El acoso sexual en el trabajo apenas aflora en Catalunya: solo 19 denuncias este año

El escándalo provocado por el acoso sexual a numerosas actrices por parte del productor cinematográfico Harvey Weinstein ha sacudido los cimientos de Hollywood y ha servido para poner el foco en otros sectores profesionales menos glamurosos y más precarios. Las dificultades para que una mujer pueda demostrar estos hechos se traduce en que apenas existen denuncias y las que hay, a menudo, se vuelven en su contra. Los datos también escasean, aunque todo el mundo intuye que de este fenómeno tan solo emerge la punta del iceberg.

Las escasas denuncias interpuestas ante la Inspección de Trabajo de Catalunya, dependiente de la Conselleria de Treball de la Generalitat, demuestran que esta lacra es una realidad invisible. Durante este año, hasta mediados de octubre, han llegado a este organismo solo 19 casos, unos dos al mes. El año pasado fueron 10 y en el 2015 un total de nueve. Algunos colectivos achacan a la crisis económica el hecho de que haya pocas denuncias. “Se tarda más en explicar la situación por el miedo a perder el trabajo. La intuición es que hay muchos más casos”, apunta Mireia Mata, directora general de Igualdad de la Generalitat. Por eso, en el 2015 se hizo un protocolo para prevenir el acoso sexual en las empresas. “En las grandes esos casos los solventan los comités, por eso raramente llegan a juicio, pero nuestro reto es llegar a las pequeñas y medianas empresas”. Para allanar el camino realizan cursos de formación a las empresas para prevenir y detectar los hostigamientos sexuales. ¿Qué se entiende por acoso? Mata responde: “Cualquier actitud que suponga una vulneración de los derechos de la mujer”.

Texto Alternativo

Derecho al honor

Sindicatos, colectivos feministas y abogados tienen claro que cuanto más precario es el trabajo, más situaciones de acoso se producen y señalan con el dedo acusador a sectores como la hostelería, el trabajo doméstico y la atención domiciliaria. “Los trabajos precarios siempre son espacios donde se produce más acoso y se prolonga por más tiempo”, afirma Marta Padróssecretaria de Género del sindicato CGT. Sin embargo, de estas situaciones tampoco se libra el mundo universitario. “Directores de tesis o profesores presionan a las alumnas para que estas puedan publicar en una revista científica o investigar”, denuncian los sindicatos.

Los acosos “son abusos en las relaciones de poder”, señala Dolo Pulido, activista de Ca la Dona, espacio de encuentro de mujeres de Barcelona. “Es difícil demostrar los hechos y además el acosador para lavar su imagen acaba denunciando a quien denuncia o le amarga la vida”, afirma Pulido. En estas condiciones, ¿quién se atreve a denunciar?, se pregunta Pulido, y aconseja “ir con cuidado y consultar antes con un abogado, preferentemente feminista”, concluye. Núria Balada, presidenta del Institut Català de les Dones, cree, no obstante, que “hay una mayor tendencia a denunciar porque existe una mayor sensibilización. Hace 10 años nadie hablaba del tema”. El instituto y otros tres organismos han elaborado una encuesta cuyos resultados aún no se han hechos públicos, sobre violencia machista, donde  hay un apartado sobre abusos sexuales en el trabajo.

Miedo y bloqueo

Emma Gumbert, abogada y diputada de la Junta de Govern del Col·legi de l’Advocacia de Barcelona (ICAB), explica qué sucede tras el hostigamiento: “La afectada entra en una espiral, se siente culpable. El miedo la bloquea. La trabajadora acaba yéndose de la empresa, algunas lo denuncian, pero otras deciden olvidarse”. Una constatación de este hecho es que en su despacho apenas tramitan media docena de casos al año. “Esto es irrisorio porque todos conocemos a alguien que lo ha sufrido”, reconoce.

La situación la conoce de primera mano María Jesús Sereno, responsable de la Agrupación de Atención Domiciliaria de Comisiones Obreras, porque la afectada era una amiga. “Tenía mucho pecho y sustituyó en el trabajo a otra que apenas tenía. Lo primero que le dijo el señor al que iba a cuidar fue: ‘Menos mal que viene una mujer como debe ser'”, explica. Sereno da más detalles: “Tenía que abrocharse hasta el último botón de la blusa”, porque si no las miradas se perdían por el escote. “Siempre tenía que decirle ‘¡Míreme a la cara!'”. Las sustituciones de las trabajadoras del sector por casos de abuso “son habituales”.

La atención domiciliaria es uno de los sectores donde se detectan más casos, alrededor del 30%, según una encuesta “muy casera” de Comisiones Obreras, previa a la celebración de unas jornadas, para analizar cómo estaba el sector. El sondeo, según Sereno, lo contestaron unas 150 personas de los 4.000 trabajadores que hay en Catalunya. La última Encuesta Nacional de Condiciones de Trabajo, del 2015, realizada por el Ministerio de Empleo, en el apartado Conductas Violentas en el Trabajo cuantifica en el 0,4% el porcentaje de personas que han sufrido acoso sexual.

Además de los casos graves existen otros no menos hirientes como “miradas, comentarios, roces al descuido”, afirma Alba García, responsable de la secretaría de la Mujer de Comisiones Obreras, que lleva 31 años tratando estos temas. “Y me siguen impactando como el primer día”, aclara, y añade: “Hay que ponerle cifras porque lo que no se mide parece que no exista”. Suele ser sutil, “difícil de demostrar porque se hace a escondidas. Primero piensas que te has equivocado y que te has vuelto un poco paranoica. El acoso es muy perverso”, asegura García.

Protocolos universitarios contra una lacra invisible

La Facultad de Bellas Artes de la Universitat de Barcelona (UB) aprobó en el 2012 un protocolo contra el acoso sexual, el acoso por razón de sexo, por orientación sexual y por identidad de género. Este protocolo, según distintas fuentes, tuvo su origen en una queja presentada por alumnos de la facultad contra un grupo de profesores. 
    La queja, que se gestionó  solo a nivel académico, reclamación no llegó a tramitarse por la vía penal. Ahora los denunciados han acusado a los alumnos y a algunas personas que, «hicieron de canalizadoras» de las quejas, y les reclaman «una importante cantidad de dinero» en concepto de derecho al honor y a la propia imagen. El juicio se celebró el pasado mes de marzo y todavía está pendiente de salir la sentenciar.
    Además del elaborado por Bellas Artes, también tienen este tipo de código las facultades de Economía y Empresa, de Derecho y de Biología. Estos protocolos dieron lugar a otro general realizado en el 2014 por la Universitat de Barcelona que prevé sanciones de expulsión de los trabajadores y de los alumnos matriculados en sus facultades y centros adscritos.

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