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El cava teme a 2021: ERTEs en las bodegas y ruina para lo…

Barcelona, 22 de noviembre de 2020 (06:55 CET)

Vinculado a la hostelería y a los grandes encuentros familiares, el sector del cava mira con temor a los próximos meses. La industria arrastra una caída del 10,5% en lo que va de año, sostenida por las ventas en los supermercados, pero augura que lo peor está por llegar si la campaña navideña no es buena: los viticultores tienen miedo de no vender uva y los trabajadores ya se preparan para nuevos ERTE.

En una conversación con Economía Digital, el presidente de la DO Cava, Javier Pagés, trata de despejar las dudas y aspira a que el porcentaje del descenso de ventas sea de un solo dígito a final de año. El dato llega viciado por el bajo rendimiento del mercado nacional, pues el internacional solo cayó un 7% hasta septiembre.

De hecho, fuentes internas de Freixenet señalan que las botellas destinadas a la exportación, aproximadamente el 80% del total, ya se repartieron con normalidad. El problema: en el mercado internacional no existen las devoluciones, por lo que hay miedo de que, si las restricciones en varios países europeos continuan, durante los primeros meses de 2021 no se pidan nuevas unidades.

En la primera mitad del año próximo es donde se centran los temores de los trabajadores. Desde el sindicato Comisiones Obreras (CCOO) auguran meses dificiles con la entrada de 2021, tradicionalmente un periodo de pocos ingresos para el sector, que concentra sus ventas en la segunda mitad del ejercicio.

Por ello, los representantes de los trabajadores avisan de que llegarán nuevos ERTE e incluso no descartan la figura del ERE.

En cambio, Pagés trata de mostrarse optimista y aspira a que la llegada de la vacuna a España revitalice el ánimo de los consumidores y levante la mayoría de restricciones vinculadas con la hostelería.

Sin embargo, ahora el cava debe centrarse en pelear contra otras bebidas en los lineales de los supermercados. Y allí el factor precio tiene un factor esencial; un camino que la DO trata de abandonar en busca de posicionarse como una bebida premium.

«Es cierto que el supermercado no ayuda; la experiencia que se vive en un restaurante es inigualable y nos sirve a nosotros para crear marca y posicionarnos como una bebida de gama alta; por suerte, internet nos ayuda», señala Pagés.

Pero más allá de en empresas y trabajadores, la industria del cava se sostiene sobre una tercera pata: la de los viticultores. Y si esta campaña ya se levantaron quejas por los bajos precios a los que compañías como Freixenet pagó la uva; para 2021 el miedo es incluso mayor: que, al tener las bodegas llenas, las cavistas no adquieran nuevas materias primas.

Desde la Asociación de Viticultores del Penedés se muestran críticos con la falta de apoyo del Gobierno y la Generalitat, a los que acusan de no haber pagado todavía las ayudas prometidas.

La DO asegura que tratará de ayudarlos, aunque si las cavistas no venden botellas, poco podrán hacer. «Las ayudas no son suficientes, pero trataremos de conseguir más y que estén mejor enfocadas», promete Pagés. «En la DO hablamos de estos temas y trasladamos al Gobierno nuestras opiniones para hacerlo mejor».