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Demandas sociales y división sindical

El malestar social por el efecto de los recortes en Catalunya se notó con más fuerza que nunca en los últimos años la semana pasada. Por varios motivos. Han salido, o han sido convocados, sectores muy sensibles para la opinión pública, como los médicos, básicamente de la asistencia primaria, y los docentes. A los que se han sumado otros colectivos con fuerte impacto mediático en sus acciones, como los bomberos, o que se movilizan con más contundencia que otros, como los estudiantes. En la mayoría de medios de comunicación se han notado también las ganas de demostrar que en Catalunya hay vida más allá del procés y sus múltiples variantes y eso explica que la huelga general convocada en el sector público el pasado 29 de noviembre haya logrado mucha más repercusión que otras movilizaciones que han sacado más gente a la calle o han conseguido que vayan muchos menos funcionarios a su puesto de trabajo.

Es cierto que se trataba, de hecho, de un primer plato de un menú de protesta contra la inacción del Govern y esta era la novedad y la noticia. Pero también es verdad que la división de los sindicatos convocantes de estas acciones puede restarles efectividad.

Las centrales mayoritarias, CCOO y UGT, han convocado otra huelga general en el sector público catalán para el próximo 12 de diciembre. Se supone que tienen más implantación que los que llamaron también al paro general a los mismos empleados públicos el pasado jueves. Muchas de las reivindicaciones de ambas convocatorias son similares y el objetivo de fondo, la reversión de los recortes de los años de crisis tras una época de recuperación y antes de que vuelva otra recaída, es el mismo. Las estrategias sindicales pueden ser muy respetables, pero precisamente a los trabajadores a los que se llama a protestar públicamente con un coste notable en su nómina, lo que necesitan es que el golpe que obligue a reaccionar al Govern sea lo más efectivo posible. Y que se convoque de forma dividida una huelga general suena a oxímoron, a una contradicción en sí misma.

La huelga general del pasado jueves no fue, ni de lejos, un éxito rotundo de los que la organizaron. La del próximo 12, está por ver. CCOO y UGT tienen más tiempo para promoverla y el Govern también dispone de una prórroga para lanzarse a hacer promesas de mejoras salariales, o, simplemente, de equiparar el trato a los empleados públicos catalanes con el que reciben en todas las otras autonomías de sus respectivos ejecutivos de la comunidad. Empezando por cumplir su obligación de retornar las pagas extras del 2013 y el 2014.

Los sindicatos deberían reflexionar sobre el efecto que produce su falta de unidad entre los trabajadores cuando el objetivo está tan claro. Queda poco más de una semana para que las calles sean un reflejo de que es posible una demostración de fuerza o de que la división sindical está alejando a estas organizaciones de los que deben representar.