones que destaca entre varios de influencia claramente vasca. Este bar, en la primera planta del teatro, se va a extender ahora a la calle, a la misma puerta colocará una terarza en la calle Jovellanos, lo que puede hacer de él un sitio de referencia.

El ministro con Carlos Padura, propietario del Mercado de la ReinaEl ministro con Carlos Padura, propietario del Mercado de la Reina– M. NIETO

Chueca fue un hombre de bares y en el barrio que lleva su nombre es difícil hacer una pequeña selección. Íñigo Méndez de Vigo empieza por un establecimiento que ya tiene una década de antigüedad: el «Mercado de la Reina». Con entrada por la Gran Vía y por la calle de la Reina este «Mercado» que es en realidad un restaurante al que no se va a mercadear sino a tomar una copa o a comer en mesas altas o bajas. Surgió cuando su propietario, Carlos Padura, se dio cuenta de que la Gran Vía se estaba viendo colonizada por establecimientos extranjeros: desde las varias cocinas asiáticas a las hamburguesas de variada factura.

Frente a eso Padura abrió un establecimiento inspirado en lo que ya hacía desde un lustro antes en «Diurno», en la esquina de San Marcos con Libertad. Éste «Mercado…» es un restaurante abierto todo el día, desde el desayuno hasta las 2,00 de la madrugada, complementado con una barra de «gin-tonics». Padura sostiene que «el restaurante de 13,00 a 17,00 y de 21,00 a 00,00 ya no es un modelo de negocio». Se hace imprescindible explotar el potencial de las horas extras y Padura apuesta por ello con una constante promoción fuera de España por medio de las redes sociales. Hay una carta muy completa, pero el ministro opta por la ensaladilla en la que dice ser un especialista aunque el grado de autoridad se lo disputa el conocido gastrónomo Íñigo de la Riva, presente también en la sala. Los elogios son abundantes y me atrevería a decir que más que merecidos. El picoteo se completa con una cerveza y con un carpaccio de presa ibérica y un pulpo que compensan los hidratos de carbono de la primera tapa.

Bocaíto, clásico bar andaluz

El ministro dialoga con Concha Ortega, propietaria del Restaurante El BocaítoEl ministro dialoga con Concha Ortega, propietaria del Restaurante El Bocaíto– M.NIETO

Muy cerca del «Mercado de la Reina» está el histórico «Chicote» que se ha quedado el propio Padura frente a la posibilidad de que lo comprasen inversores rusos. Fue más por pasión que por negocio. Y aunque sigue siendo una coctelería, le han añadido un pica-pica a la vez que se le devolvía el mobiliario que tenía la sala en la década de 1930.

Méndez de Vigo echa a andar por Chueca con la seguridad de quien se sabe en casa y nos lleva hasta Bocaíto, un clásico bar andaluz en la calle Libertad donde nos recibe su propietaria Concha Ortega Fernández. Concha y sus camareros recuerdan el último día que estuvo allí el ministro, unas semanas atrás. Serían las ocho de la tarde y Méndez de Vigo llegó procedente del Senado con algunos colaboradores e hicieron parada antes de dirigirse cada uno a su casa. El bar estaba vacío y mientras bebían y picaban entró una multitud de japoneses siguiendo a un cámara y una estrella de la TV nipona que explicaba el lugar. A falta de alguien mejor, la intérprete de los japoneses se dirigió a Méndez de Vigo para saber si le podían hacer unas preguntas. Respuesta afirmativa. El periodista inquiere sobre las características del local y obtiene concisa y rigurosa descripción. Sigue el cuestionario «¿Por qué viene usted aquí?», «Porque vivo y trabajo cerca». «¿En qué trabaja usted?» «Soy el ministro de Cultura». Periodista nipón boquiabierto, dos docenas de japoneses doblando una y otra vez la cerviz con las manos ante su pecho cual si rezaran el Padrenuestro y traductora pidiendo perdón por no haberlo reconocido.

Tosta de paté de bacalao con caviarTosta de paté de bacalao con caviar– M. NIETO

Íñigo Méndez de Vigo confiesa al fin que no va allí porque le coja cerca de casa sino por la calidad de su producto, como la inigualada tosta de paté de bacalao con caviar o la tosta de gambas que él acompaña de un fino. No en vano, este local reivindica haber implantado en Madrid el término tan extendido de «tosta». Antes de partir llega el director de cine Andrés Vicente Gómez, que comparte una tapa con el ministro y su compañía mientras espera a su colega Jaime Chávarri con quien se ha citado allí a almorzar.

El ministro todavía quiere visitar uno de los centros que ha representado el mayor cambio en Chueca en todos estos años: el Mercado de San Antón. Erigido en 1945 con los materiales de la calidad imaginable en la España de la postguerra, en la década de 1990 se iba quedando vacío. Los comerciantes poco a poco abandonaban los puestos. Pero dos de ellos a los que les iba mejor que a otros, Octavio Rodríguez Toledano, el charcutero, y Valentín Álvarez Rodríguez, el carnicero, pusieron en marcha su empeño por salvar el mercado.

Fue necesario poner de acuerdo a todos los comerciantes, algunos de los cuales se fueron por no compartir la visión del negocio. Esa tarea se prolongó entre 1996 y 2006, año en que empezó una obra que duró hasta 2011. Hoy es un mercado de verdad, con comercios en los que se despacha producto y toda una planta baja que alberga un «Supercor». Pero los comercios de las plantas superiores acogen también bares y restaurantes. Entre ellos el ministro, al que se le acercan sin parar simpatizantes a pedirle fotos con él, escoge hacer posada en «La Charcutería de Octavio» y en su «Trastienda» probamos unas supremas ostras de belón, una heterogénea variedad de quesos y, marca de la casa, un jamón que aún con todo lo ya digerido, desborda las lágrimas, regado por un Ribera de Duero blanco.

Comida en Arce

El ministro con Iñaki Camba, en ArceEl ministro con Iñaki Camba, en Arce– M. NIETO

Todo tiene un límite y el ministro decide que la ruta concluya en Arce, el restaurante de Iñaki Camba, que no es un bar de tapas, pero sí está entre lo mejor de lo mejor de Chueca y se justifica cerrar jornada ahí con un plato. Méndez de Vigo, nadie es perfecto, opta por una liebre, a cuya elaboración canta todo tipo de virtudes. Y de nuevo Ribera de Duero. Lo de ser diputado por Palencia, marca. Su compañía opta por una apuesta más segura: perdiz.

La gira ha concluido y Méndez de Vigo ha demostrado conocer las tascas de su entorno vital. Pero también nos ha justificado el por qué del cargo que ostenta desde hace más años. Que no es político ni mucho menos. Esta ruta nos ha demostrado por qué Íñigo Méndez de Vigo es desde hace décadas vicepresidente de la verdaderamente prestigiosa Cofradía de la Buena Mesa. Y que dure. Porque este ministro de Cultura demuestra que la gastronomía es cultura.

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