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Dirigentes de Ciudadanos, dispuestos a negociar su integración en el PP como «corriente liberal»

En Ciudadanos saben que la llamada del Partido Popular llegará más pronto que tarde. Y también son conscientes de que, esta vez, la propuesta de Génova será la integración a través del diálogo, y no una opa hostil como la que se produjo durante el mandato de Pablo Casado.

De momento, el debate no ha llegado al seno de la Ejecutiva naranja, que todavía está asolada por el duelo fruto de las elecciones andaluzas. Sin embargo, a tenor de las fuentes consultadas por este diario, el asunto ya se comenta entre algunos dirigentes de manera informal.

Varios de ellos, algunos con mucho peso en la organización, están dispuestos a escuchar lo que el equipo de Feijóo tenga que decir. Admiten que, a diferencia de lo que podría haber ocurrido hace uno o dos años, el marco sería el de una integración en el PP, y no una lista electoral conjunta o algo por el estilo. Ya no existe músculo electoral como para pedir más.

Reconocen, fuera de micro, que el partido ha extraviado cualquier tipo de reclamo en las urnas. La propia Inés Arrimadas lo dijo en una de las entrevistas concedidas esta semana. Empleó el adjetivo «quemado» para referirse al proyecto. Habló de resucitarlo, de dotarlo de un nuevo catálogo de propuestas, pero también de poner su cargo a disposición de la militancia.

No está claro cómo se traducirá esa voluntad. No lo sabe siquiera la propia Arrimadas. Lo está estudiando el departamento jurídico del partido. ¿Primarias? ¿Congreso? ¿Asamblea extraordinaria?

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En cualquier caso, el objetivo pasa por una «refundación» –que todavía no se ha determinado– antes de las municipales. Entre el presente y el ciclo municipal, llegará la mano tendida del PP.

Tal y como reveló este diario, los de Feijóo están convencidos de que tanto ese votante liberal que está en la abstención como el que todavía confía en Ciudadanos configuran una bolsa nada desdeñable de escaños.

Son aquellos que confían en una política de impuestos bajos, pero que al mismo tiempo apuestan por regular el aborto o la eutanasia. Rivera llegó a construir con esa premisa un grupo de 57 diputados. Se aprovechó del «quien se quiera ir al partido liberal o conservador que se vaya», dicho por Rajoy en 2008.

La facción más liberal del PP, además, reitera que no se podrá lograr una gran mayoría si no es con el liberalismo dentro. Y ahí podría jugar un papel crucial Ciudadanos. Los dirigentes naranjas consultados por este diario reconocen que es muy tarde para pedir una fusión de iguales, pero no descartan el afianzamiento de una «corriente liberal» dentro del PP.

Con su propia idiosincrasia, órganos rectores y sistema organizativo. Al estilo Izquierda Socialista (PSOE) o Anticapitalistas (Podemos). Algunas de estas fuentes, en conversación con EL ESPAÑOL, apuntan algunos requisitos que considerarían indispensables para que la negociación prosperara.

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«Feijóo tendría que comprometerse por escrito a no negociar con Vox y a que no hubiera disciplina de voto en los llamados temas morales. Aborto, eutanasia, prostitución, cannabis, etcétera», relatan.

La ausencia de Teodoro García Egea –que empleó a Fran Hervías, exsecretario de Organización de Cs para absorber decenas y decenas de cargos territoriales para desmontar el aparato naranja– ha mejorado mucho las relaciones diplomáticas entre ambas formaciones.

Según la información manejada por este diario, el primer gesto que hará el PP será intentar mantener en el nuevo gobierno de la Junta a algunos de los liberales que formaron parte de la coalición andaluza. Después llegarían las conversaciones al más alto nivel, que nunca consistirían en fichar a traición, como ocurrió hasta la llegada de Feijóo.

Entre los dirigentes dispuestos a negociar la integración ya hay algunos que antes no la querían. Es decir: algunos que han leído el descalabro del 19-J como un aldabonazo en la conciencia. «La pregunta que deberemos hacernos cuando llegue el momento es si la integración es la única manera de que el liberalismo perviva en las instituciones», explica uno de ellos.

La alianza PP-Ciudadanos lleva siendo un titular a punto de escribirse desde hace más de dos años. Ha habido globos sonda y aproximaciones, nunca mejor dicho, de todos los colores. Primero fue García Egea quien corrió al registro para anotar la marca «España suma».

Eran días en los que Albert Rivera estaba muy fuerte y amenazaba con adelantar al PP en las generales. Fue el entonces presidente de Ciudadanos quien no quiso saber nada de pactos.

Más tarde, por ejemplo en Cataluña, fue Arrimadas, ya líder, la que pidió al PP una lista conjunta, pero Casado no quiso escuchar la oferta. En esos comicios les fue mal a los dos. Un dirigente de Ciudadanos cuenta a EL ESPAÑOL que aquel varapalo, victoria del PSC mediante, estuvo a punto de abrir una vía para la unión. «Pero Murcia lo voló todo por los aires».

No es que hubiera empezado una negociación, pero igual que ahora, el tema sonaba en los corrillos. Y sonaba entre quienes tenían mando en plaza. Fue entonces cuando Ciudadanos pactó con el PSOE una moción de censura al PP en la Región y el Ayuntamiento de Murcia. Casado se encontró con un regalo inesperado. Aquello supuso el principio del fin y, a partir de ahí, toda vez que se abrían las urnas, Ciudadanos se desmoronaba.

Casado nunca intentó una fusión por la base, una unión de proyectos. Quiso creer que el fichaje de los pesos pesados acabaría con su rival directo. Además de las maniobras de García Egea, él mismo ofreció a Arrimadas la portavocía en el Congreso. «¡Me lo ofreció todo!», contó la jerezana esta misma semana en Espejo Público.

Ahora, la dirección de Feijóo ha decidido emprender un camino diametralmente opuesto al de Casado: la integración negociada.

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