EE.UU. castiga a Rusia pese a Trump

Antes y después de las elecciones, Donald Trump proclamó su intención de mejorar las relaciones con Rusia y como presidente no ha dejado de dorar la píldora y colmar de atenciones al líder ruso, Vladímir Putin, como no había hecho antes ninguno de sus antecesores, pero muy a su pesar Estados Unidos va a mantener y ampliar las sanciones a Moscú, y Trump no va a poder levantarlas por su cuenta. El Congreso de Estados Unidos ha vuelto a desautorizar al presidente, y Trump no ha tenido más remedio que acatarlo.

Prácticamente a espaldas de la Casa Blanca, republicanos y demócratas de la Cámara de Representantes han llegado a un acuerdo para aprobar un proyecto de ley de sanciones contra Rusia por la supuesta injerencia de sus piratas informáticos en las elecciones estadounidenses y por su política expansiva y agresiva contra Ucrania. La ley incluye también sanciones contra Irán y contra Corea del Norte.

La legislación sancionadora contra Rusia es continuadora de la política desarrollada por la Administración Obama desde la invasión de Crimea y que se endureció considerablemente cuando las agencias de inteligencia confirmaron con varios informes la injerencia rusa en las elecciones. Bajo la presidencia de Obama, varios diplomáticos fueron expulsados y algunos edificios utilizados por la legación rusa fueron desalojados.

El Congreso aprobará una ley que endurece la presión a Moscú por la injerencia electoral

El nuevo proyecto de ley que la House aprobará el martes endurece las restricciones al crédito a empresas rusas y prohíbe asociaciones ruso-estadounidenses en el terreno de la defensa y la energía. Pero políticamente, lo más relevante es que impone al presidente la obligación de solicitar la autorización del Congreso para levantar o suavizar las sanciones a Moscú. Incluso un solo senador podría plantear una resolución de desaprobación si observa que la Administración inicia el proceso para levantar las sanciones.

“Aquellos que amenazan a Estados Unidos y nuestros intereses deben tomar nota: sus acciones tendrán consecuencias”, declaró el líder republicano de la Cámara, Kevin McCarthy. “Un Congreso casi unido está listo para enviar al presidente Putin un mensaje claro en nombre del pueblo estadounidense y nuestros aliados, y necesitamos que el presidente Trump nos ayude a entregar ese mensaje”, dijo el senador demócrata Ben Cardin.

Era una manera de advertir al presidente por si le asalta la tentación de utilizar su poder de veto, que de poco serviría, puesto que el consenso garantiza una mayoría prácticamente unánime, y el veto presidencial, con dos tercios del Senado, quedaría revocado. Además, en una época en que republicanos y demócratas han sido incapaces de pactar nada, un enfrentamiento del presidente con la unanimidad del Congreso no haría más que aumentar las sospechas sobre la supuesta connivencia de Trump con Putin.

El presidente quedará atado de pies y manos en su empeño de acercarse a Putin

Hay que tener en cuenta que la nueva legislación se justifica por la interferencia rusa en las elecciones que el Congreso afirma como un hecho contrastado por las agencias de inteligencia y sancionable, mientras que el presidente se ha negado repetidamente a aceptarlo.

La Casa Blanca guardó silencio veinticuatro horas sobre la iniciativa de los legisladores, pero ayer se rindió a la evidencia y anunció que el presidente daría el visto bueno a ley bipartita, aunque con mensajes contradictorios. Anthony Scaramucci, el nuevo jefe de comunicaciones, no supo qué responder cuando le preguntaron en la CNN: “Tienen que preguntar al presidente Trump… Es mi segundo o tercer día en el puesto. Supongo que va a tomar esa decisión en breve, pero el presidente aún no ha decidido si firmará o no”.

En cambio, la subordinada de Scaramucci, Sarah Huckabee Sanders, recién nombrada secretaria de prensa y portavoz, parecía llevar mejor aprendida la lección. “La Administración apoya la nueva legislación y fija las sanciones a Rusia tal como corresponde”. La portavoz se agarró ­como a un clavo ardiendo a las modificaciones introducidas durante las negociaciones entre los dos partidos para vender como una victoria un proyecto que ata de pies y manos al presidente. “El proyecto inicial –declaró Sanders a la cadena ABC– estaba mal ­escrito, pero pudimos trabajar con la Cámara de Representantes y el Senado, y la Administración ha quedado satisfecha con los cambios introducidos, por lo que apoyamos la ley tal como ha ­quedado”.

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