Ecuador recibe a 4.200 venezolanos diarios por la crisis

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Varias personas caminan por el puente fronterizo «Simón Bolívar» entre Colombia y Venezuela

Varias personas caminan por el puente fronterizo «Simón Bolívar» entre Colombia y Venezuela

Pablo, 31 años, intenta contener sus lágrimas, pero su voz está entrecortada. La fuerza le viene de su pequeño hijo, Andrés, que abrazó su pierna mientras nos cuenta su drama. «Salí de Maracay por mi mujer y mi hijo, pero dejé a mi madre. Ella misma me dio valor, pero me duele porque era el día de su cumpleaños». La historia de Pablo se repite.
Los venezolanos se han visto forzados a dejar a sus familias, incluso a sus padres muchos de ellos ancianos y enfermos, por aventurarse junto a sus hijos a otras tierras donde puedan conseguir alimentos y medicinas.

La crisis económica despertó el éxodo de venezolanos hacia países vecinos que salen a través de la frontera con Colombia. Desde hace meses, miles de personas han llegado a Ecuador y el Gobierno de Lenín Moreno había manejado con discreción ese flujo migratorio. Sin embargo, ahora están desbordados. En promedio llegan al territorio ecuatoriano 4.200 venezolanos diarios, por lo que el Ejecutivo tuvo que declarar en estado de emergencia las provincias de Carchi, limítrofe con Colombia, Pichincha, cuya capital, Quito, es el punto de reunión de los migrantes y la provincia costera de El Oro, fronteriza con Perú.

El estado de emergencia durará todo agosto y su intención es desplegar ayuda médica y asistencia social dado a las condiciones en las que llegan los venezolanos, algunos después de caminar hasta un mes. También, participará la Policía para apoyar los procedimientos de inmigración. El reflejo de la crisis se nota en la terminal terrestre de Carcelén, donde cientos duermen a la intemperie en un clima que bien puede ser una noche estrellada o una pertinaz llovizna que hace que amanezcan mojados.

«En Venezuela no hay futuro. Lo que ganamos no alcanza para un pollo; aquí estamos, con mucho frío, pero nos mueve la ilusión de que podemos cambiar; quiero ir a Perú, allá llegó ya mi prima», dice Soledad. Mientras ella conversa se acerca Leonor; está conmovida, una familia quiteña llegó y le entregó un colchón, toallas, comida y el hijo que venía con ellos le entregó un pastel.

Las autoridades sanitarias de la terminal están inquietas. Han debido instalar baterías sanitarias adicionales. «Esto está colapsado», dice un agente de que custodia por allí. «Da pena mirar a niños temblando de frío; ellos vienen de lugares calientes y aquí se enferman», dice.

A un costado de la terminal uno grupo de niños juega ajeno al drama que viven sus padres; al contrario, están contentos porque muchas personas llegan con golosinas y juguetes. Mientras tanto, Katherine dice a ABC: «Cómo le digo a mi hija de cuatro años, que su abuela no pudo venir y que nosotros estamos aquí para buscarle un mejor porvenir; cómo le digo que no tenga hambre».

Un grupo de hombres más bien jóvenes conversan, comentan lo que pasa en Venezuela y creen que no hay salida rápida, mientras los militares sostengan a Maduro. Evitan decir algo de la postura de Ecuador de alentar una consulta popular. Uno de ellos se atreve y dice. «Absurdo, con las mismas autoridades controlando todo, para qué». Otro señala que le da miedo que la crisis humanitaria aumente y que la gente se muera en las calles. «No hay qué comer», señala y dice sentirse privilegiado por haber salido de Venezuela.

Según las cifras de Migración, en el primer semestre de 2018 han llegado a Ecuador unos 450.000 venezolanos; se calcula que unos 80.000 se han quedado en el país, los demás han ido a Perú y Chile. La declaratoria de emergencia ha activado la entrega de «kits de higiene» y ayuda alimentaria. Las autoridades coordinan con organizaciones humanitarias.