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Doble error de Ortega Smith

Hizo bien Ortega Smith en recordar las chekas. Pero sufrió un lapsus al adjudicar a las llamadas «trece rosas» el carácter de asesinas, torturadoras ¡y hasta violadoras! No se las sentenció a muerte por nada de eso, sino por una figura vaga de «solidaridad con el bando rojo y auxilio a la rebelión». Además, no tuvieron nada que ver con el asesinato de Gabaldón, pues estaban ya en la cárcel. Por lo tanto, la sentencia fue desmesurada y brutal, «terrible» como decía una explicación oficiosa de ella. Lo que habían hecho aquellas mujeres fue tratar de reconstruir el partido comunista, y al relacionarlas de forma implícita, pero irreal, con el asesinato de Gabaldón, se justificó la condena en la decisión de impedir que, apenas acabada la guerra, algunos quisieran volver a las andadas. Pero es la justificación de una evidente injusticia por lo desmedido de la sentencia.

A Ortega le faltó señalar algo fundamental, y es que la ley de memoria histórica y los nostálgicos de las chekas celebran como «defensores de la libertad y víctimas del franquismo» a los asesinos y torturadores chekistas y marxistas en general. Y en este caso a las «trece rosas» como mártires de la democracia. De la «democracia soviética» del GULAG y el genocidio, como hoy nadie puede ignorar. Podría haber señalado también que los chekistas torturaron, violaron y asesinaron a muchas más «rosas» sin juicio alguno.

El segundo error, más grave a mi juicio, fue decir que en la guerra «perdimos todos», como si hubiera sido cosa de cuatro locos que obligaron a los demás, según pretende el PP ahora. De acuerdo con eso, la victoria de Franco y los cuarenta años siguientes habrían sido absurdos. Pero en la guerra perdieron los que pretendían disgregar España, arrasar la cultura cristiana e imponer regímenes totalitarios de estilo soviético. Y ganamos casi todos los españoles, incluidos los que por engaños demagógicos defendieron al Frente Popular, se reintegraron y contribuyeron a reconstruir el país y mantener su idependencia. Un frente popular compuesto, debe recordarse siempre y casi nunca se hace, de marxistas totalitarios, racistas separatistas y golpistas. Esta gente destruyó la legalidad republicana y cualquier norma de convivencia en libertad, y con ello provocó la guerra, pensando en ganarla. La perdieron, y eso hemos salido ganando casi todos. La guerra tuvo ese sentido y en vez de lloriqueos ñoños como el de «perdimos todos» habría que destacar el valor y decisión de quienes se rebelaron, corriendo riesgos tremendos, contra la peor tiranía y la vencieron. Porque actualmente nos están volviendo a las mismas: cuarenta años después del franquismo, lo «combaten» unos miserables como cobertura para su ataque real a la democracia, a la ley, a la monarquía y, sí, también a la cultura cristiana, que la propia Iglesia parece empeñada en arruinar. Vivimos en tiempos de fraude y confusión generalizados, y por eso es más necesaria la labor aclaratoria.