El Barça, pesadilla blanca antes de Navidad

No hay número con más mística en el Barça que el 14. El dorsal de Johan Cruyff, por ejemplo, que seguramente siguió desde la televisión San Pedro el clásico del vermut. Y ahora también los puntos de ventaja en la clasificación sobre el eterno rival, un Real Madrid impotente en el Bernabeu, que vivió una nueva pesadilla antes de Navidad. El Barça sumó su tercer triunfo liguero seguido en Chamartín, donde la Liga se tiñó un poco más de azulgrana.

El equipo de Valverde logró por fin un triunfo de prestigio a domicilio, que le confirma como gran favorito a todo. Un equipo compacto que sabe muy bien a lo que juega y, sobre todo, ha aprendido a sufrir. El Madrid, en cambio, se vistió de Scrooge y fue visitado por todos sus fantasmas navideños. Atemorizado el Bernabeu siempre que Messi decide pisar su césped.

El Bernabeu tiembla cada vez que Messi pisa su césped

Compareció el Barcelona en Chamartín con el mal recuerdo de la Supercopa, pero los azulgranas han cambiado mucho desde entonces. No el Madrid, que mostró la misma ambición y las mismas ganas de agosto, pero se topó con un rival mucho más sólido, con las ideas claras y convencido de saber superar las adversidades, que fueron numerosas.

Las vías abiertas en la última visita azulgrana al Bernabeu no se han cerrado del todo. La altísima presión del Madrid hacía mucho daño al Barça, que no encontraba un fontanero para arreglar las cañerías. La pelota parecía un enemigo en lugar del fiel compañero que ha sido siempre. Quemaba.

Zidane, al que siguen acusando de carencias tácticas después de ganar dos Champions, hizo méritos para despojarse de ese sambenito y le ganó la partida a Valverde de goleada al inicio. Revolucionó su once el francés para dar cabida a Kovacic, sombra de Messi en la Supercopa, cuya misión esta vez fue tapar a Busquets, formando un eclipse total la fase de construcción azulgrana. Antes de la media hora, el croata se emparejó con Rakitic y Kroos se puso con el de Badia. Un trabajo muy estudiado que estaba dando sus frutos. No había ni rastro del Barça en Chamartín.

El dominio incontestable del Madrid no se traducía en demasiado congojo para la zaga azulgrana, muy serena y casi siempre bien posicionada. Como una fila de robles segura de no caer ni siquiera ante un huracán. Piqué se alzaba como un gigante ante cada centro, casi todos de Marcelo por la izquierda. Sergi Roberto pedía ayuda a gritos pero eco era toda la respuesta que recibía.

Zidane sorprendió a Valverde de inicio

El Barça necesitaba soluciones y sólo Paulinho, siempre en balones largos, parecía ofrecérselas. Keylor le sacó los dos únicos remates azulgranas a puerta antes del descanso. El brasileño intentaba desahogar el juego, descolgando la pelota, pero el ataque azulgrana estaba siempre en inferioridad, muy fino Ramos al corte. Al otro lado, Cristiano se topaba con el pie de Marc André Pérez de Vargas, en la ocasión blanca más clara. El palo se aliaba con el alemán ante el cabezazo de Benzema poco después.

Los azulgranas echaban de menos a Messi, que intentaba avistar tierra firme, pero parecía un náufrago, al que ni siquiera le quedaba un Wilson con el que charlar. La retaguardia blanca estaba siempre muy atenta al argentino. Pero esta obsesión por la Pulga acabó costando muy cara al Madrid. Rakitic lanzó una contra y Kovacic dudó, escogiendo quedarse con Messi, dejando un pasillo infinito al croata. Sergi Roberto le dobló y Luis Suárez remató a placer.

Luis Suárez marcó en el Bernabeu
Luis Suárez marcó en el Bernabeu (Oscar Del Pozo / AFP)

El uruguayo teñía la Navidad de azulgrana en un Bernabeu que no daba crédito. Cierto es que el Barça había mejorado tras el descanso, pero el dominio seguía siendo blanco. Recibían los locales su medicina predilecta. “El Madrid siempre te golpea cuando estás mejor”, había avisado Valverde en la previa. Dicho y hecho, pero con los papeles cambiados. Los indios con fusiles y el Séptimo de Caballería con flechas.

Pero el Barça no podía abrir el cava aún. Si giraba la cabeza, Bale, Isco y Asensio eran amenazas muy a tener en cuenta. Pero a Zidane no le dio tiempo siquiera de asustar. Suárez se topó con el palo y el remate de Paulinho lo sacó Carvajal al más puro estilo Yashin. Penalti y expulsión sin discusión, que Messi no desperdició. El Bernabeu es el jardín del argentino en Madrid, tan cómodo en su tapete como en el salón de Castelldefels. Quince goles así lo corroboran.

Bajó la cabeza el Madrid, derrotado antes de tiempo. Minutos finales en los que el Barça pudo hacer mucho daño, pero el punto de mira de André Gomes lo evitó. Eso sí, Aleix Vidal recogió otro regalo de Messi y redondeó el 0-3 final. El conjunto azulgrana resiste como el que más en época de necesidad, pero sabe atiborrarse como nadie en tiempos de bonanza.

Mucho carbón se acumuló en e coliseo blanco cuando Sánchez Martínez señaló el final. Las maletas del Barça, en cambio, volvieron a casa llenas de regalos. Papá Noel se puso la camiseta azulgrana y se volvió a casa con sus renos. La Liga empieza a encarar el puente aéreo. El campeón de invierno vive en Barcelona.

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