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Detenido un jubilado por el envío de las cartas bomba que han tenido en vilo al país

Momento en el que los agentes se llevan detenido a P.G.P. de su piso en el número 2 de la calle Clavel. / Avelino Gómez

La policía cree que el hombre de 74 años, residente en La Charca y exfuncionario en Vitoria, está detrás de los explosivos a Sánchez, Robles y las embajadas

No era un espía del Kremlin, como sostenían los servicios secretos de Estados Unidos, sino un jubilado de Miranda amigo de teorías y canales conspiranoicos. Efectivos de la Brigada Provincial de Información de Madrid detuvieron ayer en la ciudad a un septuagenario, de nacionalidad española, como presunto autor del envío de los seis sobres con material pirotécnico que fueron interceptados en distintas instituciones, entre ellas La Moncloa, entre finales de noviembre y principios de diciembre. El sospechoso, P. G. P., de 74 años y sin antecedentes penales, vivía solo (no tiene ni pareja ni hijos) en un pequeño piso de la calle Clavel del barrio de La Charca. A ojos de sus vecinos, llevaba una vida aparentemente normal y durante parte de su etapa profesional fue funcionario en el Ayuntamiento de Vitoria. Anteriormente había ocupado un puesto por oposición en Osakidetza.

El hombre que ha tenido en vilo a las fuerzas de seguridad durante dos meses, fue arrestado en plena vía pública en el marco de la ‘operación Konvert’ (‘sobre’ en ucraniano). Los agentes de los Tedax y la Policía Científica, acompañados del detenido y con ayuda de perros detectores de explosivos, procedieron al registro de su domicilio. Una vez finalizado, fue conducido a Madrid para quedar detenido y pasar mañana a disposición judicial en una causa que debido a su gravedad lleva directamente la Audiencia Nacional.

Los agentes, que también buscaron pruebas en su vehículo, estacionado en las inmediaciones, están convencidos de que en la vivienda se confeccionaron los artefactos. En la casa, de unos 40 metros cuadrados, se halló material que podría vincularle con las cartas deflagrantes. En el salón de la vivienda había una mesa de trabajo con una especie de yunque que emplearía para golpear y dar forma a unos tornillos que, al parecer, serían los mismos que se han encontrado en las bombas caseras.

Pero lo que más llamó la atención de los efectivos policiales, que durante más de seis horas revisaron minuciosamente la vivienda así como un trastero situado en la última planta del edificio, fueron unos tubos metálicos que al parecer son necesarios para la fabricación de los artefactos. Además del material susceptible de haber sido empleado en la elaboración de los explosivos, los agentes también se llevaron equipos informáticos, libros y algunos periódicos, incluido un ejemplar del diario cubano Gramma. El objetivo es tratar de esclarecer si el arrestado tiene alguna vinculación con grupos extremistas o actuaba movido por una cuestión ideológica.

Como ha asegurado a EL CORREO uno de los abogados del despacho jurídico Herrero Alegre, encargado de velar ayer por los derechos del detenido durante el registro a su vivienda, P.G.P. negó en todo momento ser el autor de los hechos y asistió impasible a todo el operativo. En más de una ocasión, dijo en voz alta que los investigadores no iban a encontrar nada en su casa y rechazó tener una orientación ideológica definida ni radical, aunque reconoció sentir más simpatía hacia la izquierda.

En este sentido, los policías consideran que está detrás de la totalidad de los envíos pero creen que actuó solo y de forma autodidacta, aunque todavía no se descarta que terceras personas conocieran o ayudaran al arrestado. Es una línea de investigación que sigue abierta.

«Era una persona muy activa en redes sociales y tiene conocimientos técnicos e informáticos», explicaron mandos de los servicios antiterroristas que, por ahora, no han encontrado ningún vínculo del arrestado con el espionaje ruso, teoría defendida por los servicios secretos de Estados Unidos y que publicaba esta semana ‘The New York Times’. El periódico aseguró que detrás de los envíos estaba el Movimiento Imperial Ruso, un colectivo de ultraderecha que cuenta con miembros, asociados e infraestructura por casi toda Europa y también en España.

Eso sí, P.G.P. –explicaron mandos de la lucha antiterrorista– es un «nostálgico» de la Unión Soviética y seguidor por internet de conocidos canales de ‘información alternativa’, que ensalzan la ofensiva rusa y la figura de Putin, al tiempo que critican a los países occidentales.

Los sellos y el troquelado

Desde el principio, la Brigada de Información centró sus pesquisas en algún residente en Castilla y León, ya que la cartas llegaron desde una provincia limítrofe al centro de Correos en Valladolid, desde donde fueron reenviadas a sus destinos. La investigación ha confirmado que todas las misivas se remitieron desde Burgos.

La otra pista clave para llegar al jubilado fueron los sellos usados, una edición conmemorativa con la imagen del Monte Santa Trega, en Pontevedra, de 2,70 euros, de solo 135.000 unidades y que solo fue distribuida en algunas oficinas de Correos el pasado 24 de abril. La tercera línea que desembocó en el septuagenario de Miranda fueron los sobres que usó en sus envíos. Todos ellos, idénticos, tenían un troquelado autoadhesivo muy particular y solo los fabrica una empresa que los vende por internet.

Esos sobres con explosivos llegaron, entre noviembre y diciembre del pasado año, a La Moncloa, a la sede del Ministerio de Defensa, a la base aérea de Torrejón de Ardoz, a las embajadas ucraniana y estadounidense en Madrid, y a una empresa de armamento con sede en Zaragoza.

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