Inicio Actualidad El centroderecha deja KO a un Sánchez histérico y sin ideas

El centroderecha deja KO a un Sánchez histérico y sin ideas

El candidato Sánchez tenía un plan: representar la institucionalidad y el voto útil de la izquierda. Hasta físicamente buscó ocupar dicho papel situándose en el centro del escenario, mientras que Iglesias, no por casualidad, ocupaba un extremo. A sus lados tenía a Rivera y a Casado, a los cuales Sánchez señalaba a la vez, empleando ambas manos, como queriendo decir: “Tanto monta, monta tanto”. Quizás dicha estrategia pueda funcionar dentro del coto de la izquierda sociológica más recalcitrante –máxime cuando Iglesias estaba en el plató de cuerpo presente, pero no con el espíritu–; pero mirado desde una visión global, el plan de Sánchez no funcionó. Sus memorizadas frases de marketing político no lograron esconder una clamorosa falta de densidad conceptual, algo inaceptable para alguien que aspira a gobernar España durante cuatro años. En más de una ocasión el Presidente Sánchez pareció venirse abajo ante el acoso de los líderes del Partido Popular y de Ciudadanos. Sánchez siempre caía por dos frentes básicos: el futuro de la unidad nacional y el futuro de la economía. Eso sí, luego se reponía rápido con algún chascarrillo previamente memorizado.

Rivera fue el que más arriesgó. Lógico. Su formación avanza en racha ascendente, pero no aspira a ser el primero de ningún bloque, y él lo sabe. No busca ganar, sino ser decisivo maximizando su posición, y con el viento a favor se lanzó a la aventura. Tuvo éxito. Vimos a un Rivera calloso y ágil, contundente en sus argumentos, con enérgico desparpajo, sabiendo perder las formas pero con gracia, sin perderlas de todo. Una pega: su minuto de oro final fue un tanto cursi, más pensando para un público americano que europeo, pero en conjunto Rivera fue el claro ganador del debate.

La estrategia de Casado fue muy distinta. Navega sobre un enorme y viejo trasatlántico; robusto, pero lento, y con algún que otro serio boquete. Sin embargo, las corrientes de fondo del voto oculto, la opción de mal menor que el PP representa para mucha gente –más de la que parece–, y su posición nunca perdida de primera fuerza dentro de la Derecha; todos estos factores hacen que al líder del PP no le mereciera la pena arriesgar. Actuó en consecuencia, mostrando un perfil moderado y tranquilo, de inspirador de confianza. Las fuerzas del centroderecha refluyen hacia él, o al menos impulsan su barco, así que menor no menearse en exceso. No iba a ganar el debate –al fin y al cabo, es un momento coyuntural de la campaña–, sino mantener el rumbo sin encallar en ningún rápido.

En cuanto al líder podemita, vimos a un Pablo Iglesias falto de energía, pesado, muy reiterativo, tratando de justificar su distanciamiento del debate con genéricas llamas a la educación y al respeto (¡!), y recurriendo una y otra vez a su Constitución de bolsillo casi como único leiv motiv. Mala impresión la que generó Iglesias. Parece ser perfectamente consciente de que Podemos está en caída libre, y de pedir el CNI, TVE y tres o cuatro ministerios, ahora parece conformarse con alguna lucida Subsecretaría, al menos esto era lo que se deducía de su comunicación verbal y no verbal.

Mañana, más.