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Desde el Holocausto hasta la pandemia: La Liga Antidifamación Judía controla todo lo que se publica en las redes sociales

Monse Gil-Delgado Fernández.- El sentimiento antisemita, según fuentes hebreas, nunca deja de crecer. Es omnipresente e infinito. No se puede encontrar ni un solo pasaje de la historia del pueblo elegido (obtenida de sus propias fuentes) en el que no se haga alusión al rechazo que la comunidad judía despertó en las sociedades occidentales desde tiempos inmemoriales. No nos quieren aquí, busquemos otras tierras donde establecernos que nos ofrezca nuevas oportunidades. Tienen que huir, no les queda otro remedio. Siempre huyendo. Radio Sefarad cuenta la Historia de las Diásporas en una sección denominada “Camino a Occidente”, en ella narra las migraciones de los judíos de ascendencia germánica y sefardí hacia América del Norte, donde se instalaron gran número de personas que huían del creciente sentimiento antisemita que imperaba en Europa a mitad del siglo XIX. Es el caso del judío de origen germano Leo Frank. De buena familia europea, Frank nació en Texas en 1884 y con sus padres se mudó a Brooklyn siendo aún un bebé. Asistió a las clases de la escuela pública de Nueva York y se graduó como Ingeniero Mecánico por la Universidad de Cornell en 1906. Su tío, Moses Frank, era el principal accionista de una fábrica de lápices de Atlanta, la National Pencil Company, y puso a disposición de su sobrino un puesto como director gerente, cargo que aceptó y empezó a ejercer después de viajar a Alemania para conocer de cerca el proceso de fabricación de lápices en la fábrica Eberhard Faber. Se casó y se convirtió en un miembro activo de la comunidad judía local: en 1912 fue elegido presidente de la delegación de Atlanta de la logia masónica B´nai B´rith, la organización judía mas antigua y numerosa. Su nombre significa Hijos de la Alianza, o Hijos de la Luz. Actualmente opera en todo el mundo y tiene su sede en Washington DC, una subsede en Bruselas y diversas sucursales distribuidas por Iberoamérica. Además ejerce un papel representativo en la ONU a través de la Junta de Coordinación de las Organizaciones Judías.

El 26 de abril de 1913 una empleada de la fábrica, una niña católica de 13 años llamada Mary Phagan , cuyo trabajo consistía en insertar un trocito de goma de borrar en el extremo de los lápices, fue violada y asesinada. Su cuerpo fue encontrado al día siguiente por el vigilante nocturno de la fábrica en la parte trasera del sótano del edificio. Las señales encontradas en el cadáver de la niña indicaban que había sido sometida a terribles agresiones sexuales y que finalmente había sido estrangulada con una cinta arrancada de sus propias enaguas. Un juzgado popular encontró culpable a Leo Frank del horrible crimen y fue condenado a la horca, pero tras varias apelaciones la pena fue conmutada por cadena perpetua. El caso provocó una creciente ola de disturbios por varias ciudades del Estado de Georgia y como resultado de las revueltas, un grupo violento sacó de la cárcel a Frank. Lo secuestraron y trasladaron unos 250 km hasta la localidad natal de Mary, donde fue sometido a un linchamiento hasta que murió. Ocurrió en 1915.

El juicio despertó gran interés en los medios. Por una parte fueron muy críticos con el procedimiento que llevó a la condena de Frank pero por otro, según infortes de la época, contribuyeron a alimentar el odio hacia el culpable. Y es que resulta imposible leer una crónica de los sucesos de Atlanta sin encontrar una alusión a la injusta situación que sufrió el acusado y condenado Frank, pero muy pocas se acuerdan de la víctima, a lo atroz de su asesinato, y mucho menos al calvario por el que debió pasar su familia. Pero la Historia la escriben los poderosos.

