El caddie que sosiega a Cabrera

Con la ayuda de Colin Byrne, el canario acaba de lograr el Open de Escocia:«Habla con convicción y sabe lo que dice»

Lo habitual es cambiar cuando las cosas no van bien. Sin embargo, hacerlo cuando se atraviesa por el mejor momento de una carrera no deja de sorprender. Eso pensó Colin Byrne, un caddie con una treintena de años en los circuitos cuando recibió la llamada de Rafa Cabrera, reciente ganador del Open de Escocia y aspirante al British que empieza este jueves. «A finales del año pasado yo necesitaba un cambio y coincidió que Rafa también lo buscaba –comenta el irlandés–. Cuando me dijo que lo que quería me di cuenta que lo que necesitaba realmente era una voz diferente a su lado, no tanto mejorar su juego que ya era muy bueno. Nos conocíamos desde hacía un montón de años y realmente pensamos que la cosa podía cuajar bien. Para mí también era atractivo volver a juntarme con un jugador de élite».

El hecho de que Byrne tuviera un Open USA en su haber (ganado junto a Retief Goosen en 2002) y de conocer perfectamente el PGATour fue lo que provocó esta nueva asociación. «Yo llevaba cinco años con Mike Batty a mi lado y nuestra relación era muy buena –confirma el golfista español– pero este año voy a combinar el circuitos americano con el europeo y para mí era importante contar con alguien que hubiese trabajado en los dos y que conociera todos los campos. Colin es un caddie consagrado, que ha llevado bolsas muy importantes y ha estado en todos los “majors”. En general suele hablar con mucha convicción y sabe lo que dice; estoy contento con él».

Precisamente a este alto nivel, lo que le puede ofrecer es más mental que técnico, como reconoce el veterano asistente. «Analizamos cada torneo y vemos qué tal le ha pegado a la bola, cómo ha pateado, chipeado, etc. y, por supuesto el aspecto psicológico. Eso es lo que distingue a estos jugadores. Yo me fijo mucho en su actuación mental durante las vueltas y en ese sentido es fantástico». Sobre todo, porque en Cabrera se ha encontrado con un diamante en bruto que aún tiene mucho por pulir. «Es un gran jugador, muy trabajador, impulsivo, no tiene miedo y quiere ganar y mejorar. Está en su mejor momento, con 33 años. Ha avanzado mucho, tiene muy claros sus objetivos y sabe aprender de sus errores. Por ejemplo, cuando le llegó el desánimo en el último US Open. En el tee del 14 le dije: «disfruta y pásalo bien los hoyos que quedan»; curiosamente, hizo birdie en cuatro de los cinco últimos hoyos. No quiero decir que los hiciera gracias a mí, pero sí que hay algunos momentos a lo largo de una temporada en los que viene bien que te den un empujoncito».

Silencios que hablan

En estos primeros meses de trabajo, ya han quedado bien sentadas las bases de la relación. «Para mí es más fácil decirle lo que yo necesito, cuándo tiene que decirme las cosas y saber cómo reacciono ante determinadas situaciones», indica el canario. Lo que respeta perfectamente su escudero. «Es cierto que Rafa no es muy hablador en el campo y a mí me gustaría que hubiera un poco más de diálogo, pero hay que respetar su forma de ser. Hay veces que si hablas demasiado irritas al jugador. Estar callado es bueno, pero hay que estar seguro de estar inmerso en un buen silencio y no en uno malo. Ahí es donde la experiencia te ayuda a distinguirlos», sentencia.

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