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De Terra Lliure a los CDR: la violencia del independentismo catalán

Uno de los mitos recurrentes del independentismo catalán es que este movimiento «nunca ha tirado ni un papel al suelo», que es «democrático» y, sobre todo, es «pacífico». Ayer, poco después de que la Guardia Civil, por orden de la Audiencia Nacional, detuviera a nueve independentistas radicales acusados de terrorismo, entre otros delitos, los líderes políticos secesionistas repitieron estas premisas.

Sin embargo, los autodenominados Comités de Defensa de la República (CDR) —que nacieron, antes del 1-O, bajo el nombre inicial de Comités de Defensa del Referéndum— ponen en entredicho toda esta teoría, que olvida, además, la existencia de varios grupos terroristas en la historia reciente de Cataluña, como el Exèrcit Popular Català (Època) y Terra Lliure.

Aunque Terra Lliure se disolvió en 1995, antes, un gran número de militantes del grupo terrorista se integró en ERC. Así lo confirmó en el año 2006, en sede judicial, Xavier Vendrell, entonces secretario de Organización de ERC. Vendrell, precisamente, ha formado parte del llamado «estado mayor» durante todo el procés, en representación del partido que preside Oriol Junqueras, y cuya labor fue la de coordinar a los partidos en la línea estratégica del envite secesionista.

Terra Lliure dejó cinco muertos a lo largo de su historia (nació en 1978 y un año después integró a los militantes de Època, grupo terrorista nacido en 1970 ). De estos cinco, cuatro fueron de la propia banda. Sí dejó decenas de heridos, entre los que figuró, por ejemplo, Federico Jiménez Losantos. En total, aunque no hay datos concluyentes, la banda cometió unos doscientos atentados. En 1996 ya no quedaba ni un solo terrorista o colaborador de la banda criminal en las prisiones españolas.

Pese a la disolución de Terra Lliure, la violencia independentista, en diferentes grados y de forma puntual, siempre ha reaparecido en los momentos de máxima tensión política en Cataluña y los exdirigentes de la banda terrorista, así como los de su brazo político (Moviment de Defensa de la Terra, MDT), han encontrado cobijo en el establishment nacionalista.

A primeros de este mes, el expresidente autonómico catalán fugado de la Justicia, Carles Puigdemont, recibió en su domicilio de Waterloo (Bélgica) a Fredi Bentanachs, fundador de Terra Lliure y habitual en la organización de las manifestaciones independentistas de los últimos años. Bentanachs, diez días antes de la celebración del Consejo de Ministros en Barcelona, el 21 de diciembre de 2018, pidió a la población —en un vídeo en su cuenta de Youtube— un «alzamiento de la república» y, a los protagonistas de la violencia, que «no sean ataques irracionales» y sí tengan «objetivos claros». Fredi estuvo varios años en prisión a inicios de los años ochenta por pertenecer a Terra Lliure. «No me arrepiento de nada de Terra Lliure», concluía en su vídeo de 2018.

Otro «reserva del independentismo» (como le presentaron en TV3) es Carles Sastre, terrorista de Època y Terra Lliure. Para la CUP es un «jefe» y ahora lidera el sindicato Intersindical-CSC, que convocó la huelga salvaje del 8-N de 2017. Sastre estuvo en la cárcel once años por el asesinato del empresario José María Bultó. Como Vendrell, Bentanachs o Sastre, la Cataluña nacionalista acoge a sus «reservas». Jaume Martínez Vendrell (Època) tiene una calle en su pueblo natal y Jordi Argelaguet (MDT) dirige el CIS catalán desde la llegada de Artur Mas. (ABC)

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