Inicio Actualidad Dos mujeres al frente del Senado y el Congreso, 17 años después

Dos mujeres al frente del Senado y el Congreso, 17 años después

Han tenido que pasar 17 años para que al frente de las Cortes vuelvan a sentarse dos mujeres de manera simultánea, una en el Congreso y otra en el Senado, como principales representantes de toda la ciudadanía. Corría el año 2000, justo cuando los españoles cambiábamos las pesetas por los euros, cuando, por vez primera desde la Constitución de las Cortes, dos mujeres se convertían en las presidentas de la Cámara Alta y Baja. Tuvieron que pasar 23 años desde la Legislatura Constituyente para que una figura femenina se sentara en la tribuna presidencial de los dos hemiciclos.

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La séptima Legislatura se abría con el segundo gobierno de José María Aznar, y entonces era la popular Luisa Fernanda Rudi Úbeda, elegida por 329 votos a favor, como primera presidenta del Congreso de los Diputados, hasta la disolución de la Cámara en abril de 2004. A la par, en el Senado se alzaba, también por vez primera, la también popular Esperanza Aguirre, que renunciaría el cargo dos años después para desarrollar su carrera profesional en la Comunidad de Madrid, donde dos años después resultaría elegida como su presidenta.

El pasado martes en la constitución de la XIV legislatura, la mayoría de diputados y senadores decidieron que dos mujeres –en esta ocasión socialistas– volvieran a ocupar las presidencias de las Cortes españolas. Meritxell Batet volvió a hacerse con este cargo, que ocupó tras las elecciones del 28 de abril. Una situación muy diferente a la de Pilar Llop. La jurista desembarca en la presidencia del Senado por primera vez, después de que el PSOE decidiera cambiar la candidatura de Manuel Cruz, hasta hace pocos días, presidente, por la suya.

Llamada al diálogo leal y el respeto, fue el mensaje en el que insistió una y otra vez la presidenta del Congreso en su primera alocución a los nuevos diputados. Por su parte, la nueva presidenta del Senado hizo un alegato constructivo poniendo el acento en el necesario consenso en torno al Pacto de Estado contra la violencia de género. No en vano, Pilar Llop fue juez especializada en violencia machista y hará de la lucha contra esta lacra una de sus señas de identidad.

LA RAZÓN reúne a ambas para analizar cómo afrontan su presidencia que se produce en un contexto de fragmentación política, un bloqueo político aún sin desatascar a las espera de que fructifiquen las negociaciones y de un cada vez mayor hartazgo de la población respecto a la clase política.

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Ambas coinciden en subrayar que el hecho de que dos mujeres vuelvan a presidir sendas cámaras es un potente mensaje feminista y un escaparate para la igualdad. «El hecho de que haya dos mujeres al frente de dos de las mayores instituciones del Estado es un mensaje en sí mismo. Pero lo importante es que las políticas que se hagan desde las instituciones impulsen la igualdad real. Esa igualdad no se consigue solo con las leyes, pero sin ellas es imposible alcanzarla», asegura Meritxell Batet. «Lo que no se ve, no existe, ¿verdad? Desgraciadamente, las mujeres todavía tenemos que ganarnos los titulares de los medios y ser noticia cuando una mujer es nombrada para una alta responsabilidad institucional, ejecutiva o empresarial. Este es, precisamente, el camino que nos queda por recorrer como sociedad: el de normalizar la igualdad entre hombres y mujeres en todos los ámbitos sociales, laborales y personales. Esta es una lucha diaria y muy pedregosa porque nos encontramos con resistencias terriblemente fuertes», subraya Pilar Llop.

Mucho ha cambiado España en estos últimos 17 años, tanto desde el punto de vista político como social. Sobre las diferencias entre un momento y otro, Batet destaca que «el Congreso de los Diputados contó en la pasada legislatura con el mayor número de mujeres de la historia, hasta un 47% del total de parlamentarios fueron mujeres. Después de las elecciones del 10N lamentablemente esta proporción se ha reducido hasta el 43%, porque algunos partidos no tienen listas paritarias, cosa que evidentemente repercute en el cómputo total de diputados y diputadas. Así mismo, tres de los cuatro grupos mayoritarios de esta legislatura contarán con una mujer como portavoz. Creo que datos como estos marcan ya una diferencia respecto a hace años».

