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El bombardeo republicano sobre mujeres y niños que dejó 109 muertos en el pueblo de Carmen Calvo

Unos niños observan parte de la destrucción de Cabra, Córdoba, tras los bombardeos republicanos

CC.- La Guerra Civil había entrado en su último otoño, pero la noche es oscura y alberga horrores. El 7 de noviembre de 1938, a las 07.30 de la mañana, tres bombarderos republicanos de fabricación soviética arrojaron durante cinco minutos seis toneladas de bombas sobre la localidad de Cabra, en Córdoba, entonces bajo el control del llamado bando Nacional. El resultado fueron 109 muertos (entre ellos 14 niños) y más de 200 heridos, la mayoría jornaleros, en lo que algunos han calificado como el «Guernica» andaluz por lo gratuito del ataque.

En el 80 aniversario de la catástrofe, hay quienes piden a la vicepresidenta Carmen Calvo, nacida precisamente en Cabra, la misma consideración para todas las víctimas de la guerra, especialmente si sus paisanos, y que no siga obcecada en una «Ley de Memoria Histórica» que estudia el conflicto desde una visión excluyente. Los pocos historiadores que han estudiado a fondo el bombardeo a Cabra han calificado este episodio, sin medias tintas, como un crimen republicano contra población civil indefensa. Y es que la localidad cordobesa estaba muy lejos del que era, para entonces, el frente principal de la guerra: el Ebro. No era un objetivo militar o industrial y, de hecho, no murió ningún militar en el bombardeo. Solo gente humilde que había madrugado para ir al mercado.

El rastro italiano que nunca apareció

Los republicanos bombardearon durante varios minutos Cabra por los cuatro costados usando tres aviones Tupolev SB-2, un avión ligero bimotor que los republicanos apodaron Katiuska, que estaban pilotados por españoles. Los objetivos principales fueron el barrio de la Villa y la plaza del mercado de Abastos, donde los comerciantes y jornaleros se congregaban en masa a pesar de lo temprano de la hora. Una bomba de 200 kilos, la mayor de las portadas por estos aviones, sembró el horror en el lugar donde amas de casa, jornaleros y niños compraban bienes de primera necesidad.

Si bien dos semanas antes un bombardeo similar sobre Aguilar de la Frontera había dejado 43 muertos, nada anticipaba un ataque así a la localidad de Cabra, y menos con tal ensañamiento. Los lugareños no intentaron refugiarse, ni hubo reacción de los antiaéreos, pues pensaron que se trataba de una patrulla sobrevolando la zona. Los 109 muertos pagaron el precio de que, creían los informes republicanos, en aquella plaza andaluza se encontraba un campamento de soldados italianos mandados por Benito Mussolini para apoyar a Franco.

Al día de hoy no está identificado quien dio la orden de bombardear Cabra, y se desconoce si partió del Estado Mayor o de instancias superiores. Dentro del relato republicano, los pilotos confundieron las lonas del mercado con tiendas militares por una mala información suministrada por inteligencia. En el parte de operaciones de ese día, no dudaron en reconocer la ausencia de toda hostilidad en Cabra:

«A las 7,27 (hora republicana) despegaron tres B. K. para efectuar un servicio de reconocimiento y bombardeo de Cabra. Se batió el objetivo eficazmente observándose las explosiones en el centro del pueblo. Se obtuvieron fotografías del frente reconocido. No se observó caza enemiga ni se les hostilizó con fuego antiaéreo, tomando tierra todos los aparatos sin novedad»

Ojo por ojo

Más allá de la excusa de los italianos, lo más probable es que aquella tanda de bombardeos sobre Córdoba fueran parte de una maniobra de distracción en medio del derrumbe del frente del Ebro. Sin embargo, únicamente consiguieron encender la propaganda del otro bando y levantar aún más ánimo de venganza.

«A eso vinieron, a vengar esas derrotas del Ebro en este pueblo indefenso (…) una población tranquila, que no ha cometido más delito que ser española», dejó escrito el Estado Mayor de Franco. Entre las víctimas hubo un gran número de mujeres, ancianos y niños. Diez de ellos eran menores de 12 años, el más joven un bebé de solo 13 meses.

Solo a causa de la bomba que cayó sobre el mercado murieron 36 personas en el acto y otras 14 fallecieron en los días siguientes a consecuencia de las heridas.

Gonzalo Queipo de Llano, general jefe del Ejército del Sur, reclamó a Franco que respondiera con fuego al fuego en un teletipo enviado el mismo día 7 de noviembre: «Estimo por mi parte, Excmo Sr., que única forma que cesen estos bombardeos, que impunemente realiza el enemigo, sería efectuar varias fuertes acciones represalias sobre poblaciones de su retaguardia tales como Jaén, Torredonjimeno, Martos, Andújar, Pozoblanco, etc, en las cuales hay establecidos cuarteles generales, grandes unidades y tropas reserva, avisando al enemigo motivo tales bombardeos». En su libro «La guerra civil en Córdoba (1936-1939)», Francisco Moreno Gómez relaciona la llamada de venganza de Queipo de Llano con un bombardeo sobre Pozoblanco el día 15 de noviembre y otros de intensidad en el Valle de los Pedroches y en el sur de la provincia de Jaén, en fechas cercanas.

Ojo por ojo y todos ciegos. Al día siguiente del bombardeo de Cabra, el 8 de noviembre de 1938, otros 18 aviones de «La Gloriosa» (nombre que recibía la aviación republicana) bombardearon la aldea de Albendín y la localidad vecina de Luque ocasionando un total de cuatro víctimas. No fue el único ataque de los Katiuska a la retaguardia andaluza durante ese otoño: el 8 de noviembre visitaron Albendín y Luque y, a finales de diciembre, Martos. Aquellos ataques no pudieron ser también errores de observación, ni parte de los preparativos de la ofensiva Valsequillo, que fue una última carga republicana acontecida a principios de 1939, porque los objetivos apenas fueron militares. En el bombardeo a Peñarroya-Pueblonuevo el 28 de octubre la estación y el cerco industrial industrial quedaron intactos, mientras que la destrucción se concentró en un alto número de casas.

Cuando se cumplen 80 años de aquel bombardeo, el pueblo inaugura hoy una exposición fotográfica sobre el bombardeo con imágenes del archivo de la Biblioteca Nacional. Este sábado, además, el ayuntamiento local descubrirá un azulejo en la fachada del consistorio en recuerdo a los fallecidos y Antonio Arrabal Maíz, autor del libro «El bombardeo de Cabra: El Guernica de la Subbética», ofrecerá una charla sobre la tragedia.