El año que el PDeCAT vivió peligrosamente

Un partido y una sede nuevos, via crucis para registrar el nombre, bronca interna, primarias reñidas, sin un liderato claro pero con la presidencia de la Generalitat, escuchas de los socios, fundido en JxSí en el Parlament, un ERE, mal presagio de las encuestas, su presidente inhabilitado por el 9N y con el incómodo estigma de ser el heredero de CDC, un partido fagocitado por discurso político y por las sospechas judiciales de financiación ilegal incrementadas por el juicio del cas Palau.

A todo ello, por si fuera poco, hay que añadir un proceso soberanista que ha determinado la acción política en Catalunya. Esta ha sido la biografía del Partit Demòcrata Europeu Català que este 8 de julio cumplirá un año. Una formación que nació en un tenso congreso y que, como apunta uno de sus fundadores, “Murphy se ha cebado con él”. El año ha sido largo para el PDeCAT.

Consell Nacional de “culminación”

Este 8 de julio un consell nacional extraordinario en clave interna quiere “culminar” la construcción del partido. Un cónclave que quiere aprobar el Código ético, el reglamento de primarias y presentar los números de la transición. Además, la sombra del cese del ya exconseller Jordi Baiget y de la marcha de Germà Gordó también planeará en el auditorio Axa de Barcelona.

En cuanto al exconseller de Empresa i Ocupació, la decisión de Carles Puigdemont ha levantado ampollas en diversos sectores del partido que durante la semana han manifestado su malestar con la decisión con más o menos intensidad. Pero del congreso fundacional a Baiget ha llovido mucho. Para muchos demasiado, para otros ha faltado sol y para todos no ha habido suficientes paraguas.

¿Qué ocurrió aquel verano de 2016?

El nacimiento del nuevo partido no tuvo un parto fácil. El 8 de julio de 2016, viernes por la tarde, los asociados se sublevaron contra la dirección por las propuestas de dos nombres que hizo: Més Catalunya y Catalans Convergents. La presidenta de la Diputación de Barcelona, Mercè Conesa, abrió el fuego con su primera intervención y aquella primera jornada acabó como el Rosario de la Aurora.

Los dos días siguientes los asociados elaboraron las bases ideológicas, eligieron dos nombres para someterlos a votación y aprobaron un régimen de incompatibilidades hecho a medida por la JNC y el sector de Josep Rull. Un régimen que dejó heridas abiertas que sangraron con soltura meses después.

El via crucis del nombre

Después que las bases rechazaran el nombre, los ‘padres fundadores’ del nuevo partido se encerraron en una ponencia para recoger ideas y hacer una preselección. Llegaron a la final tres nombres: . Junts per Catalunya, Partit Nacional Català y Partit Demòcrata Català. Ganó este último pese que Artur Mas y Carles Puigdemont no lo votaron.

Pero no todo fue tan sencillo, una pugna con Demòcrates de Catalunya, -el spin off independentista de Unió integrada en JxSí con tres diputados- y las exigencias del Ministerio del Interior hicieron entrar en bucle su registro durante meses. Al final, un abogado de Vic logró el registro de PDeCAT, como Partit Demòcrata Europeu Català, con un acrónimo con la misma fonética que el primer nombre elegido por las bases.

Primarias controvertidas

El resultado del congreso abrió un proceso de primarias que hizo trizas el plan establecido. Jordi Turull retiró su candidatura y evitó así una carnicería interna, pero mantuvo la presidencia de JxSí. Ahora se ha convertido en uno de los rostros del partido en el territorio con un promedio de cinco charlas por semana. A pesar de la calma, las heridas del equipo de Turull todavía están latentes.

El sector de Germà Gordó también retiró su candidatura. El veterano dirigente de CDC, depuso las armas y se puso a las órdenes de Marta Pascal y David Bonvehí. Gordó sin embargo mantuvo, y mantiene pese a que ha roto el carnet, el sector Nova Convergència, la corriente más organizada dentro del partido y la única, junto a los liberales, con un corpus ideológico claro.

