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Dispepsia: qué es este misterioso dolor de estómago y cuál es su origen

No lo entiendes, pero aparece. La dispepsia es un ingrato compañero de viaje para millones de personas en todo el mundo. No es sordo ni es mudo. Sin embargo, sus orígenes nos hacen casi pensar en un dolor de estómago casi ninja. Aparentemente invisibles, las causas de la dispepsia pueden volver loco al que la sufre, no sabiendo bien a qué atenerse.

Casi jugando al despiste, su aparición también nos hace pensar en otras patologías gastrointestinales. No faltan las formas en las que confundimos a la dispepsia funcional con otras enfermedades, algunas de ellas con un gran parecido. Sin embargo, de repente, los síntomas desaparecen y volvemos al estadio anterior, ajeno a los malestares.

Esta patología ‘fantasma’ se apaña para complicar la vida a públicos muy diversos, además de ser imprevistamente recurrente. Crónica y recurrente, pero también aguda, la dispepsia tiene ese carácter veleta que hace complicado su diagnóstico y complicado su control. Motivo por el que conviene intentar comprobar cuáles son las causas de la dispepsia y cómo aprender a distinguirla de otros malestares estomacales.

Qué es la dispepsia

Médicamente se la conoce como dispepsia funcional o, para distinguirla con facilidad, dispepsia no ulcerosa. Este nombre, evidente, le viene porque su sintomatología es muy similar a la que de las úlceras estomacales. De ellas ya te hablamos en THE OBJECTIVE, curiosamente, conviene comprender que no son lo mismo, ni por formación ni por resolución.

Una mujer con dispepsia
Las mujeres son más propensas a sufrir dispepsia. ©Freepik.

Lo cierto, aunque por desgracia no sea tan calculable, es que la dispepsia tiene orígenes indeterminados que no son fáciles de identificar. También conviene comprender que la dispepsia no debe ser tomada a la ligera. Su aparición recurrente nos debe poner sobre aviso, igual que la presencia aguda de sus síntomas no han de ser pasados por alto.

En términos médicos, la dispepsia es un dolor en la parte superior del hemiabdomen, lo que identificamos con boca del estómago. A veces, como indican desde MSD Manuals, puede ser descrita como «indigestión, gases, saciedad precoz, plenitud posprandial, dolor urente o ardor».

El problema de esta aparición también viene dado porque los síntomas se pueden solapar con otras patologías. Sin embargo, la resolución de otras enfermedades a veces no acaba con la dispepsia. Algo que puede pasar con la gastritis o la colelitiasis, así como determinados trastornos de la motilidad intestinal. Por tanto, para catalogar como dispepsia funcional se debe hacer un diagnóstico en un paciente sin otras anomalías, tanto en la exploración clínica como en endoscopia u otras evaluaciones.

Qué puede provocar la dispepsia

Parte de la incomodidad de la dispepsia viene dada porque no se pueden identificar sus causas de manera clara. Por eso, la dispepsia se considera un trastorno funcional. Resumido de manera somera, este tipo de trastornos son aquellos que no tienen explicación como enfermedad. Razón por la que los diagnósticos se evalúan en función de los síntomas, pues podría ser, como también explica Mayo Clinic, que «las pruebas diagnósticas de rutina no muestren problemas ni causas».

Eso no quiere decir que no haya factores de riesgo que predispongan a la dispepsia. Entre los más comunes se suele citar el género –las mujeres son más propensas– o el consumo de analgésicos de libre dispensación, como antiinflamatorios no esteroideos, como sucede con el ibuprofeno o el ácido acetilsalicílico.

El tabaquismo, el consumo de alcohol, así como determinadas patologías de la salud mental como la ansiedad o la depresión podrían influir. También el hecho de padecer la infección del Helicobacter pylori estaría relacionada en cierto modo con la dispepsia, pero hablamos en todo caso de factores de riesgo.

Cuáles son sus síntomas

Parte de la sintomatología es recurrente y no especialmente severa, aun siendo ingrata. El dolor de estómago, así como la acidez estomacal son habituales. También la sensación acrecentada de saciedad (como pasa en la gastritis) o la presencia de una hinchazón en el hemiabdomen superior. La aparición de gases también puede tener que ver con la dispepsia, así como las náuseas.

Sin embargo, hay realidades que nos deben poner sobre aviso si la dispepsia viene acompañada de ellas. En este caso, los profesionales recomiendan buscar atención médica si se presentan vómitos con sangre o heces oscuras. Estas, por cierto, se relacionan con la presencia de sangre en ellas. Si también la dispepsia cursa con episodios de taquicardias o disneas –falta de aire–, en casos de anorexia y pérdida de peso o en disfagia –dificultad para tragar– se debe contactar con el médico.

Sobre todo, como explica MSD Manuals, en los casos de episodios agudos que aparezcan con disnea, diaforesis o taquicardia. Lo avalan porque podría ser una isquemia coronaria. No obstante, las dispepsias suelen ser trastornos crónicos que se manifiestan con síntomas de tipo ulceroso –dolor y ardor–, de dismotilidad (la sensación de saciedad y plenitud, así como distensión abdominal) o los de reflujo, como la pirosis.