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Por su parte, la presidenta del Senado insiste en que «hace 17 años había en España un escenario bipartidista. Ahora hay 20 fuerzas políticas en el Senado y 23 en el Congreso, y por el medio hubo una crisis económica y una gestión de esa crisis que afectaron profundamente a la cohesión social y territorial de España. La gestión de esa complejidad es el gran reto de la política actual, pero esa pluralidad es el reflejo de la España que hoy somos, y eso es también nuestra riqueza. La clave es el respeto y el reconocimiento del otro, el diálogo entre diferentes. Eso sí, no se pueden normalizar discursos del odio que atenten contra los principios y valores democráticos y constitucionales».

Ambas presidentas coinciden en situar la lucha contra la violencia de género en el debate político. No en vano, cuando está a punto de terminar el año, las estadísticas dibujan una macabra realidad. Este año son 51 las mujeres asesinadas por sus parejas o ex parejas, 1.027 desde que se registran datos oficiales, en 2003. Desde ambas instituciones se comprometen a luchar contra esta lacra, pese a que algunas formaciones políticas tratan de invisibilizar este drama.

En este sentido, Batet recuerda todas las iniciativas que desde el Congreso se han puesto en marcha. En septiembre de 2017 se aprobó el Pacto de Estado contra la Violencia de Género, que fue ratificado también por el Senado. Incluye medidas en todos los ámbitos y contiene 214 medidas del Congreso de los Diputados y 267 medidas del Senado. Además, desde la Delegación del Gobierno para la Violencia de Género se ha elaborado un documento único que refunde las medidas en un total de 292. «Este pacto debe dotarse de los fondos suficientes para seguir avanzando en este terreno de lucha contra la violencia de género, una lacra que una sociedad avanzada como la nuestra no se puede permitir. Es cierto que hay formaciones políticas que niegan la existencia de la violencia de género, pero desde la Presidencia del Congreso lucharé con todas mis fuerzas y con los instrumentos que nos dan la ley y el Pacto de Estado para que cada día haya menos agresiones machistas y asesinatos a mujeres víctimas de la violencia de género», insiste.

Pilar Llop recuerda que «el BOE es el instrumento más potente para la igualdad entre hombres y mujeres. Desde el legislativo se han impulsado iniciativas para consolidar la igualdad de trato, la igualdad laboral para luchar contra la brecha salarial y para que la maternidad no nos penalice en el acceso al mercado laboral. No obstante, el corazón del gran cambio social y de mentalidad para combatir la violencia contra las mujeres y alcanzar la igualdad real es la educación. La igualdad debe comenzar en las aulas. Sobre todo ahora que escuchamos discursos negacionistas y que suponen un retroceso en los avances logrados con tanto esfuerzo por toda la sociedad».

El nuevo curso político arrancó la pasada semana. Batet se enfrenta a un Congreso de los Diputados atomizado, más fragmentado que en la legislatura fallida. La formación de Gobierno, por lo tanto, es lo más urgente a corto plazo para la presidenta del Congreso. «Lógicamente es la primera tarea pendiente, la más importante y la más urgente. Una vez que se forme gobierno, creo que hay además muchos asuntos en los que se puede mejorar el funcionamiento de la Cámara, en el desarrollo de sus funciones constitucionales, para legislar mejor y ejercer un más efectivo control de la acción de gobierno, dotando a la Cámara de más y mejores medios –creación efectiva de la iniciativa de Ciencia en el Parlamento o mejoras en la Oficina Presupuestaria– y también en todo lo que se refiere a mejorar la conciliación de todos los que trabajan aquí, racionalizando los horarios de trabajo y de las sesiones».

Por su parte, Llop asume la presidencia de la Cámara Alta con varios retos. «Visibilizar los intereses regionales, impulsar el diálogo entre las distintas fuerzas políticas y entre las distintas administraciones, así como impulsar un debate sosegado y profundo para poder dar una segunda vuelta a las leyes y mejorarlas».

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