El Barcelona malgasta una bala

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No hay mayor satisfacción para los pericos que ganar al Barça. Si ese triunfo significa adelantarse en la eliminatoria de Copa y, además, acaba una racha victoriosa del vecino, supone el clímax de la felicidad. Y el españolismo se llevó un alegrón, que ya tocaba después de tantos sinsabores, que deberá ser refrendado el próximo jueves.

Han sido casi nueve años sin vencer al Barça. Desde el 21 de febrero del 2009, y en el mismísimo Camp Nou (1-2), el Espanyol había coleccionado 16 derrotas y 3 empates que acabaron con el primer triunfo de la historia en el RCDE Stadium. Un acontecimiento que los jugadores celebraron como si se tratara de un título, saliendo otra vez al césped tras el encuentro.

El Espanyol se encontró con un gol que no esperaba, ni tampoco buscó, igual que el Barça se llevó un disgusto que no se mereció pero que castigó una noche desacertada. El cuadro azulgrana malgastó una bala con el penalti que falló Messi, el tercero de los seis que ha lanzado esta temporada, y el gol de Melendo complicó, a tres minutos del final, la vuelta con un resultado peligroso. Eso fue lo peor. Más que la racha de 29 partidos invicto que exhibía el grupo de Valverde y que canceló el joven futbolista blanquiazul.

Aún queda tela por cortar y mucho tendrán que mejorar ambos conjuntos para avanzar a las semifinales. El Espanyol ya no necesitará chutar a portería (solo lo intentó Navarro de falta, seis minutos antes que Melendo) pero deberá proteger mejor la suya, y el Barça deberá disparar con la fe y el alma que le faltó porque no habrá un mañana.

Un derbi átono y plano, que discurría como si hubieran convenido en aplazarlo todo –el esfuerzo y el acierto- para la vuelta del jueves se activó con una chispa. Lo único que faltaba para que el reencuentro de los eternos rivales fuera como ha de ser: vigoroso y peleado. Esa chispa la prendió el penalti de Granero a Sergi Roberto, muy protestado por los españolistas, igual que casi todas las decisiones del árbitro.

Lo que cambió fue el ardor de los blanquiazules, indignados y excitados por igual. Primero con el juez, que antes había perdonado la expulsión de Aarón, y luego con el alivio de sobrevivir al penalti de Messi. Algo que tampoco es tan extraño porque el índice de fiabilidad del argentino es del 50%.

Ladillo

El Barça no obtuvo rédito del dominio total del partido que alcanzó cotas abusivas siendo el visitante. Los azulgranas se pasaron el balón con una facilidad casi insultante. La presión del Espanyol fue inefectiva: nunca hubo un jugador lo suficientemente cerca de un azulgrana para robarle el balón. Los locales se pasaron el partido corriendo detrás de la bola.

Se enfrentaron el equipo más defensivo de Quique, observaron los blanquiazules, contra el once más raro de Valverde, notaron los barcelonistas. De una forma un tanto extraña encararon los técnicos el primer duelo: el de casa no quiso arriesgar para aprovechar la ventaja de ser local en busca de un buen resultado para la vuelta y el otro no tuvo reparos en dar un vuelco a la alineación hasta configurar un galimatías que se aclaró en cuanto arrancó el partido.  Solo había un delantero (Messi) y una colección de centrocampistas que buscaron un hueco a codazos. Al genio le acompañó un defensa en el ataque. Aleix Vidal jugó de extremo derecho y Denis Suárez, por la izquierda.

Pese a la abundancia de mediocampistas, Valverde recuperó el 4-3-3. Pensó que en ese galimatías de alineación era necesario que los jugadores tuvieran la referencia de la posición que ocupaban. Todos bien colocaditos, siguiendo las instrucciones del manual y Messi, ejerciendo de amo plenipotenciario.

El astro brilló solo, sin ninguno de sus socios conocidos. Ni Alba ni Suárez estuvieron en el campo (tampoco Rakitic ni, por supuesto Ter Stegen por ser la Copa), y ese fue un lastre evidente para el Barça. Messi no oteó ni una vez a Digne para combinar como suele hacer con Alba –el lateral francés no se atrevió y delante suyo, además, tenía a Denis que le barraba el paso- , y tampoco encontró a Suárez delante para tirarle en profundidad.

Tampoco vio a nadie Gerard Moreno, náufrago abandonado a su suerte por los demás ante cuatro azulgranas para recoger, con suerte, algún pelotazo lejano, sin poder perfilarse nunca. Solo vio de cara a Cillessen cuando corría a presionarle y no para chutarle. Cuando entró Baptistao se ilusionó, creyendo que sería rescatado de aquella triste isla. Fueron dos náufragos entonces. Melendo, que pasaba por allí, les salvó.

La ficha

Espanyol,  1 – Barcelona, 0

Espanyol: Diego López (9); Navarro (7), O. Duarte (7), Naldo (6), Aaron (6); Darder (5), David López (6), Javi Fuego (5), Víctor S. (5), Granero (4); Gerard (6).

Técnico: Quique Sánchez Flores (5).

Cambios: Baptistao (6) por Darder (m. 46); Dídac (6) por Aaron (m. 57); Melendo (7) por J. Fuego (m. 74).

Barcelona: Cillessen (6); Sergi Roberto (6), Piqué (7), Vermaelen (7), Digne (6); Paulinho (5), Busquets (6), Aleñá (5); Aleix Vidal (6), Messi (6), Denis (4).

Técnico: Ernesto Valverde (6).

Cambios: Rakitic (5) por Paulinho (m. 52); Suárez (4) por Aleñá (m. 59); Rafinha (sc) por Denis (m. 77).

Goles: 1-0 (m. 87) Melendo, de tiro cruzado.

Árbitro: De Burgos Bengoetxea (4), vasco.

Tarjetas: Aarón (m. 42), Aleñá (m. 45), Alba (m. 54), Gerard (m. 61), Rakitic (m. 81), Víctor Sánchez (m. 85), Vermaelen (m. 83), David López(m. 89), Suárez (m. 89).

Estadio: RCDE Stadium.

Espectadores: 23.323.