Quien sí se mantuvo en pie fue la candidatura de Reagrupament. El partido independentista se fraguó en el PDeCAT con una intensa actividad en el congreso fundacional. Plantó cara con Ignasi Planas a la cabeza, obtuvo un meritorio 12,2% de los votos que blanqueó la victoria incontestable de David Bonvehí y Marta Pascal. Los dos coordinadores que sólo tendrían por encima la copresidencia representativa de los conocidos M&M’s, Artur Mas y Neus Munté.

FOTO XAVIER GOMEZ 04072017 JUNTS PEL SI Y LA CUP, PRESENTAN LA PARTE LEGISLATIVA EN EL PARLAMENT, FOTO XAVIER GOMEZ 04072017 JUNTS PEL SI Y LA CUP, PRESENTAN LA PARTE LEGISLATIVA EN EL PARLAMENT, (Xavier Gómez)

Vila-Conesa/ Partido-Puigdemont

De las primarias posteriores al Congreso, hubo una elección más que interesante. Fueron los comicios a la presidencia del consell nacional que enfrentaron Santi Vila y Mercè Conesa. Fue una lucha sin cuartel. Vila era el candidato de Puigdemont y Conesa de los rullistas y cuadros territoriales más escorados a la izquierda. La riña fue intensa pero Puigdemont se apuntó un tanto negativo. Ganó Conesa y no hubo segunda vuelta porque Vila no quiso gastar más pólvora en salvas.

El tiempo le ha dado la razón. El favor de presentarse que en su día le pidió Puigdemont y que el entonces conseller de Cultura cumplió a pies juntillas ha sido recompensado al ser ungido por el president como su “amigo fiel” dentro del Govern y darle la cartera de Baiget.

A todos estos combates se añadieron la lucha territorial para los cuadros de las veguerías o las comarcales. En algunas, como Lleida o Baix Llobregat, la lucha fue dura y quedaron solapadas por la batalla en la cúpula.

Las incompatibilidades

La nueva dirección se puso en marcha. Pascal y Bonvehí configuraron los doce miembros, con equilibrio territorial y de confianza. Pero duró poco su alegría. Una estrategia bien planteada, con tintes de emboscada de Ho Chi Min, dejó confiar a la dirección que las bases pasarían por alto el régimen de incompatibilidades para 4 de sus doce miembros.

Un consell nacional acabó con el indulto. Montse Candini, alcaldesa, diputada y dirigente; Elsa Artadi, alto mando de Presidència y dirigente; Lluís Guinó y Albert Batet, alcaldes y diputados no fueron amnistiados y tuvieron que abandonar la dirección.

Pocos días antes, Neus Munté, renunció a la acta de diputada con sorpresa. Una decisión que presionó aún más a los cuatro incompatibles de la dirección. Guinó y Batet dejaron la dirección sin ruido y se integraron en el núcleo duro de mando de Junts pel Sí. De hecho, Guinó se ha convertido en una pieza clave del grupo parlamentario. El golpe fue contundente y un aviso a navegantes a Pascal y Bonvehí que no tenían bajo control el partido.

LLUIS GUINÓ. CONSELL NACIONAL DEL PDeCAT PARTIDO DEMOCRATICO DE CATALUÑA 18-03-17 INMA SAINZ DE BARANDA LLUIS GUINÓ. CONSELL NACIONAL DEL PDeCAT PARTIDO DEMOCRATICO DE CATALUÑA 18-03-17 INMA SAINZ DE BARANDA (Inma Sainz de Baranda)

JxSí o JxERC

Otro elemento más ha complicado la vida del PDeCAT, su papel difuminado en Junts pel Sí que ha dado aire a ERC. De hecho, muchos diputados se autodefinían de “británicos” porque no reciben consignas.

La incomunicación entre Govern, Parlament y partido ha chirriado durante algunos meses. A medida que el proceso ha avanzado, los diputados del PDeCAT han retomado la confianza y vuelven a enseñar, aunque de modo muy tímido, las orejas. A pesar de ello, hay disparidad de votos en cuestiones diversas pero hay que reconocer que el PDeCAT ha aprendido a pactar sus divergencias internas, incluso en cuestiones ideológicas.