La comunidad judía se instaló en las tesis de que Frank había sido condenado injustamente y que había sido escogido por el sistema como chivo expiatorio por su origen y por su posición más que desahogada, privilegiada para la época y el entorno. La logia B´nai B´rith aprovechó la coyuntura generada por los acontecimientos y apelando al “creciente antisemitismo que empieza a desarrollarse en los estado sureños” y al peligro de que se extienda a los estados del norte fundó en 1913 la Liga Anti Difamación (ADL). Fue impulsada por un abogado de Chicago, Sigmund Livingston, un judío de origen alemán que tras el caso Frank se afianzó en su creencia de que los judíos estadounidenses necesitaban una organización que desafiara el antisemitismo imperante. Según su página web, se crea para “detener la difamación del pueblo judío mediante apelación a la razón y la conciencia y si es necesario a la ley”. En principio la logia y la Liga van de la mano pero con el tiempo, y seguramente por una cuestión de imagen, la ADL se desliga de la B´nai y continúa su andadura en pro de la justicia como una organización independiente sin ánimo de lucro, y así fue inscrita en el registro de asociaciones de EEUU. Su lema actual, “Fighting Hate for Good”, combatiendo el odio para siempre, es toda una declaración de intenciones pues no hay nada más efectivo para llamar al odio que mentar al odio. Su misión, “detener la difamación del pueblo judío y garantizar la justicia y el trato justo para todos”, está muy en la tendencia actual que nos vende victimismo y rencor envueltos con un lazo de eufemismos y buenas palabras.

Uno de los propósitos de la Liga, que fue respaldada por numerosos abogados y fiscales americanos, fue conseguir limpiar el nombre de Frank tras ser condenado como único culpable del asesinato de la niña Mary Phagan. Finalmente, tras varios años de litigios, sus abogados solicitaron el indulto para Frank al Estado de Georgia, y en 1986 fue concedido en un segundo intento bajo pretexto que establecía que el Estado de Georgia no había sido capaz de cumplir con su deber de custodia del prisionero, y “como un esfuerzo para curar viejas heridas”. Pero jamás se anuló la sentencia ni se determinó la no culpabilidad del acusado. El indulto no exime del delito.

Actualmente es la ADL quien controla las publicaciones en Youtube, Twitter y Facebook, siempre vigilante en su tarea de filtrar los mensajes que no se ajusten a las doctrinas oficialistas. Y lo reconocen abiertamente: en 2019 el actual director ejecutivo de la Liga, que fue asesor especial de Obama, hizo una declaraciones en las que advertía claramente a Youtube para que cambiaran las políticas de la plataforma y fueran eliminados los comentarios y los videos que contradijeran los dogmas históricos establecidos, o contribuyeran a fomentar el odio, o cualquier contenido que puedan considerar ofensivo. También Facebook está bajo la lupa de la ADL sobre todo después de que la plataforma fuera amenazada con un boicot a gran escala si no controlaba los discursos revisionistas porque, según los censores de la ADL, el cuestionamiento del Holocausto constituye una intolerable incitación al odio.

Pero a día de hoy, y durante más de un año ya, los canales más perseguidos son aquellos que están ofreciendo información alternativa sobre la pandemia. Todos aquellos que no comulgan con la versión oficial, o se atreva a poner en tela de juicio la bondad del tratamiento genético que quieren inocular en la población mundial, o en definitiva, contradicen los dogmas covidianos de la OMS, son eliminados sin piedad de la plataforma. La estrategia de control de los medios y las redes sociales en cuanto al tratamiento de los datos sobre la enfermedad llamada Covid 19 fue establecida en el Evento 201, en octubre de 2019, cuando se llevó a cabo el simulacro de pandemia que curiosamente se ha reproducido tal y como fue diseñado. Y esta mordaza ha sido trasladada escrupulosamente a las redes sociales. Ahora ya sabemos quién está detrás del Ministerio de la Verdad a escala mundial. Los que deciden sobre la verdad y la mentira son los mismos que le quieren convencer para inocularse el material genético experimental. Al final todo queda en casa y todos los caminos llevan a Roma.