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EEUU y la UE se debaten entre forzar una negociación o recrudecer su guerra comercial

La resolución de la Organización Mundial de Comercio (OMC) sobre los subsidios estadounidense a Boeing esta semana se postula como un catalizador importante para las relaciones comerciales transatlánticas. Bien puede hacer cuajar las hasta ahora frustradas negociaciones entre Washington y Bruselas o, por el contrario, elevar el pulso arancelario a menos de tres semanas de la cita de los estadounidenses con las urnas.

Haciendo gala de su diplomacia, el comisario de Comercio de la UE, Valdis Dombrovskis, señaló en Twitter su intención de volver a interactuar de inmediato con Estados Unidos. «De lo contrario, nos veremos obligados a defender nuestros intereses y responder de manera proporcionada», dijo en referencia a la posibilidad de gravar productos estadounidenses por valor de 4.000 millones de dólares.

Su homólogo estadounidense, el representante comercial, Robert Lighthizer, fue mucho más incisivo. Ciertamente mostró su compromiso por buscar una solución a esta disputa pero recordó que la UE y sus estados miembros no han tomado las acciones necesarias para cumplir con un dictamen similar por los subsidios ofrecidos a Airbus.

«EEUU iniciará un nuevo proceso con la UE en un esfuerzo por llegar a un acuerdo que remedie la conducta que perjudicó a la industria de la aviación y a los trabajadores estadounidenses y garantice la igualdad de condiciones para las empresas estadounidenses», manifestó en un comunicado. Además, según su lógica, debido a que el estado de Washington derogó las desgravaciones fiscales a Boeing a principios de este año, «la UE no tiene una base válida para tomar represalias contra ningún producto estadounidense», sentenció el funcionario. 

Cabe recordar como el pasado agosto, la Oficina del Representante Comercial (USTR, por sus siglas en inglés) indicó que aunque la Comisión Europea anunció previamente enmiendas a los contratos de ayudas al lanzamiento del Airbus A350 XWB en Francia y España, dichas acciones «no implementan» las recomendaciones de la OMC para retirar las subvenciones recibidas por el gigante aeronáutico. 

?Es por ello que mantuvo los aranceles del 15% sobre las aeronaves de Airbus y del 25% sobre productos europeos por un valor total de 7.500 millones de dólares (6.390 millones de euros), con cambios «modestos» en la lista de bienes afectados.

?Aunque España se salvó de verse salpicado por estos cambios es cierto que, simplemente con la decisión de conservar el arancel del 25% que pesa sobre el aceite de oliva envasado y a la aceituna verde de origen español, nuestro país queda en una situación de desventaja competitiva a los olivareros españoles frente a otros productores europeos como Italia, Grecia y Portugal. 

Además, desde el pasado octubre, los vinos, excepto los espumosos, con una graduación alcohólica inferior o igual al 14% de volumen y en envases de dos litros o menos procedentes de España, Francia, Alemania y Reino Unido se han visto gravados con un arancel adicional del 25%.

Precisamente, el Comité Europeo de Empresas del Vino (CEEV), asociación a la que pertenece la Federación Española del Vino (FEV), junto a otras 17 organizaciones más de EEUU y la UE que representan al comercio minorista, la restauración, y a distribuidores y productores de vino, bebidas espirituosas y cerveza, dirigieron la semana pasada una carta a las autoridades norteamericanas y europeas instando a apostar por la negociación y alcanzar un acuerdo que permita eliminar los aranceles adicionales sobre dichos productos, lo que generaría crecimiento y empleo en ambos lados del Atlántico.

«EEUU se encuentra en una posición de ventaja, ya que su capacidad (para imponer aranceles bajo el dictamen de la OMC) casi duplica la de la UE, pero tampoco se deben despreciar los 4.000 millones de dólares (para Europa)», reconocía al Wall Street Journal, Bill Reinsch, asesor principal del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales en Washington. «Esta situación prepara el escenario para una negociación, pero todavía queda un largo camino por recorrer».

No va desencaminado. El pasado agosto, la UE y EEUU anunciaron sus primeras reducciones de aranceles negociadas en más de dos décadas, con la eliminación de los aranceles europeos sobre las importaciones de productos de langosta viva y congelada estadounidenses. A cambio, Washington redujo los gravámenes sobre una gama de productos europeos, incluidos cristalería y cerámica así como mecheros desechables.

Dicho esto, son pocas las probabilidades de lograr un acuerdo comercial de largo alcance dado que las elecciones presidenciales en EEUU se celebrarán el próximo 3 de noviembre. La estrategia de carrusel que emplea Washington permite cambiar los productos y países damnificados por estas represalias cada 180 días. Dado que la última revisión se produjo durante el verano, la Oficina del Representante Comercial (USTR, por sus siglas en inglés) podría darse por lo menos hasta los primeros compases de 2021 para negociar con la UE sin eliminar aranceles.

La «Tasa Google», otro punto de fricción

Tampoco hay que pasar por alto que otro ámbito de preocupación se extiende a las posibles represalias derivadas de los impuestos a los servicios digitales. Si EEUU y Europa no llegan a un acuerdo sobre este asunto, una nueva remesa de aranceles e impuestos comenzará a pesar sobre la anémica recuperación económica mundial.

La Administración Trump sostiene que este tipo de impuestos discriminan contra empresas tecnológicas estadounidenses como Google, Facebook y Apple. Washington ya inició en junio una investigación contra España, Italia, la Unión Europea, Reino Unido, Austria, Brasil, la República Checa, India, Indonesia y Turquía bajo el auspicio de la Sección 301 de la Ley de Comercio del país, que permitirá imponer aranceles como represalia a este tipo de gravámenes. 

?EEUU también ha aumentado la presión sobre Francia, que ya aprobó una fiscalización del 3% a los servicios digitales pero demoró su activación, con el anuncio de aranceles adicionales del 25% sobre importaciones galas valoradas en 1.300 millones de dólares. No obstante, al igual que París, el gobierno de Trump retrasó su implementación. De momento, hasta el próximo 6 de enero de 2021. 

«Será necesario resetear la relación transatlántica cualquiera que sea el resultado de las elecciones estadounidenses. Algunos de los aranceles y sanciones que ha impuesto Trump podrán sobrevivir incluso si no es reelegido», estima Emilie Giraud-Bel, experta del Atlantic Council.

De hecho, pese a que el nominado demócrata a la presidencia, Joe Biden, quiere acabar con «la guerra comercial artificial» entre EEUU y la UE para mejorar las relaciones transatlánticas, su asesor Tony Blinken, reconoció en un evento organizado recientemente por la Cámara de Comercio de EEUU que todavía existe un problema objetivo entre el comercio europeo y estadounidense. De esta forma se refirió al persistente desequilibrio en el comercio de productos agrícolas con la UE debido a las reglas, que según dijo, «nos impiden vender productos donde somos muy competitivos».

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