Sin grupo en el Congreso y el portavoz inhabilitado

Otro de los episodios más tensos fue que el partido se quedó sin grupo parlamentario en el Congreso por una interpretación restrictiva del Reglamento. Sin duda, un golpe después que el grupo parlamentario con Francesc Homs a la cabeza quedara empañado por un supuesto acuerdo de votación a favor de los miembros de la Mesa a cambio del grupo.

Finalmente, el PDeCAT con ocho diputados se quedaba sin grupo. Una situación que se agravó después que Francesc Homs fuera inhabilitado como diputado al ser condenado por la organización del 9N. Pocos meses después el Tribunal Constitucional dio la razón al PDeCAT , pero en el Senado y les otorgó el derecho a tener grupo propio.

El portavoz de PDECat, Francesc Homs,en primer plano en Madrid. Foto Dani Duch El portavoz de PDECat, Francesc Homs,en primer plano en Madrid. Foto Dani Duch (Dani Duch)

Otro de los graves problemas internos del partido fue la negociación durantes medio año del Expediente de Regulación de Empleo (ERE).

La decisión, dirigida por Bonvehí y ejecutado por el gran fontanero del partido, Francesc Sànchez, acabó con un acuerdo para el despido de 31 trabajadores y una rebaja salarial de los trabajadores que continuarán en plantilla de la formación.

Francesc Sanchez, exresponsable de organizacion de Convergencia Democrática de Catalunya, CDC Francesc Sanchez, exresponsable de organizacion de Convergencia Democrática de Catalunya, CDC (César Rangel)

Escuchas, candidatos y alcaldables

En plena construcción del partido, Bonvehí celebra una comida con cuadros territoriales ante los que especula que deberían tener un candidato autonomista por si el proceso fracasa. En este caso apuntaba a Santi Vila.

La conversación fue grabada por dos ediles de ERC en Manresa. Una notícia que abrió una profundísima crisis en JxSí y en el Govern, y entre Vila y la dirección del partido. Finalmente la sangre no llegó al río pero el PDeCAT lo retiene en la memoria.

A pesar de las grabaciones, hay lío en el PDeCAT para con los candidatos y no sólo para el ayuntamiento de Barcelona. Con un Puigdemont que no quiere repetir, un Mas que asegura que ahora “vive más tranquilo” y la incerteza del proceso sólo empeora la situación, el PDeCAT tiene líderes pero no candidatos. Un fenómeno peligroso a la vista de las encuestas que dan por hecho hace tiempo el sorpasso de ERC.

Caso Palau, 3%, Gordó y las inhabilitaciones

El PDeCAT ha sufrido la acción jurisdiccional durante el último año por casos de financiación irregular y/o corrupción. La vista del caso Palau y las acusaciones de los principales autores o la instrucción del 3% no han caido en saco roto y han hecho mella en los cuadros dirigentes.

Buen ejemplo de ello fue la salida de Germà Gordó por imputarle en el caso del 3%. La salida del diputado hoy no adscrito provocó un terremoto en la dirección con el partido por la manera que tuvieron unos y otros de anunciarlo y de acordarlo.

A todo ello hay que añadir las inhabilitaciones de Francesc Homs, Artur Mas, Irene Rigau y Joana Ortega -quien ha participado en algún acto de campaña del partido-. El expresident de la Generalitat y copresidente del partido inhabilitado también ha constituido un tropezón en la configuración estratégica así como Rigau, un icono dentro del ‘convergentenismo’ histórico.

Baiget, la última crisis

La confesión del ya exconseller Baiget que temía por su patrimonio si continuaba adelante con decisiones para el 1-O ha sido la última crisis del partido. Puigdemont no tardó ni 24 horas en cesarlo sin consultar al partido. Una decisión que muchos cuadros interpretaron como un “golpe de estado” a la formación y otros como un golpe de autoridad que dio credibilidad al proceso.

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